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Juan José Rodinás: poesí­a ecuatoriana



Sobre un cuento de Dino Buzatti

 

Leo el evangelio de las cosas en el ojo del caballo:

una carretilla (que no entiendo,

pero que avanza con tripas arrastradas

sobre una carretera de hielo).

 

La nieve es nieve.

Leo la descripción de esa carretilla

y la palabra carretilla se copia aquí­.

Eso leí­a o eso leo.

 

Leo una historia muerta

(fragmentos de objetos que no hay:

un pozo diseñado para imaginar

que hay un pozo ahí­ donde está el pozo).

Imagen que trucamos para que nos crean

cuando decimos la verdad:

la carretilla lleva tripas hacia la casa donde…

 

El caballo sueña un caballo inmolado

sólo para demostrar que hay sufrimiento,

pero lo que leo es un montón de ví­sceras

y un caballo sagrado por fuera de la foto.

 

En fin, entrar y salir del cuadro:

el propósito es mostrar que los caballos no corren libres,

pero podrí­an y ese podrí­an impulsa al caballo irreal

por fuera de la foto: la realidad es que la masa

de órganos un dí­a atravesó el campo muerto,

entonces vivo.

 

Después de todo hay cedros (y rosas

clonadas en genoma laboratorio dentro y algunas

vacas) y hay cedros y cráneos de conejo y tarros

de basura.

 

Hay mucho campo muerto, pero el caballo

estaba vivo en el campo muerto, pero hoy yo estoy vivo

y muerto.

 

El caballo y yo estamos hechos de neuronas,

palos y piedras para que la gravedad no nos olvide.

El caballo y yo somos dos carretillas de ví­sceras

que

nadie lleva.

 

 

 

 

La casa donde nací­ se filma frente a mi ventana: cuando ya no estoy en el mundo. Soledad: el chico que no sabe bailar, pero baila. Tetris: la vida como un muro donde cada instante podrí­a destruir mis recuerdos y serí­a un milagro porque acumularlos solo trae la muerte. Universo: el bonsái que cuidaba y los juegos de mesa donde lloví­an escaleras de nieve. Voltaje: una pequeña mariposa eléctrica se ha posado en tu sueño. A lo lejos, una rueda moscovita y juegos pirotécnicos. El mundo ha venido a visitarme llamándome desde algunos juguetes. Tableros de mesa desde donde yo existo (una balada para los hombres que ocultan laberintos entre su corazón y su cabeza). Aquí­ las personas gigantes de ojos muertos no pueden destruirme porque los árboles con brazos se han puesto a jugar conmigo una serie de recreos infinitos, de curiosas parábolas. (Aunque ese niño haya muerto, esos árboles -que no saben mi nombre- respiran para mí­).

 

                                                            Hyde Park, Leeds, junio de 2016, cualquier lugar del mundo

 

 

 

 

Cuentito sobre los paisajes

 

La irrealidad

describe el corazón de una oruga en la mente.

Si yo supiera dónde está mi mente

empezarí­a por describir algo:

la iridiscencia de un órgano í­nfimo

solo palpable, tras la niebla de plomo,

con la mano de un niño.

 

Cerebro que resguarda las nervaduras negras

de la ante-mariposa.

Cerebro caja de siete puertas

donde crece un baniano de niebla.

Cerebro invierno

donde los animales muelen su estructura

para abrirse a lo blanco.

 

La irrealidad es una vela que se enciende.

Esta noche se quemarán los campos.


Noticia Biográfica


Juan José Rodinás (Ambato, Ecuador, 1979) estudió literatura y periodismo en Quito e hizo cursos de traducción en Madrid. Ha publicado Los rastros (Quito, 2006), Viaje a la mansedumbre (Barcelona, 2009), Barrido de campo (Arequipa, 2010), Código de barras (Quito, 2011), Cromosoma (Quito y Santiago de Chile, 2011), Estereozen (Lima, 2012) y Anhedonia (Popayán, 2013). Además, ha reunido su trabajo en antologí­as personales extensas, como Los páramos inversos (Popayán, 2014), o breves, como 9 grados de turbulencia interior (Guadalajara, 2014).

Sus poemas han sido incluidos en libros como Lí­nea Imaginaria (Santiago, 2016) Equinoccio (Guadalajara, 2015), Bandadas (Bogotá, 2014), Paí­s imaginario (Madrid, 2014) o Poesí­a de Ecuador (Madrid, 2009). Recopiló —junto con Luis Carlos Mussó— el libro Tempestad secreta. Muestra de poesí­a ecuatoriana contemporánea (Quito, 2010). Como traductor publicó el libro Una cosa natural. Veintinueve poetas norteamericanos.

Formó parte del comité editorial de la revista de poesí­a Ruido Blanco y fue editor de varios libros bajo ese sello. Ha obtenido algunos reconocimientos como el Premio Internacional de poesí­a joven La Garúa 2007 y el Premio Festival la Lira 2013. Actualmente, es candidato doctoral en la Universidad de Leeds e investiga la relación entre el paisaje y las identidades nacionales en la obra de dos poetas ecuatorianos y dos uruguayos.



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