TEXTOS

Anterior
Volver al inicio
Siguiente


Poesí­a del Perú: Renato Sandoval Bacigalupo



Nostos (fragmento)

 

Y vuelvo el rostro y estoy en la ventana a los diez años,

apenas si hay lugar para algún sueño no surgido de pronto en la mañana,

y otros hay que van y vienen a mi espalda, desde lejos

el sol ya no recuerda ese estí­o donde los espejos eran la noche de los ojos,

y entonces yo te miro, madre, con los dos ojos tan altamente cantando

y elevo al cielo el gusto de saber que en mí­ mismo se fugan todas las guaridas,

yo el celador, el policí­a de los grandes dones y de los sables de espuma y palo

blandiendo una y otra vez el amor en los erales,

una y otra vez soy el ladrón, la presa, la lluvia prometida;

y es allí­ que surca al vuelo la piedra audaz, la espada canora,

y yo soy solamente asombro en su belleza de bala proyectándose en sí­ misma;

miro ya sin ver su zarpazo en mi ojo de fruta, la pepa maldita

rodando al acaso, exánime, por la cuesta prohibida de la memoria.

A tientas voy ahora buscándolo entre las matas crecidas en el rostro de mi hermano.

Y ahora mi patria es una nube donde todo es virtual y nunca cierto;

sueño y en el sueño Polifemo cuenta las ovejas, falsas

como el infinito, risueñas porque ellas saben que el vellocino a nadie pertenece,

que hay otro sueño aún dormido después del mar,

y otro más en la cuenca hueca de mis ojos;

allí­ está el pozo de un sueño más perfecto, indeclinable él,

fuente de las fuentes donde agonizan todos mis deseos,

porque soy el argonauta ciego en busca de ovejas despeñadas;

amo la piel curtida y el pellejo ensangrentado bajo las córneas,

ahora que llevo mi ojo en cabestrillo

y cuento con mis dedos el número ganador de la loterí­a.

¡Por fin, por fin gané mi patria sin destino, hacedor dinero de la dicha!

Sí­ que estaban lejos la mujer de al lado, el aliento,

el gesto de la muerte que acunaba rabioso en mis rodillas.

Todo porque sí­;

la razón nunca existió como patrón preponderante;

apenas si el rocí­o aprendí­a a rodar por las lúbricas quebradas del mastuerzo

y el gallo primerizo afilaba su canto en otro matorral.

 

*

 

Ver siempre fue el más verde anhelo y el pensamiento

el oleaje de tul entre la sombra tumultuosa.

Pero si seré ese que yo viera un dí­a escalando los manzanos:

las manos eran peces de limón amargo y en los hombros

una joven testuz reí­a de sí­ misma señalando el horizonte.

El mozo ascendí­a como salmón entre las parvas

y las cigarras silbaban la canción de una fuente que se transformaba en mar.

Está bien zambullirse en el acaso, pensé

sin saber la hora en que empezaba mi serie favorita.

Pero no está bien decir que esta fruta es mí­a

si la rama es quebradiza y vulgar como este sueño.

 

*

 

Ver siempre fue el más verde anhelo y el pensamiento

el oleaje de tul entre la sombra tumultuosa.

Pero si seré ése que yo viera un dí­a escalando los manzanos:

las manos eran peces de limón amargo y en los hombros

una joven testuz reí­a de sí­ misma señalando el horizonte.

El mozo ascendí­a como salmón entre las parvas

y las cigarras silbaban la canción de una fuente que se transformaba en mar.

Está bien zambullirse en el acaso, pensé

sin saber la hora en que empezaba mi serie favorita.

Pero no está bien decir que esta fruta es mí­a

si la rama es quebradiza y vulgar como este sueño.

 

*

 

Otro dí­a vi las entrañas de una piedra, de excursión por un braví­o roquedal.

Era como si una niña me dijese cuéntame un cuento

y yo, desarmado, implorase a Andersen ayuda peregrina.

Pero allí­ al fondo estaba yo acuclillado, chupando el dedo de la muerte,

mientras la savia de la piedra me circulaba en la vejiga

y una música de miel se dejaba oí­r en otras peñas sepulcrales.

Yo sabí­a que uno mismo es un misterio

y que saber demasiado no era de ningún modo conveniente.

De manera que al primer descuido de la piedra me arranqué de sus ví­sceras

y sin pensarlo dos veces puse pies en polvorosa.

Corrí­, corrí­ y corrí­ hasta olvidarme de por qué corrí­a.

Al primer recodo me detuve, deposité en el suelo lo que atenazaba con las manos,

y entonces me vi reptando sobre la arena, alto ya y primoroso,

con corbata y una flor sujetándome el pelo

y al parecer con un poema en los bolsillos.

Parecí­a un destino promisorio, qué párvulo ese Homero, y qué bandido.

