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Poemas de Doctor Kafka de Juan Gustavo Cobo Borda



Doctor Kafka

 

III

 

K. sentado en su escritorio

se levanta y mira por la ventana:

Praga.

 

Sin embargo la superficie

de su mesa de trabajo

está recubierta de recortes

sobre moda o religiones,

literatura judí­a,

manifiestos anarquistas,

o fragmentos sobre un tal K,

no Kafka, o Joseph K.

 

Un agrimensor y un condenado

a la espera del juicio.

 

El proceso será dilatado,

con aplazamientos y subterfugios

inexplicables.

 

La vida no es acaso la postergación

por cuarenta y un años

de un encuentro inevitable.

 

De un manuscrito,

ya ilegible.

 

 

 

 

XI

 

Acumula pruebas contra sí­ mismo

para el tribunal que ya

lo ha condenado de antemano

 

Por ello entrega momentos

de indecisa cobardí­a

y lamentables episodios

de doblez y falsedad.

 

Pero no hay nada que hacer:

al engañar ha vivido engañado.

 

Al vislumbrar el paraí­so

lo pierde, mientras un tesoro próximo

se ensucia, ante otro,

que en verdad no vale mayor cosa.

 

 

 

 

Doce dí­as

 

Sólo restan doce dí­as

para conocernos,

para que el pasado,

al parecer inconmensurable,

se convierta en una ofrenda más.

 

Hay que dar todo, con premura,

para comprobar que no hemos dado nada.

 

Que es necesario crecer

y reiventarnos

para estar a la altura

de ese otro,

tan próximo y tan ignorado.

 

 

 

 

El exilio interno

 

La boca cosida para no maldecir

ni al sargento ni al caballista.

Con poncho y zurriago,

terneras mamonas

y ferias con olor a boñiga.

 

A esto estamos reducidos,

a la insignificante parcela

de un paí­s a trasmano

sin ví­as, puertos o túneles de fuga.

Cárcle cómoda y ya establecida

donde todos nos conocemos

y hacemos favores mutuos

sin riesgo alguno.

Indignos pero satisfechos al fin

con nuestra abulia

que lima con suavidad los dí­as

y entrega obras endebles pero resignadas,

exactos reflejos de nosotros mismos.

 

Afuera, el mundo í­ntegro.

 

 

 

 

Contrato de prestación de servicios

 

Acepto ser musa.

El poeta, por su parte, se compromete

a exaltar la reposad amadurez de mi belleza.

(Cuanto mira lo desvirtúa).

EL haber sobrevivido por medio siglo

entre crisis de desaliento

y euforias un tanto histéricas

me hacen estar presta

para las responsabilidades del cargo.

Me alegra recibir el homenaje imperecedero

de la palabra

(tan falaz, tan efí­mera, tan ruin).

¿Qué tengo para ofrecer a cambio?

El juego perpetuo de atracción y rechazo.

De rigor y libertinaje.

Cuanto anhelo es que me respeten

hasta que yo misma conceda

que me irrespeten en el desafuero,

la impudicia y la dulce exaltación.

Habrá, claro está, dí­as libres

y vacaciones pagadas.

 

 

 

 

La palabra es la casa del ser

 

En la cada vez más despoblada

casa de la poesí­a

sólo subsisten ausencias.

Deberí­a comenzar por el Torreón del Renegado

en Chillán, Chile,

donde Gonzalo Rojas,

subido a un árbol,

hace gimnasia.

Su teléfono: (42) 211 900.

 

Pero no necesito ir tan lejos.

Marco en vano el 62 30 702

de Fernando Charry Lara.

Me pregunto si en su apartamento

(quinto piso)

subisten las cartas de Aleixandre,

Cernuda, Guillén, Salinas

y aquel libro de Cardoza y Aragón sobre pintura.

 

Qué casa tan frí­a,

desvencijada y llena de costuras

y el techo horadado por la lluvia

es ahora la casa de la poesí­a.

 

En San Simón 62, Colonia Portales,

los infinitos gatos

de Carlos Monsiváis

se deslizan imperturbables

ante el timbre del 52 39 47 62.

Sus pelusas aún afectan la traquea

del propietario

mientras el polvo se acumula

sobre periódicos y revistas,

discos y afiches

y pelí­culas de Tintán y Tongolele.

 

Esas casas ya sólo subsisten

en deshilachados sueños

nos abren sus puertas

para recorrer bibliotecas, admirar pinturas,

revivir si acaso un fuego extinto.

 

El abarrotado estudio de André Bréton,

en la rue Fontaine,

donde vivió de 1922 hasta su muerte en 1966,

con sus Chiricos y los Mirós.

Las máscaras de la isla de Pascua

y la Columbia Británica,

y los libros con las dedicatorias de Apollinaire,

ahora está í­ntegro

dentro de una gran caja de vidrio

en el Museo Pompidou.

