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Edición 40

"In memoriam" de Raúl Zurita, publicado por la editorial Audisea



In memoriam: literalmente hacia la memoria. Expresión que demanda en su uso habitual, aquí­ omitido, un complemento genitivo; un quién, en memoria de quién, de quiénes. Al igual que INRI, otro tí­tulo de Raúl Zurita, In memoriam es una expresión fúnebre que ha sido grabada sobre miles de cruces y tumbas a lo largo de la historia de occidente. In memoriam: a todos los muertos, dicho en una lengua muerta.

 

Si el olvido es imposible, como ha dicho Zurita, entonces este poemario es una respuesta a las políticas de la desmemoria con las que ha comenzado el nuevo milenio. El primer poema, titulado “1973”, abre con la imagen del golpe a Allende. Y sobre esa historia chilena se superponen los recuerdos más dolorosos del poeta, que van desde la muerte temprana de su padre hasta el recuerdo del día en que abandonó a sus hijos. Más allá de estos dos espacios de la memoria yace un tercero: el trasfondo histórico en que son contemporáneas todas las dichas y desdichas humanas, incluidas las de Chile y las del propio poeta. Así, el cautiverio del pueblo de Joaquín de Judá en Babilonia se repite en los estadios de Chile, y un chileno cualquiera, como el Caronte de Dante, es el encargado de cruzar a los muertos a través de los ríos del Infierno.

 

Uno de los hallazgos de este libro es haber dado un nuevo sentido al epitafio. En In memoriam, no son solo los vivos los que les escriben a los muertos: son también los mismos difuntos y amores pasados los que retornan, como fantasmas en la vejez del poeta, para hablar una vez más. Es por eso que este puente vivo, este Memorial del Dolor es sin duda uno de los poemarios más í­ntimos y duros de la obra de Raúl Zurita.

 

                                                            Adela Busquet y Lucas Brockenshire

 

 

 

 

Erratas

 

La noche es blanca y negra. Son las últimas horas del 10 de septiembre de 1973 y las marchas concluyeron hace un rato. Falta todavía un buen trecho para que aclare y cabeceo sobre la mesa de un local que permanece abierto hasta la madrugada. Unas cuadras más abajo la herradura negra del mar de Valparaíso espejea las luces de los mismo barcos de la semana anterior. Llevo noches sin dormir, por lo menos cinco, y la blancura ametrallante de los fluorescentes me hiere los ojos mientras pido otro café. Había un grupo de las juventudes comunistas pero ya se han ido. Gritaron algunas consignas y se fueron. Desde hace una semana camino mirando los desfiles y de tanto en tanto me entremezclo con ellos para no quedarme dormido. Temo que si me duermo moriré…

 

Amor mí­o, ven a buscarme en la noche blanca y negra. Mis ojos te sueñan entre las sombras y no sé si aún habrá tiempo para el dí­a. Los tanques, como imborrables erratas, ya han comenzado a horadar la luz cenicienta del nuevo amanecer.

 

 

 

 

110973

 

Vimos paisajes chilenos tirados en una barraca y espinas de grúas cortando el oscuro cielo.

 

Apilados unos arriba de otros como carcomidas planchas marcadas con tiza y playas herrumbrosas y desiertos id. y fierros rotos con pedazos de cordilleras

 

Le pregunté entonces al tipo que mandaba que qué iban a hacer con esas carcasas y él me contestó meterlas en la bodega del Maipo y yo: “Fue un barco de prisioneros” y él: “Y no ha cambiado de rubro amigo así que mejor te las emplumas” y hacía frío y mis amigos sollozaban entre los prisioneros y los herrumbrosos paisajes del despertar

 

 

 

 

140973

 

Como un relámpago se vio arriba el océano suspendido y abajo miles de tanques destrozados en la playa

 

En la clase 79 y el profesor mostrando el pizarrón dijo: “Cayó la costa chilena” y luego vio el Pacífico subiendo entre las nubes

 

Mostrando sus barridas rompientes sobre las cimas de los Andes y abajo caravanas y caravanas de tanques destrozados sobre la playa Morimos pero la visión nos borró los ojos responden los de la clase 79 mirando el Pací­fico tenderse sobre las cordilleras como si el Atlántico lo llamara desde el otro lado de las montañas

 

 

 

 

Sueño 69

 

¿Estas leyendo esta página? ¿La del sueño ¿69?

¿Exactamente esta, en este instante? ¿Qué dí­a

y qué hora es hijito? ¿Podrí­as anotarlos en la

lí­nea de abajo? Te lo pido en serio. Por favor.

 

______________________

 

Gracias. Ahora escribe una obscenidad, la más

gruesa y cochina que conozcas.

 

______________________

 

Gracias nuevamente, eres tan envidiablemente

real. Te saluda desde el sueño 69.

