TEXTOS

Anterior
Volver al inicio
Siguiente


7 poemas de Alejandra Lerma, poeta colombiana



                                                            De Precisiones sobre la incerteza

                                                            II lugar Premio internacional de poesí­a Tomar Vargas Osorio, 2016

 

 

El silencio en nuestro verbo

 

Hemos nacido en silencio

el silencio en nuestro verbo

construimos el lenguaje por temor

y vamos tropezando tristemente

entre palabras

que hace mucho no nos dicen nada.

 

 

 

 

 

Mucho más que la vida

                                                            A Juan Manuel Roca, que me acompañó a pastorear demonios

 

Existo mucho más en mis poemas

que en mi vida

 

Cuando escribo pastoreo los demonios que me pueblan

dejo que se alimenten del agua de la noche

 

Hablo el idioma de mis fantasmas

los traduzco

para que sean amigos

 

Escucho con total claridad lo que dicen los muertos

y al verme sonreí­r abren los ojos

 

En mi poemas

desvanezco la angustia

construyo espejos para el alma

aprendo a ver de nuevo

 

Navego el llanto

naufrago en el centro de la calma

cambio lo turbio por viento

 

Cuando escribo detengo cualquier guerra

comprendo el odio

enaltezco lo terrible

perdono a Dios

 

Dejo que llueva por siglos

transformo mi sexo

ofrendo mi dolor a la luz

amo lo humano

 

Confieso todos los miedos

dejo que la bruma me circunde

abro mi pecho al sol

atravieso el pensamiento

 

hago que mi mundo sea otro

me conozco como nunca

vivo más allá de la vida.

 

 

 

 

Y si la Muerte

 

¿Y si la muerte no es más que ir vagando

arrastrado la imagen de este cuerpo

sintiendo las angustias

los dilemas

todo lo que en la vida nos dolió?

 

¿Y si la muerte no es más que sombra y rabia

un silencio feroz que nunca cesa

un estar todos juntos y distantes

sin podernos tocar sin abrazarnos?

 

¿Y si la muerte no es tan desconocida y se parece al rostro de mi madre cuando llora?

Y si la muerte no va a volvernos sabios

ni apacibles

ni locuaces

seguiremos cargando la misma estupidez

el odio

la amargura

Si ese paisaje hermoso

poblado de vestidos blancos

no existe más que en cuentos

¿qué haremos de la muerte, dónde la encontraremos, cómo esperar por ella?

¿Y si la muerte es lo mismo que la vida?

 

 

 

 

Retrato de mi abuela

 

Mi abuela vive en lo oscuro

pasa horas infinitas mirando al techo

dice que le duele el dolor

arrastra sus temblores junto a la silla de ruedas

a veces se olvida de su nombre

 

Sus manos se agitan al comer

recuerdo que una vez me alimentó

que me limpió la boca

y me enseñó palabras

todo lo hizo muy firme

estuvo viva para que yo viviera

 

No soy buena cuidándola

me asusta su tristeza

 

Temo envejecer con tanta angustia

mirarme en un reflejo

verme como ella

preguntarme dónde están mis hijos

y no poder llorar de la vergí¼enza

 

Marina

nunca ha visto el mar

siempre evitó los viajes y el amor

se fue quedando muda

cansada de escucharse

entre la soledad de las pastillas

 

La miro desde lejos

como a una extraña

se mece entre sus dedos la camándula

el olor de lo que muere la corroe

 

No comprendo la inclinación de la balanza

quién le ofrendó su peso

cuándo vendrán por ella

dónde guardaron

bajo llave

su alegrí­a.

 

 

 

 

Lo único importante es elegir si me quedo

cualquier otra decisión se hace pequeña, tonta

 

Debo medir el peso entre las manos

quedarme con las noches de profunda luz

o cerrar las cortinas para siempre

 

Debo elegir

si amar

o perpetuarme en un recuerdo

vago, transitorio

como toda memoria

 

Quedarme y asumir la lluvia

no quejarme de los zapatos huecos

agradecer el agua

 

Lo único importante es elegir si me quedo

si me abrazo a mi cuerpo

y me contengo a mí­ misma

como un dique

 

Si no me dejo caer

o miro desde el suelo

como crece la hierba

y tal vez sonrí­o

 

Debo leer las cartas sin los párpados cerrados

sin los dedos tan filosos

y la lengua tan herida

 

Debo elegir

cuántos dolores aún me caben

cuántos necesitan desalojo

 

Cubrir los espejos

mirarme a oscuras

como mira la muerte

 

Debo elegir

pero no quiero

no me viene en gana

decidir mi destino

jugar a que soy dios y me doy vida

jugar a que soy dios y me la quito.

 

 

 

 

A propósito de Wislawa

 

Leo a Wislawa en una panaderí­a sucia

el olor a pan recalentado y agrio se adhiere al mantel de plástico

intento que mi libro no se manche

que no se entere del lugar inapropiado al que lo llevo

 

Pienso que Cali está muy lejos de Polonia

lejos de la nieve y la guerra

 

Aquí­ también hay sangre

muerte como moscas

pero los cuerpos caen entre el verano

sin término

que padecemos

y celebramos

 

Polonia no existe

esta más allá de cualquier imaginación de provincia

en las escuelas públicas el profesor de historia siempre se enferma

nadie reconoce continentes

los salones se pueblan de revistas pornográficas

oí­dos atentos al timbre de salida

 

Wislawa tampoco sabe que yo existo

que transito sus letras como aferrada a un paraguas

bajo el agua estruendosa

que me llevo sus poemas a la cama

desayuno sus trenes fúnebres

meriendo su filosofí­a extraña

su claro pensamiento nocturno

su obsesión con la vida que se muere

 

No tiene por qué saber de mi existencia

tan pequeña y lejana

tan débil y luminosa

como cualquier luciérnaga

 

Le pido perdón en la distancia

por maltratar sus hojas

por leerlas en cualquier sitio

a cualquier hora

y no en una ceremonia celeste

como merece su tinta

 

Ya sabrá comprender ella y su ojo agudo

que en este pobre lugar no existe ni Polonia

ni tiempo para leer un gran poema

como es debido.

 

 

 

 

Hemos tardado mucho en construirnos

 

Hemos tardado mucho en construirnos

los derrumbes, por el contrario, son instantáneos

 

Siglos sobre eternidades para que existan las ciudades

años de resistencia para dar forma al amor

y sólo se requiere un pequeño segundo

menos

una milésima

y todo habrá acabado

 

No valdrán oraciones

ni llantos hondos

la esperanza es un traje raí­do

 

Quedaremos igual que en el principio

desnudos

sangrantes

desposeí­dos de todo

creyendo que el vací­o es la carga más pesada de llevar.

 

 

 

Vea también: Cinco poemas de Margarita Mejí­a


Noticia Biográfica


Alejandra Lerma, 1991. Comunicadora Social y Periodista de la Universidad del Valle, Cali, Colombia. Sus poemas han sido publicados en una Antologí­a individual: El Lenguaje de mi alma (2008) y en obras colectivas como la Revista Fundación Plenilunio, la revista Clave, la Antologí­a Poética Amores Urbanos (2011)  la Antologí­a Trébol de cuatro hojas ( 2014) y Oscuridad en luz Alta ( 2015). Ha participado en diferentes espacios de lectura de poesí­a a nivel nacional. A nivel internacional fue invitada al encuentro de mujeres poetas en Oaxaca, México, a lecturas de poesí­a en Ecuador  y al encuentro La poesí­a se eleva en Tacabamba, Perú.



Articulos relacionados