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"Mística del tabernario" de Raúl Vallejo: nota de Xavier Oquendo y selección de poemas



Mística del tabernario de Raúl Vallejo Corral

Premio José Lezama Lima 2017

Casa de las Américas

La Habana – Cuba

 

 

Por: Xavier Oquendo Troncoso

 

 

El primer acercamiento que tuve a la obra de Raúl Vallejo fue ya hace muchos, cuando era estudiante de comunicación en la FACSO y cayó en mis manos la antología de cuentos Manía de contar, publicada por Libresa. Me llamó terriblemente la atención esa caprichosa forma del uso de la ortografía, ese ritmo intenso y esos personajes que se iban afinando hasta llegar a su famoso y tan leído “Fiesta de solitarios”, donde, pienso, comienza a ejecutarse la gran sinfonía intertextual de Raúl Vallejo. He leído también sus tres novelas: Acoso textual, El alma en los labios y una de sus últimas, la magistral Marylin en el caribe. Tuve la suerte de asistir a la presentación de esta última en Bogotá, en la Feria del Libro, en donde pudimos notar el gran papel que tuvo Vallejo en la vida cultural bogotana y el enorme afecto que le tienen en esa ciudad tanto a él como a su obra.

 

Ha sido en Bogotá donde he podido saludarlo muchas más veces de las que he podido hacerlo en Quito. Gran anfitrión y extraordinario Embajador del Ecuador, siempre estuvo presente en los actos culturales a donde llegaron representantes de su amado país.

 

He leído sus tres libros de poesía anteriores a este. En ellos se confirma lo indudable. Raúl es un gran escritor, un multifacético, una mente renacentista en las formas.

 

Este, su último trabajo, Mística del tabernero, pienso que es un poemario de poemarios. O mejor dicho, es un libro conformado por 10 cuadernos y un epílogo. Y también es, a mi modesto parecer, su mejor libro, su más sincero e impecable trabajo lírico.

 

La primera parte del libro es una suerte de conversación entre varios personajes/prototipos de poetas: está un poeta indignado, un homo libidinosus, un poeta manteño-huancavilca (en él asoma el poeta cortado en su biografía), un cronista postcolonial, un poeta purísimo, antipoetucho, un criticón literario y hasta un tuitero poeta. Me imagino que el poeta, el autor, se ha repartido en todos esos personajes. O mejor aún, ha partido a sus amigos, a sus conocidos en la escena, consiguiendo una tertulia de taberna.

 

Juan Gelman decía que el gran tema de la poesía es la poesía misma. Pareciera que en el libro “Mística del Tabernario” se ratifica esta aseveración. A propósito de Gelman, noto que las preocupaciones estéticas y poéticas de Vallejo se reducen cuando habla de la función de la escritura frente a la realidad. Dice: “¿Para qué la poesía si 1.500 millones de personas vivirían con menos de un dólar al día si estuviéramos en 2015?/…/ sin embargo, escribo con vergüenza, escribo…”; esto me recuerda a la impotencia del poeta frente a la realidad. Otra vez recuerdo a Gelman con su poema “se sienta a la mesa y escribe/ con este poema no harás la revolución”…

 

Desde su novela Acoso textual, ha elastizado un tema vinculante siempre sobre las redes sociales y la literatura, como una especie de nueva realidad. De hecho, escribe un poema que se llama “Facebook” y otro “Tuits”. En el poemario vuelve a aparecer el tema protagónico en uno de los cuadernos de poesía que integran el libro: “De la escena en las redes sociales”, en donde se deja notar un aire citadino. Los poemas son descriptivos, como postales urbanas.

 

El tercer cuaderno “Procreación de identidades” juega con la idea de los miles de personajes que los seres humanos podemos ser. Y más los creadores que siempre estamos dejando ciertos detalles abiertos en personajes creados por nosotros. Como si fuera un juego de las máscaras en una fiesta modernista. A propósito de esto, ahora recuerdo un bello ensayo de la crítica cuencana María Augusta Veintimilla sobre las máscaras en los poemas de los poetas modernistas nuestros. La propuesta de Vallejo con la poesía es responder y preguntar. Desnudar y vestir. Decir y silenciar.

 

En el libro constan además un par de poemas largos, que se podrían leer como un tríptico de afectos, en donde la voz poética, contenida en su propia expresión, realiza un monólogo al padre, a la madre y al hermano. En ellos se reflexiona el origen, la muerte, el asombro de la belleza, el amor filio, el destierro, el dolor, la vida. Se suele decir que los poemas a la madre son textos mucho más fáciles de elaborar que los del padre, porque siempre hay un conflicto sentimental entre el amor paterno-materno.

 

En el cuaderno “Poesía urgente para un mundo sin poesía”, hay una reflexión entre irónica e hilarante sobre los problemas sociales que le han motivado a escribir. Y esto me hace pensar que el poeta se mueve en muchas aguas de la temática netamente poética. No le tiene miedo a pasar por distintas formas y tratamientos e, inclusive, se siente cómodo en alguno de ellos.

