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Juan Cristóbal Mac Lean: poesí­a boliviana



viva buda

 

en vez de tener una sola camisa

tengo cientos de corbatas

cajones atestados y roperos

varios guatos de zapato enormes espejos

me visto muy bien

me visto muy bien lo repiten

las tiernas lavanderas

que en turnos diurnos y nocturnos

lavan mi ropa

 

antes de dormirme apago melancólicos cigarrillos

en mis sábanas trajinadas

y al verme las jóvenes costureras

que en turnos diurnos y nocturnos en vano

las remiendan lloran emocionadas

preguntándome cómo he dormido

 

en vez de tener una sola camisa

tengo cientos

cientos de camisas que varios diáconos

exactamente en los turnos arriba mencionados

bendicen en aguas consagradas y demás inciensos

 

sobre todo me gusta ver y he de decirlo

aunque desdeñe toda confidencia

me gusta ver mi ropa secando al sol

qué hermoso espectáculo

hasta donde se pierda la vista

tantos balcones antenas de t.v.

y hasta estaciones ferroviarias canchas de fútbol

que he tenido que alquilar por los barrios

de las lavanderas tan tiernas

de las costureras tan jóvenes

que me visten emocionadas

 

¿que si soy feliz?

—me preguntan sabios venidos de todas partes

 

pues claro que lo soy

 

y precisamente sépanlo de una vez:

la camisa del hombre feliz

esa famosa camisa

yo se la presté

 

y a veces buda en persona

viene a mirar conmigo

el paisaje

el paisaje

de mi única

camisa

secando al sol

 

—vaya

me dice buda

lacónicamente:

qué bonitas camisas

 

maestro

tómame

tómame

la que quieras

 

aquella, me dice

esa de allá

 

 

 

 

Retrato

 

Yo tení­a tantos años

como los que tiene un niño

cuando está enfermo

y encomendado nada más que a la dulzura

de la madre y el recreo; atento al mundo ese

que la realidad, o la fiebre, disponen

en el cielo

raso.

 

Pero entonces le pedí­ a mi madre

que posara.

 

Ella se sentó al frente

y con los lápices de colores

sobre una hoja rectangular

que sigue cayendo

de todos los árboles del mundo

hice el retrato de mi madre

hice el retrato del alma de mi madre.

 

Qué será de ese retrato

en qué cajón de la vida habrá quedado.

 

Sea como sea, sé que no lo he perdido:

tal vez se asoma entre estas lí­neas

desordena la otra lí­nea de un dibujo tuyo

o titubea en cada gota

que al final cae

en tu jardí­n.

 

 

 

 

Tres cosas en noviembre

 

La mesa

 

La mesa toda

depende apenas

de la justicia de su mástil:

           este florero

           que desordena la lí­nea recta

de la que la luz huye

al sumergirse entre las flores apenas

puestas en la madera de la mesa.

Y abajo el maderamen el naufragio

su herida ley bordada en el tapete,

la carpinterí­a de las barcas hechas tablas

 

           el posible pan

           que hunde la madera.

 

 

 

 

 La luz

 

Atraviesa el cristal viniendo

de no se sabe dónde

e implacable se derrama

sobre el doméstico pacto

de vivir, y clava la sombra

al aire, el florero

a la madera el alma

al cuerpo.

 

 

 

 

Las flores

 

Simplemente están ahí­, entre otras cosas

que hay en la mesa, por mucho que esté lloviendo

        tan desordenadamente

que un rayo de sol cruza la lluvia cruza

        la ventana

        cae

y el pétalo amarillo, descubierto por la luz

queda invadido más allá

sin respirar

cuidando del florero

del mundo   quizá de algo

de la luz.

 

 

 

 

Como aletas de peces

se abren las hojas del cuaderno

letra a letra

aleta a aleta

buscando

en el turbio mar

letras derramadas

o la tinta, también negra

de las caligrafí­as abisales.

 

O como alas de aves

se abren las hojas del cuaderno

pluma a pluma cuidando el aire

que de aire en aire se deshace

de plumas se ataví­a

y sus tachaduras son el viento

su silencio el pájaro que vuela

 

 

 

 

vivo rodeado de visitas

que tí­midas vienen con su balde

vací­o de agua

a preguntarme cómo es el mar

en enero gota a gota ante la pila

visitas dotadas de su modesta plomerí­a

su manantial irremediable

que va regando

las canchas los lotes; decora las ventanillas

que tan descabelladamente

aún piensan en naufragios y

se reúnen aquí­, a la hora del té,

sostenidas en su tí­mida invisibilidad

pactando con el aire transparente

las costumbres del jardí­n

o los horarios de recogida del agua

en el grifo barrial

 

cómo será el mar

vuelven a preguntarme

         mirando al cosmos

atentas a su balde

 

 

 

 

Vea también: Henry Alexander Gómez: Tratado del alba


Noticia Biográfica


Juan Cristóbal Mac Lean (Cochabamba, 1958) publicó los siguientes libros: Paran los clamores (poesí­a), Plural Ediciones 1997, Transectos (ensayos, prosas), Plural, 2002, Por el ojo de una espina (poesí­a), Plural 2005, Fe de errancias (ensayos/prosas), Plural, 2008. Tras el cristal (poesí­a), Plural, 2012. Cuaderno (ensayos/prosas), Plural, 2014. Este aí±o publicará otro libro de poemas y, el próximo, uno sobre poesí­a; el primero está casi concluido, el segundo, haciéndose.

Tiene varios libros traducidos del inglés y el francés y practica cierto tipo de pintura. Ha vivido en varios lugares del mundo, y actualmente, a regaí±adientes, vive en su ciudad natal.



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