 

                                                             A dead man

 

 

 

 

Sí­

 

Sí continuaba diciendo él, más allá vi la cascada y nosotros dos muertos flotábamos en su poza. Y después de esa había cientos de otras y cada una de ellas era una capital cayendo. Si fuéramos entonces solo nosotros dos y más allá todas las capitales del mundo cayendo y entonces todos estarían muertos como nosotros y nosotros tan muertos como ellos y yo le digo entonces no llores así…

 

Queridos seres humanos, queridos parientes: Él está loco, él ha sufrido por eso llora tanto así. Él me dice que cuando lean sus poemas todos del mundo van a ir a saludarlo porque él escribe en poemas los saludos para que ellos le contesten.

 

Mira, me dice, todos mis poemas son saludos que le mando al Rey y todos del mundo leerán mis saludos y muy ceremoniosamente el Rey me dirá gracias don Huamán por sus saludos que que muy pronto se los vamos a corresponder. Eso me dice y después llora diciéndome peruana estoy tan, tan solo que si tú lo entendieras y nos fuéramos flotando cauce abajo hasta las cascadas. Entonces tú no me tendrí­as sino a mí­ y nosotros dos solos pasarí­amos flotando y cayendo con todas las ciudades que van cayendo por las aguas y yo le digo Zura tú no conoces mi ciudad y él me dice peruana yo lloro así­. Queridos seres humanos, queridos parientes, si ustedes lo vieran llorar así­.

 

 

 

 

Sí­

 

Despierta peruana que voy a contarte un sueño sí­: eran cientos de rí­os que bajaban por la noche y detrás de los rí­os vení­an los paí­ses nuestros, hijos del encuentro, con tuba, clarí­n, piano y orquesta. Primero los paí­ses blancos, después los paí­ses nuevos de las alpacas, huemules y paí­ses aéreos en general y al final los paí­ses humanos y otros:

 

País Memorial Argentina, País Memorial Perú, País Memorial Desaparecidos, Chile. Entonces comenzaron a tocar su música los países y tú y yo sacábamos pañuelos y nos poníamos a bailar y de pronto eran todos los cerros y los pastos y las estrellas bailando con nosotros en mediio de la noche y era tan bonito sí, como si estuviéramos vivos peruana…

 

Y yo lo digo: Hazla con Zura…

Y él me dice: Desaparecimos en Chile…

Y yo: ¿Qué Chile?

Y él: Tú no me entiendes peruana.

 

Queridos del padecer, querida pena mía: Yo no sé si no lo entiendo. Mucho fue el amor cuando me llamaba por el nombre que tuve de viva y ahora me llama peruana. Zura, le digo, pero qué tienes tú con las peruanas, y él me dice: Es que no ves cómo nos insultan peruana, es que no ves cómo nos apartan peruana, es que no ves las burlas que nos hacen peruana… Querida péna mía: Él habla solo, él no sab, él llora en el Memorial del Dolor.

 

 

 

 

El memorial del dolor

 

                              Cesare Pavese

 

                              Eres la tierra y la muerte

                              y no vive cosa más lejana que tú del alba.

                              Cuando pareces revivir

                              eres sólo dolor, lo tienes en los ojos

                              y en la sangre,

                              pero no sientes. Vives como vive una piedra,

                              como la tierra dura

                              y te visitan sueños, movimientos, sollozos

                              que ignoras. El dolor

                              como el agua de una lago tiembla y te circunda.

                              La piedra dibuja cí­rulos en el agua.

                              Dejas que se disipen.

                              Eres la tierra y la esperanza.

 

  

Vea también: Juan Calzadilla: Para una poética de la condición humana


Noticia Biográfica


Raúl Zurita (Chile, 1950). Estudió Ingenierí­a en la Universidad Santa Marí­a de Valparaí­so. Entre sus libros se cuentan Purgatorio (1979), Anteparaí­so (1982), Canto a su amor desaparecido (1985), La Vida Nueva (1994) INRI (2003) y Zurita (2011). En 1979 crea con otros artistas el CADA, Colectivo de Acciones de Arte, realizando acciones de arte de resistencia polí­tica. En 1982 trazó con aviones y letras de humo blanco el poema “La Vida Nueva” sobre el cielo de Nueva York y en 1993, la frase “ni pena ni miedo” sobre el desierto de Aracatama que solo puede ser vista desde las alturas. Ha recibido las becas Guggenheim y DAAD de Alemania y, entre otros, el Premio Pericles de Oro de Italia (1994), el Premio Municipal de Literatura (1985), Premio Nacional de Literatura (2000), Premio José Lezama Lima de Cuba (2005) y el Premio Iberoamericano de Poesí­a Pablo Neruda (2016). Ha sido nombrado Doctor Honoris Causa por las universidades de Alicante, Espaí±a, y Santa Marí­a, Chile, y Profesor Emérito por la universidad Diego Portales donde enseí±a. Libros y poemas suyos han sido traducidos a una veintena de lenguas.



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