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Susana Benet: once poemas



                                                            De Lo olvidado

 

I

 

Motas de polvo.

Una brizna de luz

enciende el aire

 

 

 

 

Acuarela

                                                            A Gabriel Alonso

 

Te has ido y has dejado

apoyada en un mueble

tu última acuarela

con sus colores húmedos,

fresca luz que traspasa

el peso de las sombras.

 

 

 

 

III

 

Amanecer.

Todas las hojas vueltas

hacia la luz.

 

 

 

 

Tres en raya

 

Parece que los gatos

andan inquietos esta tarde

de pronto oscurecida.

 

Con paso silencioso

exploran los rincones de la casa,

olfatean el aire tensando las orejas,

atentos, excitados.

 

Los tres, con indolencia,

se mueven, se entrecruzan

ejecutando un juego, una danza

sutil y misteriosa.

 

Sobre un eje invisible

que atraviesa el salón

se acomodan los tres, equidistantes.

 

Inmóviles reposan

hasta que el rayo, repentino,

estalla en el cristal de sus pupilas

y rompe en un instante

la exacta formación.

 

 

 

 

V

 

Cuánto agradezco

que la acacia en verano

sombree mi puerta.

 

 

 

 

La mirada

 

Qué difí­cil fijar

en algo la mirada.

Como un veloz insecto

se mueve entre las cosas

y, aunque alguna parezca

retenerla, hay algo

más allá que la incita

a proseguir su vuelo.

 

Absurdo frenesí­

que impulsa nuestros ojos

a girar y girar

en caprichosa danza,

mientras la mente absorta

se adentra en un profundo

vací­o sin figuras.

 

 

 

 

En el hospital

 

Hay sombras que se inclinan

en torno a ti, un cí­rculo,

una frí­a muralla

que cauta te protege

de afectos peligrosos.

 

Como una intrusa atisbo,

a discreta distancia,

el perfil de tu cuerpo

bajo la leve sábana

que al deslizarse muestra

de pronto, ante mis ojos,

la blancura intocable,

tu hombro desnudo.

 

 

 

 

Lo olvidado

 

Como amo los lugares olvidados.

La calleja que ya nadie transita,

el í­ntimo cobijo de las cuevas,

el fondo rumoroso del barranco

donde el agua se estanca y los insectos

tejen islas brumosas e el aire.

Tenderme en el pretil de antiguos puentes,

revestidos de zarzas y hojarasca

y escuchar cómo zumban las abejas

en la calma fragante del romero.

Acercarme al misterio de las casas

donde no habitan más que los rosales.

deshojándose lentos en la tierra.

Internarme ligera en la espesura

de secretos parajes, donde el paso

ávido de los hombres no perturba

la paz de los guijarros, ni el festivo

desfile del espliego por las sendas.

Y atravesando el filo de la tarde,

emprender el camino de regreso

sintiendo que, de pronto, me acompaña

la vacua plenitud de lo olvidado.

 

 

 

 

IX

 

No está el colegio,

pero ha quedado en pie

la buganvilla.

 

 

 

 

Vendrá

 

Vendrá como la lluvia,

certera y silenciosa,

como el seco perfume

del tallo que se quiebra.

Saltará por encima

del muro, como el aire.

No agitará su roce

la calma de las aguas,

ni el polvo que se posa

ligero en el umbral.

No alterará el ajeno

reposo del durmiente.

Apagará de un soplo

el verdor encendido

de las enredaderas.

No zumbará el insecto.

El pájaro, en la sombra,

recogerá sus alas.

 

 

 

 

X

 

Bolsa de plástico.

Alguien dejó olvidados

unos limones.

 

 

 

 

Vea también: Hugo Mujica


Noticia Biográfica


Susana Benet (Valencia, 1950). Ha publicado los poemarios: Faro del bosque (Pre-Textos, Valencia, 2006), Lluvia Menuda (Comares-La Veleta, Granada, 2011), Huellas de escarabajo (Comares-La Veleta, Granada, 2011), La durmiente (Pre-Textos, Valencia, 2013).

Ha sido incluida en diversas antologí­as de haiku y revistas literarias, habiendo obtenido el Primer Premio de la Asociación Mundial de Haiku 2013 (Medellí­n-Colombia) con su colección de haikús: Ráfagas.

Como acuarelista, ha ilustrado su libro Jardí­n (Krausse, Valencia, 2010)

Es co-autora de la antologí­a de haiku: Un viejo estanque (Comares-La Veleta, Granada, 2013).



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