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Olga Suárez



De Oriente.

 

El caudal del silencio

 

                                                                                                            a Fiorina, siempre

 

La nieve que nunca palpamos flota invisible en tu silencio.

Escalar la cima del pájaro fue mi huida

hacia el paí­s donde las huellas te dejan atrás

para evitar ser conjuradas por una boca sin tiempo.

Me he instalado en el ala del ángel

fuera de la cordura dorada de las cosas,

he llegado a hablar solo de a ratos

en un borde de palabras que asemejan bordados:

crochet, vainillas que el olvido siempre

me oculta.

 

Las palabras se gestaron allí­, entre puntadas

entre hilos, en la silla petisa

con la abuela petisa, que a cuatro ojos coloreaba

fulgores del otoño.

Llamo palabras a horas detenidas

y espero alumbrar la noche.

 

No han nacido aún, sin embargo las presiento

huidizas en la punta de la lengua o la memoria,

como perdigones sin blanco,

estallido de pólvora en mis manos.

No son ni la mitad de la pena los dolores

que se quedan ocultos en la noche.

No son ilusorias las huellas

que móviles se inscriben en mi alma

machacando la furia, entorpeciendo la luz

en espera de verte.

Quién dice que el recuerdo es cristalino,

quién dice que bastó cerrar los ojos.

Es imposible que la imagen permanezca

y no quede reducida a la décima parte

el olor del pan y la manteca.

No te encuentro cuando golpeo el mármol.

No es suficiente lavar tu nombre en la piedra

sostenida por un ángel sin zarcillos

sin oros en el í­ndice,

un ángel que no anuncia nada

a la niña que mira.

No llevé las flores a tu muerte aunque me pediste

que siguiera el recuerdo.

 

Eso a mí­ no me alcanza y maldigo tu muerte,

maldigo las flores y toda la distancia.

 

La nieve que nunca conocimos nos separa.

 

 

 

Piensa

liberarse de estacas,

en el ocaso de la tarde

sueña.

 

Frente al sembrado

aguarda

paciente

el dialecto de los pájaros.

 

 

 

Caranchos en la niebla

 

Las membranas de la memoria

se desgranan

pierden sentido

aúllan en la niebla.

 

Cuánto aguanta un cuerpo

los embates de la impunidad.

 

Horas de desolación que el poema calma.

 

Me resta tu piel

estallar el linde para acariciarte.

Solo poseo

palabras punzantes

para cortar la niebla.

 

 

 

Dido

                                                                                                            a Mariano Acosta

Un espí­ritu, desde mis pies a las pupilas

No me veo delante del fuego en la estirpe del Fénix

ciudad de pie ante el buey, cercada por el éxito,

mi culto.

Ficción de la mujer que reina.

 

Cartago, frente al mar, infinitesimal en la cosmovisión de los hombres.

 

¿Dejarán que gobierne?

 

Sonámbula en la predestinación

deambulo entre dos elefantes funámbulos

ese sueño de bucles ensortijados,

ese hombre de empuñadura.

En el oráculo comienzan los prejuicios

pero quiero liberarme del yugo de los otros

ser una estela en el agua,

taparte los ojos

transformarte en inicio, en  poesí­a.

 

 

 

Helena

 

La niña se ausculta en el espejo

ensaya

las caras del horror.

 

Valerosa Helena, ser fantasma y ser lujuria

en el relato:

yo prefiero el ardor de las sábanas

el tálamo manchado por el fluido del engaño,

el estertor del tiempo fundido al roce.

 

La niña viste ropajes transparentes,

se mece en el idí­lico sabor del sexo.

Tensión del cuerpo que se eriza por completo

hasta arquear el fabuloso órgano

de los sonidos en el tiempo que gime.

 

Helena vuelve a Esparta,

aprieta los dientes:

su piel no olvidará

el beso junto a la muralla

la zozobra

las manos crispadas por el sueño

el vértigo de lo prohibido

sobre el arco del deleite.

 


Noticia Biográfica


Olga Suárez es poeta nacida en Centeno, provincia de Santa Fe, en 1967. Reside en Rosario. Es psicóloga egresada de la Universidad Nacional de Rosario. Dicta talleres de filosofí­a en la escuela primaria. Ha participado desde 1998 de diversos ciclos poéticos y encuentros de la ciudad y alrededores, como así­ también de publicaciones literarias y de psicoanálisis. Coordina el ciclo de poesí­a “los poetas y la memoria”. Ha publicado: Hoja Blanco, Editorial Los Lanzallamas (2000), El vuelo del quetzal, Ediciones de autor (2004), el CD de poesí­a Obertura y su reciente libro Oriente, Alción Editora (2016). Antologí­as: Poetas rosarinos UNR Editora (1999), Los que siguen. Veinte poetas rosarinos, Editorial Los Lanzallamas (2002), 20 aí±os: XX Festival Internacional de Poesí­a de Rosario. Antologí­a poética, Editado por el Ministerio de Innovación y Cultura de Santa Fe (2012).



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