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Una entrevista a La valija de fuego



La siguiente entrevista tuvo lugar en la librería de La valija de fuego, un acogedor y bien dotado local ubicado en Bogotá —en la carrera séptima con calle 46— que también ha decidido apostarle a la poesía. Allí, bajo el rumor del punk que caracteriza al establecimiento, Otro páramo tuvo el placer de hablar con los miembros de la editorial que recibe ese mismo nombre.

 

Otro páramo: Para empezar, quisiéramos que nos contaran acerca de la historia de la editorial. Es decir, qué los llevó a la creación de una editorial independiente colombiana y por qué creyeron que hacía falta un espacio como el de ustedes.

 

Marco Sosa: Nosotros no somos una editorial independiente. Ese rótulo no nos define. Más allá que se utiliza para aglutinar un cardumen de pequeñas editoriales, nos parece que este es un término muy heterodoxo. Hay muchas editoriales que, aunque son pequeñas, tienen las mismas prácticas que las grandes editoriales. Inclusive en términos económicos, una editorial independiente es una editorial que no tiene dinero del exterior, no tiene inversión extranjera. En esos términos, entonces, Panamericana podría ser una editorial independiente. Nosotros optamos por otra definición. Nos entendemos como una editorial emergente. En esa medida estamos siempre en constantes búsquedas, no tenemos un proyecto predefinido y preestablecido; tratamos de ser trashumantes como editorial y por eso también nos tratamos de convertir en una interzona: algo que puede no tener nada en común pero que al final termina relacionándose y termina haciendo una especie de ciclo o de cuerpo, en nuestro caso. Esa es una necesidad latente de nuestra editorial y quizás por eso también jugamos con los formatos. Pese a que tenemos algunas colecciones editoriales entre comillas, lo hacemos para que los libros hagan parte de un todo. Ahora, por ejemplo, vamos a sacar un texto de Stig Dagerman —quien también escribió poesía y es muy bueno— que se llama Nuestra necesidad de consuelo es insaciable y es sobre el suicidio —él se suicidó a los dos años de publicado el texto—. Entonces vamos a sacar una selección de libros que se llama La muerte voluntaria, sobre el suicidio. También vamos a abarcar más poetas. Con Juan Manuel Roca vamos a reeditar Cerrando la puerta que es una antología de poetas suicidas; la idea es actualizarla y publicarla de nuevo. Y vamos a sacar algunas notas de suicidios de autores y de artistas. La idea es superar la concepción de que la gente que se suicida está mal, creemos que también es una opción. Editamos desde ese tipo de libros hasta infantiles, de poesía, pasando por un eje transversal del rock. Nuestra idea, más que generar una línea editorial, es generar una personalidad, que la editorial tenga su cuerpo viviente, y uno como cuerpo tiene órganos que cumplen diferentes funciones. Por esto, en nuestra editorial tenemos diferentes gustos. Y uno como persona puede ser bipolar y contradecirse de muchas maneras. Pues la editorial es parecida: no es un ente perfecto y clínicamente hecho.

 

O: En cierta medida es como si ustedes buscaran que cada libro, como libro objeto, se acoplara al texto que está conteniendo. La idea es que haya un diálogo entre el libro como objeto y el texto.

 

M: Yo no creo en el libro objeto. Yo creo que el libro debe tener una espiritualidad. No entiendo el espíritu como una manifestación del más allá sino que el libro como tal debe tener todo un cuerpo.

 

Carolina Romero: Más que un libro objeto, nosotros consideramos que hacemos libros y un libro es un todo desde el contenido hasta la forma que tiene. Entonces sí buscamos que el texto se vea reflejado no solo en la portada y en el material sino también en los finalizados, en los papeles que elegimos para los insertos de las imágenes pero también para el texto, la manera en que lo diagramamos, los colofones —porque cada colofón tiene una particularidad dependiendo del libro y de lo que sea importante en el texto. Por eso decimos que un libro es un todo para nosotros. Por eso es que no creemos en un libro objeto.

 

O: Eso que mencionas nos lleva a nuestra próxima pregunta que es: ¿cuál dirían ustedes que es el elemento distintivo de la editorial?

 

C: Es pensar que antes de tener líneas, la editorial tiene una actitud. Creo que eso se nota y que si uno se pone a comparar nuestro catálogo con el de otras editoriales, eso se ve. Tenemos muchos tipos de colecciones. Hay por ejemplo algunas que consisten solamente en un libro, son individuales.

