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Mercedes de Acosta: ocho poemas de "Imposeída"



Mercedes de Acosta (1893-1968), estadounidense de padre cubano y madre española, es aún, como escritora, una desconocida para el público hispanohablante, porque su poesía, su prosa y su teatro —escritos originalmente en inglés— son prácticamente inexistentes en español y suelen ser opacados por su biografía amorosa —la autora fue amante de una constelación de relevantes artistas, tales como Eva Le Gallienne, Isadora Duncan, Greta Garbo y Marlene Dietrich. Imposeída (46 poemas) constituye la primera compilación y traducción al español de un conjunto significativo de sus tres poemarios publicados en vida y, adicionalmente, cuenta con un breve pero sustancioso ensayo acerca de la poesía de la autora preparado por Jesús J. Barquet y Carlota Caulfield. Entre temas íntimos y sociales, Mercedes de Acosta plasmó en Moods (1919, Mudanzas), Archways of Life (1921, Arcos de vida) y Streets and Shadows (1922, Calles y sombras) la experiencia urbana y homoafectiva de una época turbulenta y transgresora. A continuación presentamos una selección realizada por Otro páramo de ocho poemas de la autora traducidos por Jesús J. Barquet, Carlota Caulfield y Joaquín Badajoz.

 

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                                                            De Calles y sombras (Streets and Shadows, 1922)

 

Canción de la quinta avenida

 

Una vía larga y estrecha

Dibujada como una hebra a través del corazón

De la ciudad.

Avenida de ricos, de pobres—

Que vibra de color—

Que oscila con la humanidad

Que le marca el compás al pulso de la Vida,

Sofocada por la presión de la Vida,

Aplastada—pisoteada con fuerza

Por desbordantes flujos de Vida.

 

¡Quinta Avenida!

Escribiré tu canción con repiqueteo y estruendo,

Con estrépito de pisadas,

Ruido interminable, infinito.

Escribiré tu canción con dolor—alegría,

Con nacimiento—muerte,

Con creación—destrucción,

Con belleza y fealdad.

Cantaré tu canción a pesar de las tradiciones,

Indiferente a toda tradición.

Cantaré tu canción a pesar de las tradiciones,

Indiferente a toda tradición.

Cantaré tu canción de razas, de credos

Disueltos en uno—

Cantaré tu canción

Con risa—ironía—desesperación.

Mi música vendrá de todas las épocas

Y a todas ellas alcanzará—

Así como tú has venido de todas las épocas,

De todos los pueblos;

Y con la esbeltez de tu cuerpo

Y la magia de tu voluntad

Has marcado a todos ellos.

 

Washington Square—

Arco blanco que se eleva como el fantasma

De difuntos de antaño;

Recuerdo de flores fragantes—encajes antiguos—

Cascabeleo de campanas y muchas huellas

De belleza, amor y sueños.

Ahora solo un arco, pero una cruz brilla

Sobre un viejo edificio marrón.

Washington Square—

Símbolo del Pasado,

Genitor de la hebra larga y estrecha

Hilada desde tu corazón.

Involúcrate ahora

Y atiende de cerca a las aceras y a los años.

 

Mira el cansado estrépito

De los sudorosos trabajadores cuando salen a almorzar;

Mira cómo se desalojan edificios

Donde una vez hubo hogares;

Suecos, armenios, eslavos llegan a caudales

Y absorbiendo el aire por una breve hora,

Se mezclan con la multitud entre el mal olor y sudores.

En una esquina se abre una flor

Que lleva en una cesta un italiano

Empujado rudamente por un policía irlandés

Que llama a todos “un puñado de judíos apestosos”.

Entonces, más arriba, yo canto—

Más allá de tiendas fabulosas—fabulosos bancos,

Ropas de todo tipo—

Zapatos, vestidos, abrigos, corsés,

Judíos, gentiles en apretujado enjambre

Se abren paso al cruzar la Avenida.

