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Tres poemas de Ana Marí­a Enciso



Tu nombre

un murmullo,

no es tu nombre.

En la noche oscura

me he rendido

y te he nombrado

para llamarte.

Pero el nombre

sólo es niebla,

un manto

para intentar mirarte de soslayo.

 

 

 

 

                                                            Al que ya no duele

 

Un hilo rojo se ondula en el vací­o

que nos encuentra a los dos.

Hecho éter intento plegarte

y llevarte de nuevo a tu hogar.

Tu casa es la nada que me habita,

no el mundo burdo de afuera.

En ella resuenan los ecos del mundo que caminas.

Un mundo hueco y roto,

de objetos vací­os como Dios,

sin medio ni modo,

sin fin ni fondo.

En tu casa de músicas calladas,

sin luz ni sombra,

vací­a de agua y aire,

vací­a de ti,

recorres la nada que me habita

vací­a como Dios,

sin medio ni modo,

sin fin ni fondo.

En tu ausencia me igualo a Él.

 

 

 

 

                                                            A Melissa

 

Hay formas del horror que sólo encuentran su nombre luego, mucho después

de que la luz por la que se proyectaban

se ha ido.

Una sombra se cierne sobre la voluntad sorprendida,

inactiva, congelada.

Una voluntad ausente.

El tiempo detenido,

el silencio distorsionado por la neblina espesa,

la luz rajada por el zumbido de la estática.

Se deambula en el extrañamiento,

en el rechazo de un cuerpo desconocido,

enajenado de sí­ mismo.

La creación se entrega generosa a una mirada extraviada

que contempla el aparecer de las tristezas

en la superficie turbia del mundo.

La sombra del horror espera agazapada

a ser nombrada.

 

 

 

 

Vea también: una entrevista a José Manuel Arango.


Noticia Biográfica


Ana Marí­a Enciso Noguera (1991) es literata la Javeriana e hizo un Master en Estudios comparados de literatura, arte y pensamiento en la Universitat Pompeu Fabra. Es editora y periodista de la revista Artificio www.revistaartificio.com.



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