 

M: Yo creo que una particularidad que tiene esta editorial es que es venida del mundo del fanzine. En ese sentido, nosotros a veces finalizamos los libros con una cantidad de copias variable. A veces sacamos cinco o diez copias y a veces sacamos quinientas. Ahora, de hecho, quizás vamos a incrementar el tiraje. Entonces, a raíz de esta influencia, de la idea de hacer las cosas con las uñas, de hacerlas uno mismo, de proponer dinámicas diferentes con los autores, podemos generar una huella que nos distingue de otros proyectos. A nosotros el fracaso no nos asusta porque hemos venido de fracaso en fracaso pero, misteriosamente, algunos de nuestros libros llegan a ser éxitos editoriales. En la pasada Feria del Libro de Bogotá, por ejemplo, se vendieron más de cien ejemplares del Manifiesto Punk que editamos. Eso es lo que nos caracteriza, no tenemos miedo a publicar ciertos libros y sacamos lo que nos gusta. Yo el otro día hablaba con un editor y le decía que sacáramos un libro en conjunto. Él aceptó que el libro estaba muy bueno pero dijo que no creía que se vendiera. Y yo creo que sí se puede vender porque depende de cómo se plantee. Por ejemplo, con los libros de poesía o los ensayos de poetas nos ha parecido sorprendente la respuesta del público porque en realidad hemos editado esos libros por contracorriente y por gusto. Pero nos hemos dado cuenta en el camino de que la forma en que se interpreta la poesía y la forma en que se interpreta el libro de poesía varían mucho. En el mundo de la poesía hay ciertas castas que impiden la libre locomoción del ejercicio poético. Yo creo que la poesía es un virus, como el lenguaje. Y estoy de acuerdo con Lautréamont cuando dice que la poesía debe ser escrita por todos, pero también debe ser leída por todos. El problema es que se hace una entelequia de la poesía que es problemática. Si bien es cierto que la poesía es difícil de leer muchas veces esto la complejiza aún más y hace que acercarse a ella sea aún más difícil. El perfil de esta editorial, entonces, ha permitido que otro público se acerque a la poesía y esto es una labor que nos vigoriza porque antes que editores nosotros nos entendemos como saboteadores culturales. El sabotaje cultural consiste en eso: cómo replanteamos valores que ya son el statu quo o establecidos como la línea de referencia para poder hacer que se rompan esas dinámicas y que el conocimiento circule.

 

C: Esto tiene mucho que ver con lo que decía Marco de venir del fanzine y es que también de alguna manera los libros van abriendo sus propios espacios y el hecho de que nosotros también editemos fanzines y tengamos una práctica “fanzinera” llevada al libro hace que los contenidos circulen en otros ámbitos. Digamos cuando nosotros vamos a ferias de fanzines llevamos nuestros libros además de los fanzines. Esto hace que los libros salgan del espacio tradicional en el que suelen estar y yo creo que eso también ha influido en que, para nuestra sorpresa, los libros de poesía que hemos editado se muevan.

 

O: Puesto que vemos que les interesa especialmente el tema de la difusión del conocimiento, les queríamos preguntar si ustedes, cuando reciben un texto poético, dejan por fuera algunos autores especialmente difíciles por ser deliberadamente herméticos.

 

M: No, pero sí hay un criterio para hacer un trabajo editorial. Pensamos cómo podemos abrir el texto a otras perspectivas y ahí viene también la cuestión de jugar con el libro, jugar con formatos, las formas en que se dice…

 

C: Eso es ser editor, que es finalmente encontrar el canal adecuado para que el libro encuentre a sus lectores.

 

O: ¿Y cómo entran ustedes en contacto con los autores de poesía que quieren editar con ustedes?

 

M: Ha habido de todo, esto es una suerte de azar. Una de nuestras posturas es  apostarle a la gente que está empezando porque la idea es abrir esa brecha, abrir senderos. Abrirle la puerta a autores que no tienen el reconocimiento o que no son parte de “la rosca”. Es increíble la cantidad de material que llega. En un momento toca explicar que ya tenemos las publicaciones del año copadas. Hay muchos momentos en que nos toca decir que no podemos publicar.

 

C: Es terrible porque no podemos leer todo lo que quisiéramos. Todo el tiempo nos envían cosas y solo somos dos personas en la editorial. Además cada uno tiene otros trabajos y una cantidad de labores, entonces no podemos leerlo todo. Pero las personas que hemos terminado editando han sido de alguna manera encuentros fortuitos.

 

M: Yo creo que más que eso han sido afinidades. Esas afinidades se trazan desde los afectos, el conocer a las personas, hasta encuentros fortuitos, hasta el gusto literario. El criterio es publicar lo que a nosotros nos guste. Nosotros no hacemos un análisis de mercado antes de sacar un libro.