Y sobre todos ondea la bandera.

¡En tiendas con nombres franceses, alemanes, italianos

Cuelga la Gran Bandera Americana!

 

La calle 42—

Como un extraño animal mecánico

Que abre su enorme mandíbula

Y al sonido de un agudo silbato

Escupe con fuerza grandes masas de Vida.

Millones de gentes se precipitan sobre

La columna vertebral de la Avenida

Y llaman al sistema “civilización”.

Mientras que empinados edificios surgen

Amenazadoramente hacia lo alto,

Donde una vez hubo esbeltos árboles primigenios

Y cantos de pájaros llenando el aire

En lugar de silbatos de policía.

Pero he dicho que cantaré tu belleza también;

Por lo que recuerdo aquí también tu magia

A la hora del crepúsculo,

Tus edificios blancos como el alado vuelo de los pájaros,

El parpadeo de tus miles de ventanas

Como estrellas de la noche.

Y de día,

Los destellos del sol sobre tu rostro;

Colores deslumbrantes—motores—verdes autobuses—

La Vida—la vida en su camino

Hacia la muerte. Pasa un entierro,

Un pobre pide limosna, un niño ríe a carcajadas,

Pero como hormigas sobre los altos céspedes,

Siguen su camino, nadie les presta atención.

 

Entonces, las iglesias—todos los credos—

(Escoge uno),

Todas las agujas de campanario apuntan al cielo,

Todas tratan en vano

De mostrarnos el paraíso.

Mientras en la calle los pordioseros

Se reúnen sin hogar.

Entonces, las mansiones copiadas de tierras foráneas:

Chateaux franceses, palacios italianos,

Mientras  dentro de grandes planchas de vidrio

Las pinturas de los viejos maestros miran hacia afuera,

Solemnemente contemplan el nuevo mundo.

Entonces, más arriba, más casas de ricos,

Mansiones de banqueros judíos—políticos adinerados,

Todos abarrotados de oro y de comida,

Mientras sentados al otro lado del parque se encuentran

Viejos mendigos desgastados, exhaustos

De andar hambrientos.

Más arriba, desde el hospital Monte Sinaí

El cloroformo inunda la brisa,

Y en el parque, desde los árboles,

El perfume de las flores.

Entonces, más lejos aún, “El Barrio de los Negros”,

Caras negras y mulatas

Se asoman a las ventanas y se apiñan en las calles.

 

De esta forma, la larga y estrecha hebra

Se estira—se estira—se dobla

Y finalmente termina.

 

La Quinta Avenida termina y con ella mi canto;

Pero sobre su pavimento la sangre de la Vida

Continúa fluyendo.

 

***

 

Song of Fifth Avenue

 

A long thin way

Drawn like a thread through the heart of the

city.

Avenue of rich, of poor—

Vibrating with color—

Swaying with humanity

Beating time with the pulse of Life,

Suffocated by the pressure of Life,

Crushed—trampled upon by streaming flows of

Life.

 

Fifth Avenue!

I will write your song in clatter and din,

With tramping of feet,

Endless, ceaseless noise.

I will write your song in sorrow—joy,

In birth—death,

In creation—destruction,

In beauty and ugliness.

I will sing your song in spite of tradition,

Careless of tradition.

I will sing your song of creeds, of races

Dissolved in one—

I will sing your song

In laughter—irony—despair.

My music will come of all time,

Reach all time—

As you have come of all time,

Of all people;

And with the slenderness of your body.

The magic of your will—

Have touched all people.

 

Washington Square—

White arch rising like the ghost of people long

since dead;

Memory of fragrant flowers—old laces—

Sleigh bells and many traces

Of beauty, love and dreams.

Now only an arch, but a cross gleams

On an old brown building.

Washington Square—

Symbol of the Past,

Conceiver of the long thin thread

Spun from out your heart.

Now then take your part,

Following up the blocks and years.

