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Enrique Winter, poeta chileno



Como lo muestra esta selección cronológica de su obra, Enrique Winter es un poeta versátil que puede cambiar de registros y escribir poemas cortos, de imágenes precisas, y poemas de verso largo, donde la sonoridad del español brilla dichosa, donde llega a decir, por ejemplo: “la sal pica pimienta y la salpica”. Igualmente, en ocasiones le interesa jugar con la disposición de las palabras en la página y en otras crea juegos entre forma y contenido como las palabras partidas de su poema “Muñoz” que son fragmentadas por un guión y, una línea más abajo, son completadas por una nueva palabra que las concluye pero que también les agrega un nuevo sentido: así, la palabra “pareci-” es completada por “dos” una línea más abajo, pero en el nuevo verso “dos” no solo completa la palabra “parecidos” sino que también es el número: “dos pasajes de ida”. Así mismo, en su libro Guía de despacho los poemas van acompañados con cifras que asemejan el número de referencia de los productos de una tienda; así, también usa la forma en el título para entablar un diálogo y una crítica con el mundo comercial en el que vivimos. A pesar de la variedad señalada y la riqueza que esta supone hay una constante que vale la pena señalar en la poesía de este autor: Winter propone imágenes novedosas que se alejan del lugar común de las palabras clásicamente poéticas (silencio, grieta, noche, etc.) y que proponen relaciones y analogías con el mundo actual. No son imágenes estridentes que traen la realidad contemporánea a martillazos; por el contrario, tratan de construir relaciones complejas, a veces críticas e irónicas pero también estéticas: son imágenes que intentan proponer un acercamiento poético desde este siglo y este momento. Dice así, por ejemplo, “Un sol rojo en la playa, píxel en el ojo / de una foto digital que no debimos sacarnos”.

 

A continuación encontrarán dos poemas de Atar las naves, dos de Rascacielos, tres de Guía de despacho y cuatro de Lengua de señas, cuyos últimos poemas son primicia. Al ubicar estos dos últimos textos uno junto al otro, encontramos un recorrido imaginario por el río Hudson que en la vida real se puede hacer con un tren que se toma en la Grand Central Terminal en Nueva York. Es un tren que bordea el río y que nos lleva primero al museo de arte contemporáneo Dia en Beacon (donde el poeta escribió “Músculo músico del ojo tiene”) y, más adelante, si se tiene la fortuna como la tuvo este poeta chileno, a la casa del gran poeta John Ashbery en Hudson (donde Winter escribió “Here Is What It Is”, primero en inglés, en el marco de unos talleres de poesía dictados en la casa del poeta norteamericano, y que más adelante tradujo al español). Nos parece interesante transcribir las dos versiones de este poema porque la traducción es otra de las grandes habilidades de Winter —ha traducido a poetas de la talla de Charles Bernstein y Philip Larkin— y, también, porque al compartirnos estos textos el poeta conmemora la vida de Ashbery, que murió el 3 de septiembre de 2017.

 

    

                                                            De Atar las naves

 

Maestranza

 

Bajo la superficie de los mares

hay espacios en blanco.

 

Las crestas de las olas alcanzan caracteres

que sólo imprimen en mareas altas.

 

Estas dos hojas diarias se suman a otros mundos

y nuestra Vía Láctea lee.

 

Los juzga a todos malos, los arruga y los lanza.

Los agujeros negros: pura tinta perdida.

 

 

 

 

Soltar la cuerda

 

Nunca aprendimos a saltar la cuerda.

Mis padres la olvidaron

en el bazar de Presidente Errázuriz

dos nueve cero uno.

 

Al techo del lugar sigue amarrada,

balanceando a mi abuelo.

 

 

 

 

                                                            De Rascacielos

 

Arreboles en Quezaltepeque

 

Llevo el mareo de escolar que espera a su rival del callejón

o del que cuenta con los dedos las décimas de nota que le faltan

 

los mismos dedos que en las sábanas deshechas buscan ese cuerpo ido

como si el blanco fueran teclas de un piano que resiste

 

la ducha helada antes del trabajo

cruzando en camioneta por la arena

 

donde yacen los muertos del partido

recostados y hermosos en su caos

 

como el naranjo de la tarde pintado por las fábricas

el morado del pómulo escolar y los pañuelos de la despedida

 

que se enarbolan cual bandera: ser silla firme y mesa

un comedor de multitienda dándose forma con las manos.