 

C: Por ejemplo, a Wilson Díaz (Las heridas del ruido, 2015), lo editamos porque en la librería teníamos el lanzamiento de un fanzine de literatura y él había ganado un concurso que habían organizando los que estaban lanzando el fanzine e hizo una lectura de poesía acá y nos gustó. A Wilson ya lo conocíamos porque era un buen lector de la librería pero no sabíamos que escribía poesía.

 

M: El asunto es no cerrar las puertas y estar atentos permanentemente. Yo creo que las cosas se dan es por afinidades. Nosotros tenemos una política o una forma de ser como editorial y es que el autor en cierta medida potencia el libro porque el autor llega a ser parte del proceso editorial. No es que le compremos los derechos al autor y luego le demos su libro sino que hay un proceso con ellos. ¿Nosotros cómo hicimos para crecer editorialmente? Hemos adoptado un formato de co-edición. En esa medida lo que hacemos es poner la mitad del dinero y decirle al autor que ponga la otra mitad. Nosotros nos encargamos de la corrección de estilo, corrección gráfica (aunque si el autor quiere hacer la parte gráfica la hacemos en conjunto) y demás y repartimos los libros entre los dos. Firmamos un contrato y les pedimos que respeten nuestros canales de distribución así como nosotros respetamos los suyos y entre los dos nos apoyamos. Esto ha ayudado a que la editorial saque muchos más libros y también involucra al autor. También es importante mencionar que manejamos los creative commons. Yo creo que los derechos de autor son muy cuestionables en la mayoría de los casos porque el saber es una cuestión humana que no debe depender de derechos. Hay, entonces, una serie de prácticas que tenemos y que hacen que personas de diversos ámbitos se sientan convocados por nosotros. Ser tan iconoclastas nos permite variar de públicos y de ambientes. Publicamos desde un libro infantil, hasta un libro de anarquismo. La versatilidad de nuestra editorial es nuestra marca. Yo siempre he estado en contra de la especialización del trabajo porque la especialización del trabajo es la especialización de la vida y cuando la vida se vuelve diminuta, se vuelve miserable. Es importante resaltar también que mucho de este trabajo ha sido desde la autodidaxia. El aprender a manejar las artes gráficas, a diagramar… Por lo menos en mi caso, porque de pronto Carolina sí había aprendido de esto en su formación universitaria.

 

O: ¿Con respecto a los ensayos de poesía el criterio es parecido?

 

M: Quien ha publicado ensayos de poesía es Omar Ardila y a él yo lo conocía hace mucho tiempo. Me dijo que quería publicar ese libro con nosotros, lo leímos y nos gustó mucho. Pese a que son muy cortos los ensayos, son de una contundencia implacable. Yo pienso que el criterio nace del gusto, del placer, no creo que haya otro criterio.

 

O: Hemos visto que su catálogo incluye textos de contracultura y de resistencia. En ese sentido les queremos preguntar si ustedes consideran que la poesía juega algún papel dentro de esas reivindicaciones que ustedes de algún modo defienden.

 

M: La poesía juega todo un papel allí. A mi personalmente me gusta el decadentismo y algunas cosas del surrealismo. Creo que lastimosamente en Colombia la poesía cae en muchos lugares comunes y hay, además, pequeñas élites. La poesía ha perdido un vasto universo acá. Desencajar eso es muy complicado. Pero yo creo que el ejercicio mismo de saboteadores culturales que tenemos en la editorial es un ejercicio poético. Para nosotros los libros no salen por la editorial sino que la editorial sale por los libros. Entonces la editorial es un cuerpo viviente. Yo pienso que el papel de la poesía en la editorial es muy fuerte. No solo por los libros y las ediciones directamente impresas sobre el tema de poesía sino porque nosotros no pensamos la editorial como una cosa muerta y que revive cuando sacamos un libro sino que la pensamos como un cuestión trashumante y cotidiana. Y creo que ese es un ejercicio poético.

 

C: En esa línea de ser saboteadores culturales nosotros también hemos hecho un par de panfletos que son manifiestos poéticos sobre la edición. La edición es nuestra poesía, es la manera en que nosotros de alguna manera hacemos ese quiebre en la realidad.

 

M: También buscamos romper la visión tradicional de que requiere métrica y otros elementos. En vez de un pleno ejercicio de la libertad, esto construye un mundo de restricción. Entonces jugar con estos contravalores es una forma de la editorial de ampliar la perspectiva. Lo que nos ha pasado, por ejemplo, con los libros de Omar Ardila y de Wilson Díaz ha sido increíble. Son dos autores muy diferentes: Omar es más pulido debido a su trayectoria y Wilson es un autor joven al que le falta un proceso pero eso no significa que su poesía no demuestra ya valor y a nosotros nos alegra ser un espacio para que se dé ese proceso. La misma dinámica de la editorial ha acercado a gente que es, entre comillas, de los grandes a querer editar con nosotros con unas dinámicas que no son las convencionales. Por ejemplo está Juan Manuel Roca, ilustradores como Santiago Caruso, uno de los integrantes de la banda Los Prisioneros que sacó un libro y se interesó por nuestra editorial. Entonces uno queda sorprendido.

