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Carolina Bustos, poeta colombiana



Boulevard Voltaire

 

Un dí­a me volví­ a enamorar

y me tatué estrellitas al borde del brazo

para iluminarme en las madrugadas

de los lunes, los jueves y quizá los sábados.

 

Dichosa.

 

Habí­a una calle perpendicular con nombre ilustre.

Ayer fue una calle de muerte

pero hoy yo resucito en ella

y el sol sale al otro lado del mundo.

 

Ilumina mi rostro,

enciende la belleza y esconde el horror; salto y beso; ring ring.

Viajo hacia el océano de lí­neas y números

sumergida entre los adoquines que sostienen mis piernas.

 

Júbilo.

 

La banquita sabe mi secreto, petit désir mineur

como vencer la distancia a las 15 horas treinta y siete minutos de la tarde.

La evasión tropical ofrece un tour de ensueño

las nubes coquetas me guiñan el ojo.

 

Camino mirando los objetos:

una caneca verde, un moto, una bici, una puerta sin número ni código para entrar,

Parí­s es una bataclana

y mis piernas están tan llenas de vos.

 

Boulevard Voltaire de mi vil hábitat

¿Quién camino mentando al enciclopedismo lleno de deseo?

¡Fui yo! Con la voz entrecortada de sentir tu voz en mi caracol,

Lentamente te posas en mis rodillas, pasas, pasas lento, muy lento…

 

Deliciosa yo, insaciable y tatuada de estrellitas,`

Asumiendo mon petit désir mineur,

hundiendo mi nariz en tu piel que sabe a aullido de zorro.

Quédate adentro, ceniza y fuego:  hombre volcán.

 

                                                            Carrières-sur-Seine, Enero 26 de 2016

 

 

 

 

Plaza sin nombre

 

Ruego por vosotros,

ruego por vosotros,

ruego y vuelvo a rogar.

 

Huellas digitales, hechas ceniza

rostros desaparecidos.

Ruego y desaprendo el mapa de mis coordenadas necias.

Tierna infancia de los ochenta,

adoquines de fuego que torturan la memoria

inocencia etérea conducida por un dial en A.M.

 

Plaza sin héroe de un libertador humillado,

Plaza(s) macabr(o)as,

Plaza vencida,

 

Plaza(s) asesin(o)as,

Plaza sin nombre de un Palacio sin justicia.

Quién rogará por vosotros, beneplácitos e impunes,

por vuestras fauces necrosadas

y vuestras beligerantes hybris.

 

                                                            Clichy, otoño (noviembre) de 2013

 

 

 

 

Marina (um)

 

Tendrán que abrir mis entrañas

y socavar en los bares clandestinos qué hoy ya no existen

desentrañar en la Rua Camões que caminé de arriba abajo

diseminar la Rua das Flores que no se extingue en el Cementerio da Lapa

para saber cuál fue la Carolina que nació y se hizo sal

después de morir en Parí­s a los 26 años.

 

Oh puerto de sueños del Duero, de viñas y migas de pan negro

Oh Porto de sonhos do Douro, de vinhas e migalhas do pí£o preto

 

Cuando resucité, perdida deambulando entre un rebaño de borregos,

Pessoa tuvo la culpa.

Me alimentó de versos, de mar y de sesgada tierra.

Me llevo a su patria pero su brújula fallida me lanzó al norte de Lisboa.

La jovencita enamorada de las cartas ridí­culas de amor

regresaba al origen de la lengua enredada y apretada del padre poeta.

 

Yo es otra, una C en mi heterónimo, me llamo Marina

Eu é outra, uma C no meu heterônimo, chamo-me Marina

 

Y ella vio el mar y las lágrimas de agua dulce se escurrieron por un rostro brumoso.

Se entregó a las olas feroces y comprobó que el mar podí­a corromper la montaña.

Que la bastedad atlántica arrancaba de su piel los cerros orientales

y el cielo impresionista de las orillas del Sena.

 

Recordó su ser andariego  y solitario que recorrí­a el centro de Tabogo en las noches

y lo escondió por los bordes de Foz, su rastro de urbe se alienó a la arena.

Marina la renaciente ola y espuma bramó entre las rocas húmedas.

Carolina pactó con el vampiro libidinoso y se hizo hija de la Invicta para siempre.