(Debe ser otra broma de Marcel Duchamp).

 

O el apartamento de Charcas y Maipú

donde imperaban las enciclopedias

y el Shorter Oxford.

En una papelera

se acumulan los tubos

con los doctorados honoris causa

otorgados por todas las universidades de todo el mundo.

 

¿Podemos edificar de nuevo la casa de la poesí­a

si la estufa no prende,

los calentadores oxidados expelen un agua turbia

y los vestidos, en el clóset, se apolillan=

 

¿Quién abrirá de nuevo los libros

(tantas ediciones de Nerval que coleccionaba Neruda)

para levantar, una vez más, la casa de la poesí­a?

 

 

 

 

Vea también: Ocho poemas para recordar a Guillermo Martí­nez.


Noticia Biográfica


Juan Gustavo Cobo Borda (Bogotá 1948). Poeta y ensayista. Fue director durante una década (1973-1984) de la revista ECO de Bogotá. Ha ocupado cargos diplomáticos en Buenos Aires, Madrid, y ha sido embajador en Grecia.

En 1985 el Fondo de Cultura Económica de México publicó su polémica Antologí­a de la poesí­a hispanoamericana. Entre sus libros de ensayos se destacan Para llegar a Garcí­a Márquez (1997) ya traducido al francés, y Borges Enamorado (1999).

Desde 1974, cuando publicó su primer libro de poemas, Consejos para sobrevivir, ha mantenido una continuidad creativa reflejada en tí­tulos como Todos los poetas son santos (México, Fondo de Cultura, 1987). Dibujos hechos al azar de lugares que cruzaron mis ojos (Caracas, Monte Avila Editores, 1991), y La musa inclemente (Barcelona, Tusquets Editores 2001).

Entre 1975 y 1982 en el Instituto Colombiano de Cultura, fue editor de las colecciones del Instituto que alcanzaron ciento sesenta tí­tulos, preparando y prologando algunos de ellos como los dedicados a la revista Mito y a las obras de Luis Tejada, Hernando Téllez, Jorge Zalamea y Aurelio Arturo.

Miembro de número de la Académica Colombiana de La Lengua, desde 1993, y correspondiente de la Espaí±ola, ha participado en la nueva edición del Diccionario de La Lengua Espaí±ola. Como él mismo lo dice: “Otra forma de escribir poesí­a”.

Entre abril de 1996 y diciembre de 1997, como asesor cultural de la presidencia de la República, fue el editor de los cuarenta tí­tulos de la Biblioteca Familiar Colombiana.

Ha sido jurado tres veces del premio Juan Rulfo, de Guadalajara, México. Del Rómulo Gallegos (Caracas), del Reina Sofí­a de poesí­a iberoamericana (Madrid) y del Neustad, Universidad de Oklahoma, U.S.A.

Sus libros sobre artistas colombianos han sido pioneros en su género: Juan Antonio Roda (1976), Alejandro Obregón (1985), Juan Cárdenas (1991) y Sofí­a Urrutia (2001). En el 2002 Villegas Editores reunió sus ensayos sobre 15 pintores colombianos con el tí­tulo de Mis Pintores. Desde su primer libro de ensayos, La Alegrí­a de Leer (1976) ha prestado especial interés a la literatura brasileí±a y ha escrito sobre Machado de Assis, Joí£o Cabral de Melo Neto, Nélida Pií±ón, Clarice Lispector y Rubem Fonseca.

Ha sido editor del volumen colectivo Historia de las empresas editoriales de América Latina -Siglo XX – (Bogotá, Cerlalc 2000). Y con selección y prólogo suyo el Fondo de Cultura de México editó su antologí­a: Premio Juan Rulfo una década (2002). Escribió, asi mismo, el texto del catálogo de Fernando Botero correspondiente a su exposición en Venecia en el 2003.

En el 2003 Villegas Editores ha publicado la tercer edición, corregida y aumentada de su Historia de la Poesí­a Colombiana -Siglo XX, de José Asunción Silva a Raul Gómez Jattin.

Entre las últimas publicaciones de Cobo Borda se destacan una amplia seleccion de sus ensayos con el tí­tulo de Lector Impenitente publicó el Fondo de Cultura Económica de México en 2004, y su paralelo entre Garcí­a Marquez y Alvaro Mutiz titulado Lecturas Convergentes (Bogotá, Taurus, 2006, 366 páginas). También el 2006 Panamericana Editorial de Bogotá publicó su monografí­a sobre el pintor Fernando Botero dentro de su serie 100 personajes 100 autores. Y en el 2007 Editorial Norma publico su amplia compilación El Arte de Leer a Garcí­a Marquez con trabajos de Koetzee, Updike, Burgess, Perry, Anderson, Monsivais y Juan Bosch entre otros



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