 

 

 

 

Un plato

 

Cuando uno pasa la temporada sin relaciones sexuales

todas las que tuvo antes, varias de novela

escurren como restos de comida al fregar los platos.

Y ese plato limpio nada dice de los comensales ni de lo cenado.

Nada de su capacidad de contener una sopa o una carne nueva.

 

 

 

 

                                                            De Guía de despacho

 

Arquitectura                                                                                  0096

 

Esto

         la caja de zapatos donde vivo

la caja de zapatos donde vive mi padre.

Dos zapatos izquierdos.

 

–Cuando chica quería ser artista, veterinaria o astronauta.

–Yo arquitecto (me mira y no me cree).

Mi papá me llevó a la construcción algunos sábados. A mí me

encantaba. Una vez le pregunté en qué consistía su trabajo.

Me dijo que el arquitecto (primera vez que oía esa palabra y

me sonó importante de inmediato, como archiduque)

imaginaba el edificio y que la pega de él consistía en que

simplemente no se cayera. Un trabajo que sólo imaginaba

lugares me pareció extraordinario. No así la opaca labor del

padre. Los lugares imaginados se le comunicaban con dibujos.

Y a eso dediqué mi infancia, a dibujarle rascacielos y chozas.

 

La pega de mi papá consiste en que no se caigan.

 

 

 

 

Soles                                                                                              0098

 

Un sol, la dicha

sorprende a la mesera que recibe

la propina cual dios del mismo nombre.

 

Un sol rojo en la playa, píxel en el ojo

de una foto digital que no debimos sacarnos,

interrumpido por líneas de nube (las cataratas)

y la tele del bus,

polvo que impide otros polvos

en un desierto que ningún pasajero reclama,

inadvertido el mar (el iris).

 

El bus auspicia la negra carretera

que corta el arrebol,

una camiseta que sería de rangers

si estuviera en mi tierra y no

donde ninguna construcción se ha terminado

para eludir impuestos o mirar las estrellas,

apenas cubiertas por la ropa interior colgada

y flameando: camisetas de un equipo pequeño

visitando el estadio de la masa tevita.

La rueda del triciclo armando un taco, este sol

tres cuartos en el agua su reflejo,

más la pantalla del bus que ese ojo rojo.

 

Una vez me dijeron que era un sol.

 

Y si para tocar el sol bastaba

poner el dedo chico en la primera

cuerda luego del do, siempre enseñaron

mejor el anular, voltearlos

como el cartel –cerrado– en los boliches

y me dan ganas de contarles cuál

es el cambio de sol a peso,

pero la tasa es otra (juego de manos

y muecas) cuando la pronuncio

en la guitarra.

 

En el cielo despejado no hay puntos de referencia

para decir cerca o lejos.

 

Mejor que venga el sol, que trague

a quienes lo permiten apenas quince días

retribuyendo el año de maltratos

(era gratis, gratuito, gratis, gratis).

Con el color ladrillo de las casas

sin terminar (ya, casi todas)

dorado el oro, el día, el hombre

no la plata, la luna, la mujer (acaso la pantalla

o bien la dicha de la mesera que recibe

la propina cual dios del mismo nombre).

Las decenas de veces que intentamos la foto

con la puesta de sol, la espera

por revelar un rollo que nos presentaría

negros de nuevo, tapando un rojo inentendible.

 

En la ciudad que habito yo decido

si me alimento, si me abrigo, si miro mis pisadas cuando vuelva.

Quien decide afuera es el sol,

si crece algo de comer, si muero

de hipotermia o transpiro.

Le rezaría a él antes que a nadie:

 

yema de huevo de campo

derramada en mar la copa

no del galán de la tele

sí de los espectadores.

 

La clara previa a revolverse es una nube

y el cielo cubre la paila.

El ruido de ese aceite recuerda al de las olas

cuando se está en el mar y no con la conchita en el oído,

a regadores cuando empapan, y

 

las películas nos robaron hasta el atardecer.

El bus nos ha robado el viaje.

 

Al sol lo construyeron jornaleros

como los de este bus, que ni lo miran

ahora que la energía puede inventarse en otros soles,

que no los broncearán

aunque se juren invitados.

 

Difícil adorar a un único sol

cuando ya existe la palabra soles

y uno no sabe si vio el mismo ayer

(cambiaron el camino y la abrazada)

cuando al camino le salieron brotes

y a la que amamos, el fruncido ceño

las decenas de veces que intentamos la foto

con la puesta de sol, la espera

por revelar un rollo que nos presentaría

negros de nuevo, tapando un rojo inentendible

como el del ojo en tomas digitales.