 

Watch the weary tramp

Of sweat workers out for lunch;

The emptying of buildings where homes once

stood;

Swedes, Armenians, Slavs come pouring forth,

Merging in the crowd midst stink and sweat,

Sucking in the air for one short hour.

On the corner blooms a flower

Carried in a basket by an Italian

Pushed roughly by an Irish cop,

Who calls them all

“A bunch of stinking Yids.”

Then further up I sing—

Past great shops—great banks,

Clothes of all description—

Shoes, dresses, cloaks, stays,

Jews, Gentiles press their ways

Swarming cross the Avenue.

And over all swings the flag.

From shops with French, German, Italian

names

Hangs the Great American Flag!

 

Forty-second street—

Like a strange automatic animal

Opening wide his jaws,

And to the tune of a sharp whistle

Spitting forth great masses of Life.

Millions of people rushing over the spine of

the Avenue

Calling the system “civilization.”

While high up loom tall buildings,

Where slender primeval trees once stood,

Bird songs filling the air instead of policemen’s

whistles.

But I have said I would sing of your beauty,

too;

So I remember your magic at twilight,

White buildings like winged birds flight,

Flashing thousands of window eyes

Like stars at night.

And the radiance of the sun

Across your face by day;

Dazzling colors—motors—green buses—

Life—life on its way

To death. A funeral passes,

A pauper begs, a child laughs out,

But like ants in long tall grasses.

They pass their way, no one heeding them.

 

Then churches—all creeds—

(Take your choice)

All spires point to the sky

All vainly try

To show us heaven.

While on the street

The beggars meet

And have no homes.

Then rich houses copied from foreign land;

French Chateaux, Italian palaces,

While within great plates of glass stand

Old master paintings looking out,

Gazing solemnly on the new world.

Then further up more rich houses.

Homes of Jew bankers—rich politicians,

All with too much food and gold,

While sitting opposite in the park are old

Worn out bums, tired of being hungry.

Further up Mount Sinai Hospital,

Chloroform fills the breeze

While in the park from the trees

The scent of flowers.

Then further still “Nigger Town,”

Black faces and brown

Hang from windows and crowd the streets.

 

So the long thin thread stretches—

Stretches—bends

Then ends.

 

Fifth Avenue ends and so my song;

But over its pavements the blood of Life

Is flowing on!

 

 

 

 

Insaciable

 

No le temo al amor

ni a sus consecuencias.

Sólo temo que, al conocer el amor,

yo continúe insaciable

y mi alma anhele aún algo mayor.

 

***

 

Insatiate

 

I am not afraid of love—

Nor am I afraid of its consequences.

Only am I afraid that in meeting love

I may remain insatiate—

And the spirit still long for something greater.

 

 

 

 

Entierro

 

Está pasando un entierro.

En el féretro

Yace el cuerpo de un hombre o de una mujer—

Ahora no importa el sexo—

Pues el alma comprensiva y sin sexo

Ha cogido su rumbo.

O quizá se encuentre entre nosotros

Y esté mirando al hombre que se quita el sombrero

Y con gran reverencia inclina la cabeza.

 

***

 

Funeral Procession

 

A funeral is passing.

In the coffin

Lies the body of a man or woman—

The sex does not matter now—

Since the soul understanding and sexless

Has gone its way.

Or perhaps it is in our midst—

And watching the man who lifts his hat

And bows his head so reverently.

 

 

 

 

La fe perdida

 

Vacío está el confesionario.

Desgastado —suavizado—

en colores antiguos y gloriosos está el mármol

en el que se ha arrodillado el penitente.

A paso lento me acerco y admiro

el lugar en que también yo una vez me arrodillé.

Y con reverente cercanía

yo, que ya no creo,

me inclino y beso el mármol

adonde aquellos que todavía creen

vendrán a arrodillarse.

 

***

 

Lost Faith

 

The confessional is empty,

Worn—mellowed—

In glorious old colors

Is the marble where the penitent has knelt.