 

O: ¿Ustedes hacen lecturas de poesía y eventos de poesía que vayan más allá de la editorial?

 

M: En la librería sí los hacemos. La valija de fuego es una empresa bicéfala. Por un lado está la librería y por el otro lado está la editorial. Pese a que nos cobija el mismo nombre y tenemos afinidades, las dos son independientes. Entonces aquí en el local sí lo hemos hecho: aquí ha habido varios recitales de poesía. Y gracias a las últimas publicaciones de poesía que hemos hecho, nos han llegado a la librería más editoriales que solo se dedican a la poesía. Una realidad en Colombia es que la poesía no vende, pero nosotros buscamos promoverla y estamos pensando en abrir la sección de poesía tanto colombiana como del resto del mundo. La idea es dar ese impulso, que la gente sepa que si sus libros no rotan en dos meses no los dejamos de recibir. Por supuesto hay criterios para seleccionar los libros que promocionamos en la librería, hay poesía que es muy mala a nivel de edición y contenido. Pero en términos generales la idea sí es promover y dar la pelea por la poesía.

 

O: ¿Cuál de estas editoriales les parece interesante mencionar acá?

 

M: El proyecto de Exilio me parece muy interesante. Ellos de hecho sacaron hace poco una antología de poesía homo-erótica.  Lo que era una revista, que ahora es un libro, me parece un trabajo muy bueno y con gusto.

 

O: ¿Nos pueden contar cuál es la historia de gestación de la editorial?

 

M: A mi siempre me han gustado los libros y los fanzines. También hice parte de muchos colectivos anarquistas —de ahí mi vinculación con la poesía. Porque muchos poetas han simpatizado con el pensamiento libertario. Entonces un día conseguí algo de dinero y dije, “voy a hacer algo que me guste en vez de ser un empleado, algo que le abra la puerta a la cultura” y decidí montar la librería. Cuatro años después nos encontramos con dos amigos ilustradores, Jairo Buitrago y Alejandra Céspedes y queríamos sacar libros ilustrados a un precio razonable y no simplemente porque nos cobijara el epíteto de independientes vender los libros mucho más caros. Después se fue Alejandra, después Jairo viajó y a mi la editorial me empezó a generar más inquietudes. Pienso que el lenguaje gráfico no es solamente la ilustración sino que una forma de lenguaje de interpretación también es la edición, la forma de sacar un libro. Ahí empecé a trabajar solo y ya después llegó Carolina hace dos años y ahora estamos en esta fase. Estamos satisfechos porque la editorial ha logrado un reconocimiento.

 

C: Nos llaman de diferentes revistas, de diferentes lugares. Nos han llamado de España y Noruega; es muy bonito ver cómo viajan los libros. Nosotros también hacemos trueques con personas que tengan materiales editoriales parecidos a los nuestros.

 

M: Yo nunca he pensado esto como tener una oficina con tres o cinco personas que corrijan textos, tres o cuatro que diagramen y tener la fórmula perfecta para sacar libros. Esto es algo más de supervivencia y pasional. Ha sido interesante el ejercicio porque, pese a que nuestro lema siempre ha sido “del anonimato al desprestigio”, hemos logrado obtener un reconocimiento que no imaginábamos. En la librería Lerner o en el Fondo de Cultura Económica quieren libros nuestros, así como en librerías de otras partes del país.

 

O: ¿Hay algún proyecto de poesía en curso que le quisieran adelantar a nuestros lectores?

 

C: Como dijimos antes, en la colección de La muerte voluntaria la idea es sacar una reedición de una antología que hizo Juan Manuel Roca de poetas suicidas. Él le agregó unas cosas, le quitó otras y buscó nuevos poetas. Unido a eso vamos a sacar otros textos sobre el suicidio.

 

M: Yo releí hace poco a Stig Dagerman y fue como si me dieran una cachetada porque el tema de la muerte voluntaria me llama mucho la atención. Al releerlo dije “toca editarlo. ¿Hay plata? No, pero toca editarlo. ¿La gente lo va a leer? No sé, pero toca editarlo”. Eso es lo vitalizador de estos proyectos: cuando la voluntad doblega a la realidad.


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