Acaso quede el puro rojo

que ven los cerrados cuando al sol,

delgados pájaros de interferencia.

 

La terramoza (qué palabra) dice

que para una mejor visión de la película

se cierren las cortinas.

 

 

 

 

Muñoz                                                                                           0126

 

Como quien carga un maremoto y por silenciarlo

mira con desprecio a quien no carga alguno

o no lo silencia,

                             el día que la vuelva a ver

veré expectativas y no esperanza, la poca mandíbula, anchura

de hombros, planicie de pechos, gordas las caderas,

un termómetro y no el termostato.

 

Diré –ya no le tengo ganas–. ¿Y es que deseo algo ahora

que para iluminarnos no hace falta el fuego?

 

Con la memoria de las yemas digitaré sus poros

podremos hacerlo con vista al mar, pero lo hacíamos en el mar

y con lluvia, rodillas en la calle, afuera los duraznos, adentro

del funicular, boca abajo sobre la mesa de una pirámide. Una serie

de postales disueltas en agua, láminas del álbum, guías de despacho:

 

la gota de tortura china     cava inocente en la cabeza

del condenado     un agujero hacia la muerte.     Una gota de agua.

Muñoz es quien repite la sentencia     mientras tiembla su vaso

al tacto de otras manos     –el miembro de tortura china

cava inocente en este pubis     de condenada

un agujero hacia la muerte–     una película que lleva cuatro horas,

la pareja sentada, las piernas en un lazo     deletrean el muro.

Un guijarro guarda esa falta de greda.

 

No quita la sed mi negra, pues lo deseado no llena el cuerpo

de esta botella y si lo cubre es por mientras. Un envase vacío

de boca ancha, al que lo cargan bolsas o sellan tapas. O sellan

tapas sí, que se acumulan después de tanta rosca en la basura.

Quedo solo de envase no retornable.

                                                                 Me esperará si llego tar-

desde ella me demoro

y me daré cuenta: con el atraso la perpetúo

como el deseo en los vestidos largos

o en años sin decirse.

El mar arriba el cielo abajo. Una ciudad se incendia

o se abandona y entran cenizas por el techo.

Ella de pie y al lago tembloroso lo cubren pétalos: la alfombra

donde acostar la orilla, que apenas por llevar sus nombres

hayamos sido aquéllos. Lo deseado no llena esta botella

sólo la arropa como una bolsa o una tapa.

 

El trueque de las ganas (color mascar la guinda

saborear y molerla, sonidos pareci-

dos pasajes de ida)

por el alivio del primer foco en una carretera a oscuras

(podremos hacerlo con vista al mar, pero lo hacíamos en el mar).

 

Un foco no es un paradero, los buses aceleran sin mí,

pegado en cómo lo alguna vez deseado ya no existe,

pues lo deseado muta.

 

Y uno no.

 

 

 

 

                                                            De Lengua de señas

 

 

CEDÍA QUE LA PALABRA

es una cosa y si es una cosa

lo más probable es que sea

como la oreja una herida

 

o esos paréntesis     entre la ceja y la pestaña

para lo visto

 

cómo confiar en un aceite

así de transparente y claro

luego de sopaipillas

pasadas y empanadas

fritas las papas y refritas

 

cedía que la palabra

es un encierro narrado con aire

 

entonces solo caben dos opciones

para la palabra maltrecha

y devaluada porque esto se trata

de cuánto compra

                                 o de mirar las nubes en la luna

y decir a qué se parecen

      creaturas de mar carroza con caballos

      un jinete con una herida en la cabeza

      bordes de cinta adhesiva recién quitada

      del aviso     se arrienda bajo el influjo del alcohol la lluvia

 

la primera opción aislar las venas

que la irrigan presionando pulgares

sacar todo lo que no sea

la herida misma

                             pus cuchillos

y sellarla con un parche curita

por ejemplo para que deje

de sangrar y no moje ni se lea

ya como herida la palabra

se piense un parche como

cualquier otro los miles

de parches producidos

por los niños de china

 

otro respondía que no que

la sal pica pimienta y la salpica

aquí verde y ají

del gas por tubería al fuego

en la sartén saltan las sales

sobre la herida que no sana

 

cuando se escribe con condón

pero quién querrá leerlo cuando llegue raja del trabajo

 

 

 

 

en esta esquina la palabra del poder

                         y en esta otra el poder de la palabra

 