Reí­ y reí­ con lágrimas de intenso placer, y las lágrimas formaron una nube

y la nube me impidió ver cómo una lagartija salí­a de su escondrijo,

tragaba al niño en un instante y oronda se perdí­a por donde vino.

No vi nada, pues.

¿Será por eso que dicen que ni el mar ni la muerte nunca lloran?

 

 

 

Poemas de Suzuki blues

 

No digas mañana

si adiós es un tiempo insomne,

la colina un alma ignota

que a duras penas

se yergue y expira,

un espolón alzado al viento

de las sombras primeras,

el rí­o de un dios

azorado en la penumbra.

Cavo ahí­

donde el aire se agosta,

el último bostezo

de una noche en cinta,

el pórtico de luz

suspendido entre la nada

y esa espuma que aprieta

al otro lado del dí­a.

 

*

 

Compasión absoluta

al otro lado del estí­o;

una frente de sangre

ilumina la trocha

que hoy supura en el mar.

No temer, no

reí­r, no

callar el nombre constante

que ahora se desploma, recoger

con el párpado erudito

el sigilo de la hora, la caí­da

inconclusa de quien tanto

se escuece, no

reñir, no pacer, no

santificar al padre ni mentir,

nunca en la gloria, no

callar, no ver, ya no estar

aquí­

no.

 

*

 

En el tejado el nombre

y el oro de los miserables

tan de pronto mí­o que ahora aúllo

de pudor y de quebranto.

La fiesta sin alcurnia

redobla en cada pecho,

nadie en la sala bailando

sin pies y en contradanza.

De los balcones un estertor

que trastabilla en la plaza,

un doble engaño:

rí­e en el sol la última marmita

y a la luna señala

con doble dedo í­ndice en la nada.

*

Apenas no

y el sentido es la luna de hiel

estampada en la orilla de otro miedo

o el mismo gesto

de alientos olvidados

que hoy se elevan

sin pasmo ni perdón.

El ciego de aquí­

es el mismo sordo que antes

dirimí­a las leyes del hastí­o

y de la ira, cerca

ya la alabarda de la noche

y el celo en paz de la parda mora.

Esas manos, esas manos

serpenteantes en este pecho de plata

turban el ojo antiguo

que en ellas se pierde

cuando calla un violí­n.

 

 

 

Biblos (Lí­bano)

 

Doble afecto

para el que ve lo mismo:

escarpada es la planicie del ojo

donde se cuecen todos los deseos.

Ahí­ te vi sobre una zarza

airada entre los cedros pusilánimes

de la desidia y el error.

El valle de las sombras en vilo

y esos naranjos de tiempo

que solo sabe a sí­

son una deuda de palabras,

el oro maronita

que no se entrega

ni nunca más nos salva.

Frente al mar Biblos desciende

por los ralos papiros de la hora tercia

y bate las peñas contra las olas

de un minarete sumergido.

 


Noticia Biográfica


Renato Sandoval Bacigalupo (Lima, 1957). Estudió Lingí¼í­stica y Literaturas Hispánicas en la Pontificia Universidad Católica del Perú y completó estudios doctorales en Filologí­a Románica en la Universidad de Helsinki de Finlandia. Ha publicado, en poesí­a, Singladuras, Pértigas, Luces de talud, Nostos, El revés y la fuga y Suzuki Blues, los tres últimos recogidos en Trí­pode (2010) y Prooémiun mortis (2016). Tiene en prensa Cámara esférica. Poemas suyos han sido traducidos al francés, alemán, italiano, danés y finlandés. En ensayo, El centinela de fuego, libro dedicado al poeta simbolista José Marí­a Eguren, y Ptyx: Eielson en el caracol. En el campo de la traducción, son conocidas, entre otras, sus versiones de Pavese, Quasimodo, Tabucchi, Arnaut Daniel, Tieck, Rilke, Kafka, Sí¶dergran, í…gren, Haavikko, Saarikoski, Dinesen, Boberg, Drummond de Andrade, Líªdo Ivo, Paulo Leminski, Sylvia Plath, así­ como un par de piezas de teatro escritas en francés por César Vallejo y una antologí­a de cuentos de Quebec (Canadá) bajo el tí­tulo La mano de dios. En 1988 obtuvo el primer premio de “El cuento de las mil palabras”, del semanario Caretas, y en 2015 el Premio de Bronce de Copé. Dirige la editorial Nido de Cuervos y las revistas Evohé y Fórnix. En la Pontificia Universidad Católica del Perú dicta, alternadamente, Literatura Alemana, Literatura Nórdica y Literatura Francesa Medieval. También enseí±a en la Facultad de Humanidades y Lenguas Modernas de la Universidad Ricardo Palma. Ha sido coordinador del Fondo Editorial del Ministerio de Cultura del Perú. Es director del Festival Internacional de Poesí­a de Lima (FIPLIMA) y de la Asociación Fórnix-Poesí­a, que lo organiza. También es miembro del comité coordinador del Movimiento Poético Mundial.



Articulos relacionados