Slowly I approach and marvel

At the place where I too once knelt.

Then reverently approaching—

(I—who no longer believe)

Bend and kiss the marble

Where those who still believe

Will come and kneel.

 

 

 

 

                                                            De Arcos de vida (Archways of Life, 1921)

 

Manos sucias

 

Tras irse todos,

era siempre tan maravilloso sentarme contigo

en el teatro a oscuras.

Había un misterio en ello,

como si el eco de muchas obras

perdurara todavía entre los pliegues del telón,

mientras fantasmales figuras se acurrucaban

en las lunetas y con manos vaporosas

hacían sonar los reprimidos aplausos.

¿Recuerdas cómo nos sentábamos siempre en silencio?

Yo cerraba los ojos para sentir tu cercanía más cerca.

Entonces, como un ritual, lentamente

yo tomaba tu mano

y tú reías un poco y me decías:

“Tengo las manos terriblemente pegajosas”, o

“No logro mantener limpias las manos en este teatro”,

como si eso importara… como si eso importara…

 

***

 

Soiled Hands

 

After everyone had left,

It was always so wonderful sitting in the dark theatre with you.

There was a mystery about it.

As though the echo of many plays

Still lingered in the folds of the curtain,

While phantom figures crouched low in the chairs.

Beating suppressed applause with vapor hands.

Do you remember how we always sat silently?

I would shut my eyes to feel your closeness nearer.

Then slowly and like a ritual

I would take your hand,

And you would laugh a little and say,

“My hands are awfully sticky” —or

“I can’t seem to keep my hands clean in this theatre,”

As if that mattered … as if that mattered. . . .

 

 

 

 

Palabras

 

Palabras, palabras.

¿Por qué estás siempre usándolas como espadas?

Y si tienes que hacerlo,

¿acaso no puedes usar algo más que palabras?

¿Te acuerdas de anoche?

Hablamos tan atolondradamente

—de nuevo las palabras,

y entonces más palabras—.

Parecía todo una enmarañada red de palabras.

Tú tratabas de convencerme de algo

(sólo Dios sabe)

y yo, de responder con inteligencia

al defender mi opinión.

Pero repentinamente, de alguna forma,

nuestras palabras significaron muy poco;

entonces, te inclinaste

y tu rodilla tocó la mía

y después de eso mis pensamientos se empañaron

y nuestras palabras no significaron nada.

 

***

 

Words

 

Words—words—

Why are you forever fencing?

And if you must fence

Cannot you use something else

Besides words!

Do you remember the last night?

We talked so madly —

Words again

And then more words.

It all seemed a tangled net of words.

You were trying to convince me of something

(God knows what)

And I was trying to answer intelligently

And keep my end up.

But somehow and suddenly

Our words meant so little;

Then you leaned forward

And your knee touched mine

And after that my thoughts blurred

And our words meant nothing.

 

 

 

 

Walt Whitman

 

Me atrevería a decir que eres un superhombre.

Esparciría estas palabras por el mundo

y desafiaría a quien se atreviera a cuestionarlas.

Me saciaría con tu arte.

Pondría a un lado el talento de muchos

por el don de esos pocos

que tú has tocado.

En tu mando llevas una antorcha de luz;

en tu ser, un mensaje;

en tus ojos, una profética

visión clara y brillante.

Hay poder en tu aplomo,

y magia en tu ritmo, avance y espera.

Al beber de tu grandeza,

yo misma soy grande.

 

***

 

Walt Whitman

 

I would dare say that you are a superman.

Would fling the words out to the world

And dare him who dares to question it.

I would satiate myself with the art of you;

Would fling aside the talent of the many,

For the gift of the few

Whom you have touched.

In your hands you hold a torch of light,

A message in your being.

While in your eyes —

Far seeing vision clear and bright.

There is power in your poise,

And magic

In your rhythm, advance and wait.

Drinking in your greatness,

I, myself, am great.