                                                                  la segunda opción es abrirla

ensancharla más allá de la carne haciendo un océano de ese punto

rojo nadar crol en ella hasta más adentro gritando en cada boqueo

estilo mariposa de donde el cuerpo supiera que estaba herido

traspasarlo si es posible dejar a la sangre de los peces brotando

en oleadas que pasen por ahí hasta por casualidad rumbo a otros

miembros que la requieran algas incluso por las calles submarinas

un maremoto que por la herida abierta de la palabra manen todas

las palabras una sobre otra mojando hasta los cerros tan opacas

que no se viera el rojo volviéndose el café de grano de los troncos

por capas y leerlas todas horizontales como paisajes y verticales

retratos del fracaso pasional porque nadie lee menos un graznido

de pájaro viniendo a la tierra revuelta cuando es maleza aún y nada

en la sangre hasta aletearla amarilla del aromo y del aroma de la azul

herida el arma y presagia a un extraño en el gimnasio de la muerte

 

pero lo de aislarla lo cedía sinceramente como opción

 

                                      palabra

                                      blanca y hueso

 

                                      fuera

                                      del cuerpo la

                                      noche amanece

 

                                      limpia como la hija

                                      en el primer día de clases

 

                                      parche en la boca

                                      ambas palabras un castigo

                                      una herida la segunda

 

                                      a lavársela con jabón

                                      diciéndolo

 

sin lectura ni más sangre de la prometida por ella como herida

otro respondía que no que

somos mucha gente y más los lugares sin gente

 

 

 

 

y ojo el grano del papel ha enterrado el resto de los sentidos

arrastrando la quinua y el cuscús fuera de donde estira la toalla

 

cedía

devolverle a los poros lo que las palabras

les robaron     el mundo nada menos

si no me toco un pie con el otro no sé si estoy

descalzo     devolvérselo en uso de las mismas palabras

vida para las lenguas manos narices y orejas muertas

vida a través de su propio asesino

                                                             con perdón sin olvido

 

los agujeros en la piel para que entre el día pulsando

en los tapones

                           la sombra sobre la palabra sombra

me engaña la creo un doblez del libro de anatomía     traducir así

páginas transparentes de órganos huesos piel una sobre otra

al tacto tácito

                         cuando invoca un recuerdo es que lo crea

 

había perdido la sana costumbre

de ponerle nombre a las cosas que quiero

 

que la palabra deje de llegar tarde a ellas     a puro nombrarlas

con los ojos y solo ven un lugar a la vez

      cuántos seres sabrán que hoy es domingo

que el amaretto del helado ya está en la almendra

 

y la chorrea     la almendra anticipando el sol

como las flores del aromo

cabecita de aromo me cedía también cachancho

si es una cooosa     exclama cuando le parezco tier

 

no nombraron colores los antiguos

en rojo negro y blanco aglutinaron

los que vieron     importa si mate o brillante si seco o húmedo

 

no tomaron piscola los antiguos

y un hielo en la piscola parece un ojo de los tuyos

nunca olvido una cara

 

      esto que escribo     viajó al futuro     en que se lee

y para hacerlo     es al pasado     donde viajas

 

a mi pasado no al de los antiguos

pero nada es tan espantoso como quien lo cuenta cree que es

 

la nostalgia un cuchillo de cocina

                                                           o la mancha que limpias con el dedo

                                                           y ya no está en el dedo ni en la mesa

 

cedía que el fin es el fracaso pero el fracaso no es el fin

el ánfora pecera el macetero las cajas de herramientas costureros

 

cuántas cosas existen que no necesitamos

para decirte cuánto vales requiero números y puntos

comas y aquí no hay

 

que la calle me calle

entre lo que las cosas dicen

y yo     golpeo de ventanas     y nada más podría

leer del soplo si es que apago la música o se mete

entre lo que las cosas dicen

y

 

 

 

 

