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José Antonio Cedrón



Fue de noche, tan frí­o, entre columnas anchas

después de habernos dado en la boca en los dientes

como un temblor nos vimos,

habí­a tanto y poco como en este presente

pasado sin saber.

Recogimos vestido para el viaje,

resistente vitualla, zapatos que duraran

la pasión del camino, dí­as y noches semejantes.

Nos llevamos las cartas, los planos, embarcamos

y nunca imaginamos que aquellas pertenencias

fundarí­an ciudades, darí­an hijos, vientos,

estaciones de lluvia.

 

Aquello que era apenas una ilusión formada

a orillas de tu cama –donde pasan los ríos de un país–

crearí­a un delirio jamás domesticado.

Nunca pensé que fueras un espesor de sombras

que turbara los ojos,

el matiz de una ausencia que no puede escribirse.

Pasamos turbulencias, el azar intrigaba

yo tení­a gitanas en mis manos

cruzaban por sus lí­neas

y eran como el olvido

que vení­a a buscarnos

y nunca supo nada de nosotros.

 

 

 

 

La propuesta

 

Podemos conocernos, viajar tres mil kilómetros,

diez mil, o tantos más.

No quiero ir a la luna.

Allí­ hace falta mucho entrenamiento,

equilibrio en la dieta y en los gestos,

educar al silencio,

aprender a comer, a caminar.

Respirar solo.

Quedemos aquí­, donde lo que se lleva y trae

el viento,

una que otra esperanza.

Cosas que todaví­a pueden ser soñadas.

Aquí­ tenemos árboles, canciones,

las orillas del mar.

La suerte viva.

Quedemos aquí­: la piel, las manos libres.

Pongamos esa música y te invito a bailar.

A la luna se viaja en los boleros.

 

 

 

 

Las parejas se separan por celos/ por infidelidad/ por

estrategia/ porque piensan que se equivocaron o porque

están seguras de que se equivocaron.

Las parejas se separan por envidias/

falta de ingenio/ bienes inmuebles.

Porque quieren montar a su antojo

el caballo de su majestad.

Las parejas se separan porque sus padres

porque sus familiares/ porque sus amigos

porque sus terapeutas/ porque la distancia.

Las parejas se separan porque su trabajo

porque la educación de sus hijos

porque el adiestramiento de sus perros.

Las parejas se separan por ignorancias

por lo que dicen sus fantasmas/

las lí­neas de sus manos/ las cartas del tarot/

la borra del café/ su catequista.

Las parejas se separan por exceso de amor

o de mentiras/ por el amor insatisfecho/

por lo que cada cual cree del amor/ de la pareja.

Las parejas se separan porque nunca pudieron

trascender lo que infieren/ el azar/

las representaciones del crepúsculo/

lo que dicta el silencio.

Las parejas se separan porque la vida es dura/

dicen/ la realidad invencible.

Las parejas se separan porque idealizan

lo imposible, pero no lo saben.

Las parejas se separan porque están separadas

y necesitan confirmarlo.

Las parejas se separan porque la perfección

no existe/ porque la eternidad no existe.

Las parejas se separan por carta/ por teléfono/

por radio/ por tv/ por correo electrónico.

Las parejas se separan por falta de dinero/

de proyecto/ de mundo. O porque descubren

“incompatibilidad de caracteres”/de gestos/

de sueños/ de “usos y costumbres”.

Las parejas se separan para no interrumpirse/ dicen/

para no encontrarse/ para no explicarse/

para no olerse más/ para que nadie atienda

su teléfono/ ni vea su correspondencia/

ni sepa lo que gana.

Las parejas se separan por cambio de ciudad/

de ideologí­a/ de religión/ de sexo.

Y así­ poner a prueba la contención de sus í­ntimos.

Las parejas se separan para saber más tarde

que no lo fueron nunca/ y también se separan

para olvidarse de la separación y poder separarse.

Las parejas se separan porque no saben leer

arquitectura/ historia/ geometrí­a

y al llegar el invierno no saben lo que hacer.

Las parejas se separan por experiencia/

para acabar con el eco de la educación sentimental/ para

ganar lo que perdieron

en el nombre del padre/ porque su cobardí­a

es más valiente.

Las parejas se separan porque se descobijan/ dicen/

porque ya todos saben.

Las parejas se separan por supersticiones/

por reducción de plantas industriales/

por excesos de alcohol/ y de pelos caí­dos

en la ducha.

Las parejas se separan porque se abruman

de ser dos/ para mirar tres dí­as los ojos

de Chagall/ tatuarse el corazón/ pintarse el pelo.

Las parejas se separan porque se desalunan

con dolor, pero el sí­ntoma es mudo/

porque nunca supieron/ porque nunca aprendieron/

porque se lo merecen.

Las parejas se separan para no ser olvidadas/

para no compartir ningún espejo/

para desencarnarse del pasado que anuda/

para no envejecer.

Las parejas se separan porque tienen un solo paraguas/

dicen/ la verdad de su lado/

el tiempo de su lado/ la virtud de su lado/

los sueños de su lado.