 

 

 

 

                                                            De Mudanzas (Moods [prose poems], 1919)

 

Sentimientos heridos

 

¿Por supuesto que recuerdas aquel día en tu estudio

en que actué de forma tan extraña?

¡Subíamos felices las escaleras, riendo y prometiéndonos

que pasaríamos juntas el día más maravillosos

de nuestras vidas!

 

“El día de los días”, lo nombraste.

 

Recuerdas que tropecé y derramé el té

y los paquetes de azúcar, y a ti se te cayó el pastel

al intentar sostenerme —y nos sentamos

en uno de los peldaños a reír sin parar

como si fuera la cosa más divertida del mundo?

 

Y luego en el corredor no me dejaste abrir la puerta

hasta besarme las manos.

 

Pero tan pronto como entramos en el estudio,

fue como si algo se rompiera dentro de mí, mudé

totalmente de ánimo y dejé de reír.

Puse los paquetes sobre la mesa

y me quedé en silencio.

 

Creíste, por supuesto,

que tenía una de mis antiguas jaquecas,

y buscaste esa absurda agua de colonia

para dolores de cabeza

—que nunca alivia en lo más mínimo—

e insististe en rociármela.

 

Y trataste de hacerme reír de nuevo y me besaste

el cuello pero, a pesar de que lucías

como una niña herida,

me puse a mirar por la ventana

y cuando me preguntaste qué pasaba,

simplemente respondí: “Nada”.

 

Entonces, ante todas tus desesperadas súplicas,

abandoné el estudio

escaleras abajo hacia la calle…

 

Ahora me arrepiento de lo que hice, y aunque

nunca quise decirte el motivo, ahora —que todo luce

tan trivial— pienso que debo hacerlo:

 

¿Recuerdas que paré de reír en el instante

en que abriste la puerta?

Fue porque de inmediato vi

en un rincón sombrío

la pequeña planta que te regalé,

desfallecida y muerta.

 

***

 

Hurt Feelings

 

You remember of course the day I acted so queerly in your studio?

How happy we were going up the stairs, and how we laughed and vowed it would be the most wonderful

day we had ever spent!

 

“The day of days,” you called it.

 

And do you remember how I tripped and dropped the tea and sugar packages, and you dropped the cake in

an effort to steady me—and how we sat down on the

steps and laughed and laughed as though it was the

funniest thing in the whole wide world?

 

And then in the corridor you would not let me open

the door until you had kissed my hands.

 

But as soon as we were in the studio something seemed to snap within me, my mood changed entirely

and I ceased to laugh; I put the packages on the table

and was very quiet.

 

Of course you thought I had one of my old-time headaches, and you took out that absurd headache cologne—which never does the slightest bit of good—

and insisted upon spraying it over me.

 

And you tried to make me laugh again and kissed my

neck, but in spite of the fact that you looked like an injured little child, I stood looking out of the window and, when you asked me what was the matter, I merely replied “nothing.”

 

Then in the face of all your desperate entreaties I left the studio, and went down the stairs out into

the street. . . .

 

I am sorry now I did it and, although I

never meant to tell you the reason—now,

because it all seems so trivial, I think

I shall:

 

Do you remember how I stopped laughing the

instant you opened the door?

That was because I noticed at once the

little plant I gave you was placed in a

dark corner, withered and dead.


Noticia Biográfica


Mercedes de Acosta (1893-1968), estadounidense de padre cubano y madre española, fue una poeta, dramaturga y diseñadora de ropa. Su relevante obra suele ser opacada por su biografía amorosa —la autora fue amante de una constelación de relevantes artistas, tales como Eva Le Gallienne, Isadora Duncan, Greta Garbo y Marlene Dietrich. Escribió los poemarios Moods (1919, Mudanzas), Archways of Life (1921, Arcos de vida) y Streets and Shadows (1922, Calles y sombras) donde plasmó la experiencia urbana y homoafectiva de una época turbulenta y transgresora.



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