HABÍAN DOS NIÑITOS

así comenzaban los chistes que inventaba mi hermano

no contaba chistes los inventaba y yo lo interrumpía

por fome a uno de los niñitos siempre le pasaba algo

se caía por ejemplo y yo le explicaba por qué era fome

cuando andaba de ánimo le cedía la ausencia de gracia

 

y teníamos un tío el rey arturo alias julín serra porque

julín serra era el rey de los delantales un fabricante

de uniformes para asesoras del hogar y a mi tío le decían

julín serra el rey de los delantales no por empresario

sino porque amó a todas las nanas y princesas de este

barrio y del otro hasta la noche de su muerte

 

yo lo recuerdo solo una tarde en que sembró el crataegus

o espino pero él dijo crataegus y quedó como cratehue

para mi madre para mí y dentro del jugo con mucho hielo

que le mojaba la barba al tío flaco sin pega estable

escuchando los chistes fomes de mi hermano y riéndose

de buena gana

 

me cerraba un ojo como diciéndome que lo cachaba

el chiste era fome como le cerró un ojo a mi hermano

en el único recuerdo que él tiene del mismo tío viniendo

tarde a la iglesia

                              cerrar un ojo hasta cerrar los dos pero

antes reírse de buena gana con los chistes de mi hermano

como nunca nadie lo había hecho

                                                            e inventar otros

signos de exclamación bocas abiertas dientes de leche

había dos niñitos y uno cualquier cosa decía el tío

era más chistoso que la cresta eran cochinos los chistes

y mi madre jugaba el rol de censurarlo haciendo que nos

riéramos más

 

a los diecisiete años de muerto mi tío murió julín serra

y como sucede con todos los dueños llovieron obituarios

le escribí un poema a mi tío peor que los chistes de mi

hermano porque no pensé en mi hermano y ahora son

veintitrés los años y uno solo el recuerdo con mi tío

versionando sus chistes

                                           había dos niñitos

demasiado tarde aprendí que yo era el otro

 

 

 

 

MÚSCULO MÚSICO DEL OJO TIENE

mis ojos no por igualitos digo

 

los ojos mismos los dos míos higo

verde los vulva ella y cerca viene

 

a saludarme con un beso en cara

y despedirse quién diría en boca

 

yo estaba aquí cuando llegué le aclaro

mojado porque ando a pie y ya nadie

 

brinda techos más largos que su muro

 

y eso     es un colchón o una galaxia

pregunto en el pasillo cuando indico

 

esas líneas cruzadas yo sin ojos

en la pared y son las líneas líneas

 

si no les da por retratar personas

 

 

 

 

HERE IS WHAT IT IS

 

                                     inherited candelabras guard a clock

and the mirror that frames them shows us where

we come from

                          the entrance door     also monkeys

hung from the rush matting and metallic lamp

 

     what’s happening and what’s not

 

register the wait when clothes give space to the body

one misses a bit the clothes as much as

the body when months later gives space to the air

 

the gentleman in the portrait stares at the death

of a mexican general in the painting beside him

 

and could also appear in the plastic lamp’s sunset

black and white as another sunset in the biggest photo

 

that reflects the curtains ready to fly

                                                                  and the outside

 

 

***

 

 

LO QUE VES ES LO QUE ES

 

                                                  candelabros heredados

cuidan un reloj y el espejo que los enmarca muestra

de dónde venimos

                                 la puerta de entrada     los monos

también cuelgan de la esterilla y la lámpara metálica

 

     lo que está pasando y lo que no

 

regístrese la espera cuando la ropa da paso al cuerpo

se echa un poco de menos la ropa quizás tanto como

el cuerpo cuando meses después da paso al aire

 

el caballero en el retrato mira y mira la muerte

del general mexicano en la pintura contigua

 

y podría aparecerse en la tarde blanquinegra de la

lámpara plástica o en otro atardecer la foto grande

 

refleja las cortinas listas para el vuelo

                                                                   y lo de afuera


Noticia Biográfica


Enrique Winter (Santiago de Chile, 1982) ha publicado en diez paí­ses los poemarios Atar las naves, Rascacielos (traducido como Skyscrapers), Guí­a de despacho y Lengua de seí±as (como Sign Tongue), y el disco Agua en polvo, reunidos en Primer movimiento, Código civil, De ruidos para construcción y orquesta, Nunca aprendimos a saltar la cuerda, Puste spacje, Suns y Oben das Meer unten der Himmel, además de la novela Las bolsas de basura. Traductor de antologí­as de Charles Bernstein y Philip Larkin, ha recibido los premios Ví­ctor Jara, Nacional de Poesí­a y Cuento Joven, Nacional Pablo de Rokha y Goodmorning Menagerie Chapbook-in-Translation, entre otros. Fue editor de Ediciones del Temple y abogado. Magí­ster en Escritura Creativa por NYU, coordina el diplomado de la PUCV y es escritor residente de la Sylt Foundation, de la Kí¼nstlerhí¤user Worpswede y de la Universidad de los Andes, en Bogotá.



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