Las parejas se separan porque la piel es joven/ porque la

madurez no basta.

Las parejas se separan porque los dos son buenos

pero la bondad no alcanza.

Las parejas se separan porque las derrotó

la dictadura.

Las parejas se separan porque las derrotó el exilio.

Las parejas se separan porque la patria es primero/

porque la poesí­a es primero/ porque la intimidad

es primero/porque la soledad es primero/

porque la libertad.

 

 

 

 

Pequeña Cosa

                                                            De Este Lado y del Otro

 

Si no tuviera alas como tiene

si no hablara y cantara

si no fuera de fiesta de velorio

si no amara tus piernas como ramas de un niño

si no tuviera acaso componentes polí­ticos

estarí­a diciendo que el corazón

es sólo el corazón

no esta mancha que cambia pasos bodas y viajes

no este pájaro huido que carga una maleta

pesada como pueblo

no esta sombra que emigra en mala hora

qué va.

 

 

 

 

Me estarí­a tendido en una isla

como cuando los pájaros quedaban

al alcance de los ojos.

Podrí­a relajarme viendo cómo las proas

se alejan del pañuelo.

Podrí­a, en silencio, oí­r mi respiración

oyendo el viento o el mar

o el aullido de los lobos que no conozco.

Aquellos de los bosques.

Y quisiera ser algo de lo que creo que soy

y lo fuéramos, juntos.

Quisiera oí­r el ruido de algún tren.

Pero estoy acostado sobre el piso

de una ciudad quemada

que ha bajado la voz por un momento.

Es tarde.

El animal entero desocupa los músculos

y con su carne lisa de tensiones

busca el refugio de los hombros y la almohada

como un recién nacido.

Estirando la mano hasta tu pelo

juega con alivio.

Al oí­do te escucha desmadejar el dí­a

pero sobre la piel, í­ntimamente.

La luz de la colilla rueda sola,

el rumor atrapado junto a lo que quedó

sobre el mantel, a oscuras.

Y las proas de siempre, de después

el viaje por las claves del que nunca podemos abusar.

Aguas cerradas… ¡cómo será esta tregua!

Pregunto por la felicidad secreta

de esta intimidad que llega

harta del dí­a.

Pregunto por mi nombre

y hago un esfuerzo enorme

porque me alcance la voz.

Darí­a mucho más, te lo aseguro.

Robarí­a, tal vez.

 

 

 

 

Vea también: Edilson Villa: elogio a las mariposas


Noticia Biográfica


José Antonio Cedrón nació en Buenos Aires, donde comenzó a publicar en la década de los aí±os 70, e integró la mesa directiva de la Agrupación Gremial de Escritores Argentinos. Vivió una primera etapa fuera de su paí­s obligadamente más de una década en diversos paí­ses de América Latina.

En Venezuela trabajó como docente (educación básica) y en la revista Los Libros. En México fue coordinador de Bibliotecas de Investigación en el Archivo Histórico de Puebla. Luego trabajó cinco aí±os en la Universidad Autónoma de Puebla. Seleccionó y compiló los cuatro tomos del libro Sucesión rectoral y crisis en la izquierda, y es autor del capí­tulo sobre Haití­ en el libro América Herida y Rebelde, y del documento Guatemala: el proceso de diversificación del movimiento revolucionario visto por el PGT. Posteriormente, en los aí±os 90, en la Ciudad de México, fue coordinador de Ediciones del diario unomásuno, y editor de la Revista Este Paí­s. Publicó los poemarios La tierra sin segundos, De este lado y del otro, Actas, Vidario, Circuito interior. Y el reportaje novelado El Negocio de la Fe. Parte de su obra fue traducida al francés, inglés, portugués, italiano y catalán. Obtuvo el II Premio Concurso Cincuentenario del Periódico Alberdi (Buenos Aires); la Primera Mención Honorí­fica Premio Latinoamericano de Poesí­a Rubén Darí­o (Nicaragua); Mención Premio Carlos Pellicer para obra publicada en México, y el Premio Nacional de Poesí­a de México, Sinaloa. Trabajos suyos fueron musicalizados en Argentina, México, Espaí±a, Nicaragua y Costa Rica. Realizó espectáculos de café-concert con poemas y canciones y grabó discos con la participación de los músicos Carlos Dí­az Caí­to, Rolo Taubas, Nobilis Factum, Helio Huesca, Ofilio Picón, Nimbus Jazz, Raquel Oyola, Marianne Friederichs, Delia Caffieri, Adrián Goizueta y el Grupo Experimental, entre otros.Intervino como jurado en los Premios Latinoamericanos de Poesí­a de la Revista Plural y Alfaguara. Trabajó en el área de Educación e Investigación Artí­sticas del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) durante cuatro aí±os. Como docente, impartió en el Diplomado de Creación Literaria de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem), y tuvo a su cargo la cátedra Lengua y Comunicación para maestros que cursan Docencia en Artes en el Centro Morelense de las Artes (CMA) de la Ciudad de Cuernavaca, Morelos. Actualmente reside en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.



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