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Carolina Dávila, poeta colombiana



Cubrirá  todo  lo  que  la  vista  alcanza        las tejas partidas sobre los techos

la  cometa  en  la  rama  más  alta          el  gancho  colgado  en  la  antena  dos

décadas atrás

 

Gris  es  el  telón  de  fondo      de  este  vértigo     y esta inmovilidad

 

El  cielo  ceniciento                 el   frío  posándose  en  los  brazos descubiertos

entrando  por  la  nariz      con dejo a asfalto     a plástico quemándose:       Un

hombre          calienta su alimento en esa hoguera

 

                                                                   Cuerpo suspendido que el sopor esconde

                                                                                      un paso te separa del abismo

                                                  un paso dibuja la línea entre la tragedia y la nada

                                                        entre la ruptura y el tejido invisible de los días

 

La niebla lo va cercando                y el mundo ya no es más          la teja          el

gancho      la cometa enredada

 

 

 

Soporta en la quietud todo su peso

relegado al margen

no al “parque natural”

menos al valle abierto

 

Un cóndor perpetuado en el metal

lejos de la flexible carne de sus alas

 

El viento pasa

                                          no él

Él permanece constante

                               metalúrgicamente inalterable

 

Pasan los turistas

sin percatarse de la herrumbre

Posan, se recuestan, toman fotos

-una cámara promedio

hecha para captar los simulacros-

no queda en ellas

ninguna señal del deterioro

 

Los turistas suben a los coches

Pasa el viento

                      los autos y el polvo que levantan

Cóndores –por supuesto– no pasan

 

 

 

 

Aquí también anida la belleza

en lo que se abandona y descompone

en lo que muere de repente

 

Porque así es la belleza en esta aldea

 

precisa y oscura

como las nubes

que en la última claridad

se tornan

negras, nítidas y delineadas

 

Porque como ellas

que se resisten y se enfrentan

que inician cada tarde su derrota

así

salvaje

                      impúdica

es la belleza en esta aldea

 

 

 

 

La dificultad nos emparenta

Esas ganas de oponernos

como quien insiste vencido

en prender el fuego después del aguacero

 

En apilar leña

y raspar con las uñas la corteza

esperando encontrar

en su corazón seco

el origen del incendio


Noticia Biográfica


Carolina Dávila. Abogada feminista, Magí­ster en Derechos Humanos y Democratización. Ha publicado el libro de poemas “Como las Catedrales” Premio de Literatura del Ministerio de Cultura, aí±o 2010. Sus poemas han sido traducidos al italiano, portugués y árabe.



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