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Cinco poemas de Sandra de la Torre



                                                            *Fotografía de Paula Mikaela Tamayo

 

Ven

 

calentémonos alrededor de estas cenizas

ahora que el tiempo no es más

el inicio ni el fin

de todas las hogueras

 

 

 

 

Herbert & Alex

                                                            A los Schlenker

 

Las fauces del obturador engullen su cuerpo

mientras subsiste el último crepúsculo

 

El padre se paraliza ante la mirada

de un lente de un hijo de un dios pequeño

que inventa la vida perpetua en un clic

accede a respirar perpetuamente en su pose

aunque sobreviva también el miedo

 

clic                                           clic

 

clic

 

El hijo quisiera entrar en la caja oscura

exponer sus poros de plata

al milagro de luz que le imprima

la imagen latente del padre

 

Dispara forzándose a componer el cuadro

elige la intersección de las líneas en los tercios

ubica esos ojos cómplices o esas manos

o ese silencio

en el punto exacto de la belleza

 

Se entregan al azar del momento irrepetible

cuando el obturador abre la boca y engulle

la luz antes de que sea tiniebla

el polvo antes de que sea polvo

 

 

 

 

Un tigre

 

Una rama tendida al sol de abril

es mi cuerpo de nudos y astillas

 

Mi tronco en diálogo con la carne

del árbol desarraigado

en medio del bosque

tronco y carne

en el equilibrio del tiempo

como agua quieta la mirada

 

Enraizada mi carne

en la libertad del tigre

en la rama

a la hora de la siesta

con los ojos saciados

de paz

 

Me abrazo al tiempo

gozo la textura de cuerpo entero

me arranco del equilibrio

y es mi recuerdo

un tigre saciado

 

El semáforo anuncia rojo y salta el tragafuegos

 

canta la ópera de la flama

enciende el asombro en su teatro de esmog

 

El equilibrista tiende la cuerda

se orea al sol del Eclesiastés y se afana

seco hace tiempo

balancea su única proeza ante el parabrisas

 

Desfilan las piñas con los ojos descubiertos

listas para el goce

despiertan los jugos pasajeros

se entregan a los apetitos del sillón de atrás

 

El malabarista acaricia la redondez de la dicha

la sortea por los aires

no decide cuándo atraparla

sueña que tiene la perla de gran precio

hecha acaso de fuego

de cuerda floja

de fruta prohibida

 

Entonces la luz se torna verde

y todo es pasar

 

 

 

 

El canto del río llama

 

luz

 

Entran mis pies al torrente

tiemblan con el roce cristalino

 

Veo tu imagen entre la niebla nocturna

no sé si es holograma o memoria

o si tus pasos adivinaron mi ritual de invierno

 

Te acercas y mis labios quisieran ser agua

 

En el cuenco de mi mano caben gotas

las vierto en tus ojos

soy el bautista que asciende el río

a tu cuerpo

 

Mis dedos buscan la luz del torrente

chorreo luz en tu pecho

 

Sería más fácil si te arrodillaras

y dejaras que el agua te abrase

 

Tus manos intentan tocarme

pero me arrodillo

y es el río quien me lleva a su lecho


Noticia Biográfica


Sandra de la Torre Guarderas (Quito, 1971) es poeta, editora, guionista y realizadora audiovisual. Estudió comunicaciones en University of Nothwestern, de St. Paul, Minnesota. En 1998, Integró el Taller Literario de Poetas Jóvenes de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Más tarde ejerció su oficio en los talleres literarios de FLACSO Ecuador y Palacio (I)caza de Palabras de la Universidad Andina Simón Bolí­var. Es cofundadora de Editorial Rascacielos. Su ópera prima en el género lí­rico, El hueco en el zapato, es Premio Nacional de Poesí­a Paralelo Cero 2012. Es coautora del poemario infantil “Cuando cierro mis ojos”, 2013. Ha publicado también el poemario sonoro Otoí±o en Zona Tórrida, 2014 y la antologí­a Amor en el bolsillo, 2015.



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