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Keila Vall de la Ville



Robitussin AC

 

Andabas como un galgo

olfateando luces de turno

asombra cuántas podí­as encontrar

en una noche

ibas de caza y veí­as a la distancia

un Robitussin AC por favor.

 

Después eran los brillos

la garganta dormida

las horas en el sofá escuchando Cocteau Twins

Belmont y Coca-Cola

el placer tiene tantos nombres.

 

Parecí­a haber neblina en la sala.

 

Entonces una ambulancia

un doctor descarriado

tení­an otro sentido. Las agujas

el alcohol isopropí­lico

querí­an decir algo distinto.

 

Se asombrarí­an

eras un galgo

costillas

hocico

no eras sexy

 

Eras

la ronquera del dí­a después

el disco compacto por estrenar

la caricia que llegaba

sin pedirla

en buen tempo

entre el humo

y los sonidos del asombro.

 

 

 

 

Periferia

 

Permeable a sí­ misma

esta soledad

impecable

se conforma consigo

contigo

frente a la ventana.

 

Es reversible,

in & out da igual.

Periferia que te protege

centro

árbol

ombligo del mundo.

 

Veo una muralla.

Afuera

es acá.

 

 

 

 

Paradoja

                                                            Para R.A.

 

Ayer

con el insomnio afilado

pensé en mi sueño

que es tu tiempo.

 

Cuando yo duermo tú te encuentras.

 

Mi sueño te crea

te organiza

se vuelve mapa.

Si despierto ya no estás.

 

Somos una manera de decir

 

paradoja

que es una extraña

palabra.

 

 

 

 

Free jazz

 

Frente a los rieles del tren espero

escucho, se arrastran las ruedas, acaricia el cepillo

un plato de metal.

El hijo con fiebre en casa me mira de lejos. Algo

algo debe hablarme.

El reflejo en la ventana del vagón muestra el escote hoy más pronunciado

que cubro. Abrigo el pecho niño con fiebre tren a la universidad.

Falta una pista, la pieza que engrana todo esto no está

raspo la superficie, subterránea, un poco más

¿qué estoy dejando de mirar?

Ayer dijo tenerme miedo, sentí­ hundimiento plexo solar

por culpa del fantasma y mis garras y esta manera de ser,

emocional.

Dijo señalando con sus deditos hacia mis pupilas Siento miedo

a estos cí­rculos negros

en cada ojo.

Todos, respondí­ aliviada por la mancha que compartimos,

Todos tenemos. Yo serí­a incapaz

de dañarte, añadí­, y era un rezo. Siento miedo yo también

pensé, la contención es el tema.

Garra niño con fiebre escote

tren a la universidad en la ciudad de Nueva York

despecho que cubro hoy.

Algo

una clave un mensaje.

Henry dijo que se llamaba el hombre con cuatro

e insistió cuatro dí­as de hambre

cuando lo vi pasar tras mi imagen en el vidrio,

tal vez fue antes o después de cubrirme las tetas que de nuevo en el vagón

Henry pasó repitiendo gracias, gracias,

gracias

gracias.

Todo lo hace o lo dice cuatro veces Henry.

Será la inanición, estará confundido

o se repite por temor ante la precariedad

del público asistente, errante.

Insiste por si alguien le escucha al fin el tema.

En Washington Square me duelen siempre

los hijos que en el momento no estoy cuidando

tantos coches tanto parque despelleja.

Un cinturón de seguridad protege a la anciana en silla de ruedas

de su inminente derrame en plena calle

cruza en la pizzerí­a y se pierde.

La imagen descontrolada estalla, hago memoria inmediata, la correa de seguridad

que recién miré, hebilla de acero rectangular, cinta negra poliéster

proviene de un asiento de avión. Cuánto apocalipsis.

Lo único claro en todo esto es que estoy muriendo,

en la plaza donde espero una señal

el fluir me lleva improvisando como polen como

cable de electricidad.