 

El siguiente cuaderno: “Salvador Allende andando libre por las Alamedas” tiene el poder lírico de la transtextualidad. Hay voces distintas en el trascurrir del texto, siempre enseñándonos una voz poética muy lucida y casi nada intuitiva. Su poesía nace, a mi juicio, más de la reflexión y el conocimiento que de la intuición. Las dos formas me parecen muy respetables.

 

En el último cuaderno: “Cuitas de amor por Colombia”, declara lo que ya se veía llegar a lo largo de todo el libro: la gran influencia que tuvo su estancia en Colombia. Y eso se nota muchísimo. Siempre hay versos que le guiñan el ojo a la idiosincrasia colombiana. En este cuaderno hay un poema estupendo llamado “Elogio de la belleza de la mujer colombiana” en donde, aupado en el humor más socarrón e inteligente, resume esa admiración. Y claro, su gran pasión por la obra inmensa de Cien años de Soledad y su emblemático autor, más la relación afectiva que muchos tenemos con Colombia por los dulces y, otros más serios, por la historia que nos ha unido y desunido.

 

El libro cierra con un colofón que dice: “La poesía/ bosque de sueños/ invadido por los espectros de la realidad”. Allí podría quedar un concepto cerrado de lo que Raúl Vallejo quiso crear con este libro maravilloso.

 

 

 

 

La siguiente selección de poemas fue realizada por Otro páramo

 

 

De la sección “Taberna de la cofradía de Chapinero Bajo”

 

Antipoetucho

 

¿Para qué sirve la poesía en un mundo con más de 26 mil ojivas

           nucleares?

¿Para qué la poesía si 1.500 millones de personas vivirían con menos

           de un dólar al día si estuviéramos en 2015?

¿Para qué si, según Credit Suisse, el 41% de la riqueza del mundo

           está en manos del 1% de la población?

           Y, sin embargo, escribo con vergüenza, escribo,

con el remordimiento de quien libera su simiente en el placer del

           solitario, escribo.

 

 

 

 

           Tuitero Poeta @tabernario

           en Colombia la guerrilla se alió al narcotráfico y la derecha

           creó a los paramilitares pero la muerte de los campesinos

           carece de ideología.

 

 

 

 

Poeta Manteño – Huancavilca

 

¿Dónde olvidé mi cuaderno Patria?

     —¿En el país que se borró del mapa?

La patria es una invención del romanticismo del siglo XIX

     —¿o es la playa donde caminé descalzo de niño?

Es un concepto pasado de moda

     —¿o es el plato de comida que mis papilas extrañan?

Es la lengua que hablamos millones

     —¿o es el único pedazo de tierra en donde transito libre?

 

Mi patria es mi mar, mi montaña, mis islas, mi pedazo de Amazonía,

ella existe —aunque tenga el nombre de una línea imaginaria,

a pesar de que los rastacueros imaginen haber nacido en otras patrias.

 

Mi patria es mi vecino tal como es, ese prójimo que humana su geografía

 

y aquel migrante que llora escuchando sus canciones en los campos de Murcia.

 

 

 

 

Vate memorioso

 

La partícula de Dios gana el premio Nobel de física

 

En el principio Dios era solo

      Ni electrones ni protones ni neutrones

      Ni fotones ni gluones ni bosones

Era el Universo concentrado en sí mismo

      y el verbo ocurrió en el instante del Big Bang

¿Dónde habitaba Él cuando tiempo y espacio aún no existían?

 

Se emociona la prensa: los científicos encontraron la partícula de Dios

Se extravió durante una milésima de millonésima de segundo

13.701 millones de años después de que el verbo nominó la existencia.

El físico Peter Higgs, 83 años, sonríe y celebra en Ginebra, finalmente,

apareció el bosón —the Goddamn particle— y el modelo está completo.

 

Dios, para decepción de la prensa, permanece

      —ni fermiones ni bosones—

solo de soledad perfecta, misterio irresuelto del Universo.

 

 

 

 

De la sección “De la escena en las redes sociales”

 

Conectividad de las islas

 

Solo nos queda una mano para la vida, la otra

es un gancho aferrado al grillete de reos adormecidos.

 

Sentados en las bancas de los parques, los árboles

bostezan al mirarnos ocupados, la cabeza gacha,

el cerebro lejano, los dedos ágiles sobre el teclado

del grillete, sin sentir el beso del viento del verano.

 

Somos seres conectados por cables invisibles

que nos convierten en islas sobre el asfalto.

 

 

 

 

Soliloquio 140

 

140 caracteres para hablar del amor, de la muerte

nuestra, del mundo, la madrugada que nos ilumina,

de los rencores que nos consumen, un Dios.

 

140 espacios para ocuparlos con la vida hecha

de palabras comprimidas, de furia concentrada

de malabares fatuos que nos enmascaran de astucia.

 

140 vacíos para llenar nuestra soledad de signos

viajeros a través de la nada, nos envuelven

con la misma tristeza huérfana del primer hombre.