 

 

 

 

LECCIONES DE URBENIDAD

Conversación con un poeta alejandrino sobre L A Tenaz

 

                                                            Dijiste: “Iré a otra ciudad, iré a otro mar. 

                                                            Otra ciudad ha de hallarse mejor que esta.

                                                            LA CIUDAD

                                                            POEMAS CANÓNICOS (1895-1915)

                                                            CONSTANTINO CAVAFIS

 

Escucharon bien eso dije:

“La Tenaz, vil epopeya senil,

rastrojo de Latiendo – América de arritmia mutada”.

Ladro por La Tenaz

socavando la vista

desterrada en una piragua

corroí­da por un rí­o infecto

tí­mido ladrillo.

 

Al fondo Usme, Bosa, Soacha, hermanitas feas

que arruinaron el camino florido a las orillas.

Y desde la ventana

el cielo anuncia la tormenta

mis ojos calcinados por el sol agreste

desconocen la ciudad donde me revuelvo contenta.

 

Barriada donde descienden mis mares

villana placidez

acariciar hormigas

contar escarabajos volátiles

o deambular en reversa.

Sepultarse en un laberinto borgiano

con nombre de novedad y apellido de Fe.

 

UrbE tenaz sin puerto para anclar velero

allí­ donde se posan mimosos los recuerdos

agarrados tercos a calcarí­as trochas

áspera vitrina tropical sobre arenas movedizas.

Ranas tuertas e indigestas

Tunjuelito mí­o, gris envenenado.

Sucias aguas del Arzobispo

revueltas de cadáveres anónimos. Impunidad del Virrey.

 

La ciudad me sigue, voy por sus calles numéricas

donde me haré vieja, arrastrada en polvo.

La estupidez de viejos amores taladrará la aurora

igual voltearé la esquina al mes de julio.

 

No habrá otra cabañuela

que anunciará cuatro estaciones en un solo dí­a.

La lluvia oscura abandonará el trigo

los campos cubrirán de hongo las urbEnizaciones.

 

Las torres Blancas serán Blancas a pesar de los siglos

las de Fenicia, las del Parque o las Gonzalo

resistirán, me asustarán

como si fueran el latido infame de mi corazón.

 

Desubicado marasmo

Ulises contemporáneo

tejido humano persistente

traiciones tatuadas

en este rincón del planeta

donde L A Tenaz habita

me da sus lecciones

vil epopeya senil de herencias helénicas.

 

Escucharon bien eso dije:

“Otra ciudad ha de hallarse mejor que esta”.                                                  

 

                                                            Bogotá, junio de 2014

 

 

Vea también: Daniela Camacho, poeta mexicana


Noticia Biográfica


Carolina Bustos Beltrán (Bogotá, Colombia 1979). Poeta, narradora y docente universitaria. Ha publicado Sueí±o Stereo (Caza de libros 2014) Tiene una maestrí­a en Estudios de América Latina de la Universidad de la Sorbonne Nouvelle, Paris 3, y es Máster Europeo en Estudios Latinoamericanos de la Universidad Autónoma de Madrid. Reside en Francia desde el aí±o 2003 y ha vivido en Portugal (Oporto) y Espaí±a (Madrid).

Ha sido galardonada en varias ocasiones: Mención del I Concurso de Relato Breve El Dios Tecnologí­a, convocado por Fuentetaja literaria en 2013, por el relato “Buenas noches, mi amor”; en el XVIII Concurso de Cuento de la UAM 2009 su relato “La Marea Alta (cuento con banda sonora)” fue seleccionado para el volumen colectivo Entre lí­neas y otros cuentos. Tres elogios y otros poemas, publicado en Madrid por Ediciones Universidad Autónoma de Madrid, 2010. En poesí­a ha sido seleccionada en el certamen Voces Nuevas – Selección XXIII convocado por la Editorial Torremozas en el aí±o 2010. Recibió en 2015 el Tercer Premio del Concurso Ediciones Embalaje del XXX Encuentro de Poetas Colombianas del Museo Rayo, Roldanillo, Colombia por su poemario “Lecciones de UrbEnidad”. En 2016 “Estación Tropical y otros poemas sinuosos” fue finalista del Premio Internacional de Poesí­a ‘Pilar Fernández Labrador’, Salamanca, Espaí±a.

Sus poemas y relatos han sido publicados en antologí­as, revistas y blogs en Colombia, México, Argentina, Estados Unidos, Espaí±a y Francia.



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