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Poesí­a argentina: Gabriela Schuhmacher



Las tierras blancas

(¿Dónde yaces, padre?)

 

Cuando era niño

el rí­o estaba prohibido,

se atisbaban especies oscuras,

en mi almohada una pluma de garza

era hundida por el filo de un hacha

y una noche tuve el impulso

de llevar al rí­o la pluma partida,

dejarla que flote.

Cuando era niño preguntaba:

¿duerme, mi padre?

y corrí­a ligero a tu cama vací­a,

cama con colchón de hebra abierta

por las aguas. Ya no cantabas:

los cauces de las tierras bajas

transgreden la blanca extensión.

 

 

 

 

Casa de barro

 

Salimos de la casa temprano,

mi hermano y yo,

el instinto pulsó

el momento de emigrar

tras el umbral de barro,

cáñamo y ropa tendida.

La puerta se cerró en un vaivén leve,

como todos los dí­as,

y alguien desde su interior dijo:

será la última vez.

 

 

 

 

El olivo

(Padres, ¿por qué me han desamparado?)

 

Mi madre dijo, nos vamos, y yo

que jugaba en la galerí­a con mi perro,

no entendí­. El aleteo de la noche

evoca en su sordera un mismo nido.

¡Estoy bajo el olivo!, el que trajo Alcides

durante el ayuno por el regreso de su hijo.

¿No creen que deberí­a saber

cuál es el lugar que eligieron?

Desaparecidos, acá la silla de mimbre

mira al puente de madera, a la vieja

ensenada y a los chañares, ¿qué puedo

esperar del arroyo, acaso vendrán

como las ranas y las aves más grandes,

cuando se cierre la noche? ¿Qué noche?

Mi perro no alienta apariciones

y yo sigo saludando lejos. Nos vamos,

le dije a mi perro y él me siguió.

Madre, yo sabí­a cruzar la cañada

con rama de olivo verde en los pies.

 

 

 

 

Coro de ánimas

Al búho del olivo

 

Ave negra que traspasaste un dí­a

el descanso del padre,

violaste las leyes de tu especie

y sigues en los árboles.

Lo sabemos, prefieres la rapiña

y devorar en pleno vuelo.

 

 

 

Diálogo del hijo

con el coro de ánimas.

 

 

 

 

El fuego

(Oigan, ¿qué sostiene la tensión armónica?)

 

— Se enciende en la medida justa

que se apaga, pero desconozco

cuál es su agente inmóvil,

acá, sin padres, entre las llamas

de ancestros, arde el marrón

de la sangre después de soltar

los cactus sus paletas. No hay leña,

derribaron los árboles del camino,

las tunas serán el recuerdo

de algún fuego, el que corrió

antes que yo y regresa

sin develar qué lo mueve.

El agente increado está cerca,

en las ausencias de contrafuegos.

Trae con el polvo

la medida justa de mi padre,

el dulzor de los tunales pelados

por mi abuela, el desorden que estibó

mi madre en invierno, los pasos

circulares del amamantamiento.

—Lo sabemos, todo es fuego.

 

 

 

La noche avanza

con cuerpo de paloma aventada

y junto a su hermano muerto,

el hijo habla al coro de ánimas.

 

 

 

 

Cantos de cuna

(Nuestra madre nos dijo:

duerme, duerme niño hermoso

que el cielo ya bajó)

 

—Es aquí donde nacimos,

con resinas de pino en la cara,

bajo la cruz clavada que reza:

esta es tierra de espectros.

—Somos estrellas que anidan

en los cielos yacentes,

resignados a la suerte

de ser arrojados sin vuelo.

La muerte detiene el sentido del sueño

y cantamos despiertos

los acordes del semblante en sal,

su tumba errante.

Somos los que mecen la tierra afónica,

los lazos de sangre

destejidos entre semejantes.

—Hijos extraviados en campos de cactus,

es aquí­ donde vivimos, con arrullos de luces

al borde del camino,

donde las palomas se pierden sin horizonte

y el nido se rodea de voces.

—Construiremos la cuna con rosa y jazmín

pero ahora, a dormir, todos a dormir.

 

 

Vea también: Del Triángulo de la Bermudas a Lisboa: 18 poetas puertorriqueños.


Noticia Biográfica


Gabriela Schuhmacher. Nacida en la ciudad de Santa Fe, provincia de Santa Fe, Argentina, donde vive actualmente. Publicó en el aí±o 2016 su primer libro de poesí­a “Cantos del Norte” (Editorial De l´aire, colección la Herida Fundamental). Obtuvo el 2do premio de la VI edición del Concurso Nacional de Poesí­a 2016 “Paco Urondo” de la Ciudad de Villa Marí­a (Córdoba): plaqueta “Todas las miradas”, con una selección de cinco poemas del corpus inédito “El perro de la infancia y otros poemas”, y así­ también el 2do premio de la V edición del concurso literario 2016 “Vicentí­n”, género poesí­a, de la ciudad de Avellaneda (Santa Fe) por el poema “Schistocerca paranensis (Langosta peregrina)” del corpus inédito “Puros e Impuros (Trí­ptico en caja entomológica)”.



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