 

 

 

 

De la sección “Procreación de identidades”

 

Rastreadores

 

    La existencia tiene sentido cuando las calles de una ciudad cualquiera se vuelven hogar, solo porque están humedecidas por las huellas extrañas que fuimos —esa persona que no reconocemos, pese a los espejos.

 

    Así, nos convertimos en rastreadores de nuestras huellas desdibujadas, la vida entera.

 

 

 

 

Mariposa

 

    Mira esa mariposa que vuela libre y admiras en sus colores, en su plasticidad, en su trasparencia: ayer fue oruga que reptaba por la tierra; mañana, crucificada con alfileres, será adorno de coleccionista, o polvillo del camino que jamás se detiene.

 

 

 

 

De la sección “Poesía urgente para un mundo sin poesía”

 

Ayotzinapa

 

Cuarenta y tres corazones

extraviados en la muda

herida de la tierra.

 

Cuarenta y tres esqueletos

calcinados bajo el sombrero

emplumado de la Catrina.

 

Cuarenta y tres silencios

como calabacitas inútiles

en el lecho de un río.

 

Cuarenta y tres soñadores

del abecedario y los números

para niños de pupitres vacíos.

 

Cuarenta y tres desaparecidos,

que son estadísticas junto a miles

que tampoco están y también amaron.

 

Cuarenta y tres calvarios

para que la poesía abandone

el pueril malestar del poeta.

 

 

 

 

De la sección “Cuitas de amor por Colombia” 

 

Primer viaje a Macondo

 

Navidad de 1974: a mi tía Maruja

le regalaron Cien años de soledad,

y ella pensó que sería una historia

igual que las de la Biblia

algo menos sangrienta

pero más evocativa del paraíso perdido.

Nadie supo con qué mañas los gitanos

de Melquiades atropellaron

la casa de mi tía, ni cómo

la descomunal boa del joven José Arcadio

Buendía glorificó el pecado

de la carne, por artes de Pilar Ternera.

Mi tía dejó de leer la novela y su crítica

fue un rosario y sus letanías:

García Márquez cayó en el tacho

de basura condenado por obsceno.

 

Yo, que ya sabía el significado de la palabra

obsceno, aproveché la hora de los rezos

para rescatar del basurero la novela.

Fue una primera lectura clandestina,

pantagruélica, afiebrada, y decidí extraviarme

bajo la lluvia de flores amarillas y los ceibales de Manabí,

en las bananeras sembradas de olvido y el camión

de mi padre que extravió el camino de regreso a casa;

en las sábanas de la asunción de Remedios, la bella,

como en la piel morena y etérea de Martita, mi vecina;

en las guerras perdidas del coronel Aureliano Buendía

y la pira en la que terminó nuestro General de las Derrotas;

en las penas de amor de Mauricio Babilonia y las propias

en el espejo hablado de los pergaminos y los rumores

que persiguen los pasos de María Angula en busca de sus tripas,

en esa geografía de curas que levitan sin senderos de regreso a Dios.

 

En los carnavales del 75, luego de las fiebres,

me convertí en ciudadano de Macondo y renació

mi segunda oportunidad de ser sobre esta tierra.


Noticia Biográfica


Xavier Oquendo Troncoso (Ambato-Ecuador, 1972). Periodista y Doctor en Letras y Literatura. Ha publicado los libros de poesí­a: Guionizando poematográficamente (1993); Detrás de la vereda de los autos (1994); Calendariamente poesí­a (1995); El (An)verso de las esquinas (1996); Después de la caza (1998); La Conquista del Agua (2001), Esto fuimos en la felicidad (2009), Solos (2011), Lo que aire es (Colombia, Buenos Aires, Granada, 2014) y Manual para el que espera (2015) y los libros recopilatorios de su obra poética: Salvados del naufragio (poesí­a 1990-2005), Alforja de caza (México, 2012), Piel de náufrago (Bogota, 2012), Mar inconcluso (México, 2014), íšltimos cuadernos (Guadalajara, 2015) y El fuego azul de los inviernos (Italia, 2016); un libro de cuentos: Desterrado de palabra (2000); una novela infantil: El mar se llama Julia (2002), así­ como las antologí­as: Ciudad en Verso (Antologí­a de nuevos poetas ecuatorianos, Quito, 2002); Antologí­a de la poesí­a ecuatoriana contemporánea –De César Dávila Andrade a nuestros dí­as- (México, 2011), Poetas ecuatorianos -20 del XX- (México, 2012). Su libro Solos fue í­ntegramente traducido al italiano por Alessio Brandolini (Roma, 2015). Fue seleccionado entre los 40 poetas más influyentes de la lengua castellana en “El canon abierto”, antologí­a publicada por Editorial Visor, en Espaí±a (40 poetas en espaí±ol -1965-1980-). Organizador del Encuentro internacional de poetas “Poesí­a en paralelo cero”. Es director y editor de la firma editorial ELANGEL Editor. Parte de su poesí­a ha sido traducida al italiano, francés, inglés y portugués.



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