Que me importe lo que importa

mantener los ojos, los oí­dos bien dispuestos

es lo único que pido cuando pido algo a la corriente que me ha traí­do hasta acá.

El brillo me atraviesa

niño enfermo ojo y miedo, fiebre tema plaza universidad

avión que se estrella

pecho despecho en el roce de la baterí­a que me anestesia.

Algo

algo me anuncia que ahora mismo, no te miento,

ahora mismo lo siento desde la médula, como un desmayo compungido

en este instante mis células están muriendo

ahora mismo te aseguro

mis células, yo

estamos muriendo encandiladas.

 

 

 

 

Margot

 

Anoche entró a la cocina.

Pinchó un higo

con el alfiler

y dijo algo,

yo no sé.

Yo dormí­a.

 

A veces es fácil traerla de visita.

La muerte no me queda lejos

hace falta, por ejemplo

un kilo de higos con su cruz

azúcar poco a poco

vigilancia.

 

Hacen falta unas flores menudas color morado.

Menudas. No pequeñas.

 

Anoche, entre las sombras,

el vapor de la olla en reposo

recorrió habitaciones

acarició mis libros.

Perfumó mis cabellos como su mano posándose

en mi frente.

Calmó la duda.

 

Hoy los higos se volvieron palabras

 

palabras traslúcidas            suaves

de un verde brillante llegado desde el sueño

el sueño largo de Margot.

 

Abrí­ los ojos y envasé mis higos.

Sus higos.

 

 

 

 

In illo tempore

 

El inicio puede ser

sonido tenue

 

un zumbido

 

semicorcheas susurrando

en la panza de una vasija.

 

No todo comienzo es big bang

tal vez ninguno lo fue

 

Escarcha

 

suena también la escarcha

al caer sobre el papel

 

entra sin miel una abeja

irrumpe su aleteo

mil veces explota

penetra el mundo

 

lo expande

se vuelve herida que me emplaza

 

cada punto

en la circunferencia

lo auspicia todo

otra vez.

 

 

 

 

Vea también: poemas de Thomas Harris, autor chileno.


Noticia Biográfica


Keila Vall de la Ville (Caracas, 1974). Autora de la novela Los dí­as animales (OT Editores, 2016), el libro de cuentos Ana no duerme (Monte ívila Editores Latinoamericana, 2007; Editorial Sudaquia, 2016), el texto crí­tico en edición bilingue Antolí­n Sánchez, discurso en movimiento: del pixel, al cuadro, a la secuencia (en imprenta Editorial La Cueva, 2016), el poemario Viaje legado (Bid&Co 2016). Antóloga de la compilación bilingí¼e Entre el aliento y el precipicio. Poéticas sobre la belleza (en imprenta Editorial ígneo 2016). Fundadora del movimiento “Jamming Poético” (2011 al presente, Caracas), y co-editora de las plaquettes Mermeladas para llevar I, II y III, y de la Antologí­a 102 Poetas en Jamming (OT Editores, 2014). Incluida en las antologí­as Tránsitos: antologí­a poética venezolana (en imprenta Editorial ígneo, 2016); Basta! 100 mujeres contra la violencia de género (Fundavag, 2015), 102 Poetas en Jamming (OT Editores, 2014), Miradas y palabras sobre Caracas, para bien o para mal (Una Sampablera, 2013), Cuentos contados (NYU, 2013), De qué va el cuento: Antologí­a del relato venezolano 2000-2012 (Alfaguara, 2013), y en las compilaciones de la “Semana de la Nueva Narrativa Urbana”, del “Concurso Nacional de Cuentos SACVEN” (2010), y del “Premio de Cuento Policlí­nica Metropolitana” (2011). Es Antropóloga (UCV), Magister en Ciencia Polí­tica (USB), MFA en Escritura Creativa (NYU), y MA en Estudios Hispánicos (Columbia University).



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