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Poesí­a española: Clara Núñez



Augustain es de la región de Tambacounda

Nació en un pueblo cercano a Sinthia

Se levanta cada dí­a a las seis

Riega el huerto atentamente

Planta, cultiva, arregla

Es parco y polí­glota en pulaar, wolof y francés

Su sonrisa está llena de vida y

Obligaciones hechas de buen grado

Toma su té, come su cena, duerme como un niño

¿con qué sueña?

Nunca le verás apoyarse en el mango

De la pala pensativo y melancólico

El pasado, si le asalta, no lo muestra

El sol no le afecta

Su tenacidad recuerda al mar

Y nunca enferma

Me pregunto si, al igual que los baobabs

albergará miles de litros de agua

en su interior,

como ejemplo de fluidez y de reserva

 

 

 

 

Quiero estar presente en mi falso bautizo

Méteme en el agua completa y profundamente

Y si el agua se tiñe de rojo, no mires

Tengo lo que los ingleses del XIX llamarí­an “un pasado”

Brillo intermitente,

Tú sospechas como un bosque oscuro

Yo sospecho y voy como una dama

Abriendo los ojos tiernos, danzando rápida como un misterio

Por momentos quiero confesarme, pero,

¿querrás tú escucharlo?

 

 

 

 

Paseábamos y lloví­a, discutí­amos

Sobre la lengua, el barroco

Los tres bajo un paraguas, todo era húmedo

Oscuro, salvaje, musgo en las cortezas

En la piedra, en los puentes

Agua sobre agua

Y cuando mi hermano exclamó clamando al cielo: ¡¡Porque el barroco!!

Todo el cielo se nos vino encima

Pero no pudimos callar

El milagro lo vieron otros

Nosotros seguimos mientras el Eume fluí­a,

Claro como una radiografí­a iluminando la tormenta

 

 

 

 

Los árboles que yo amo

No se irán ni mucho ni poco

Tiemblan

Crecen y se extienden ocultos

Bajo todo lo aparente

Esconden su ancla

Bien asidos al centro

Sin perder el eje ni la compostura

Como los niños digo que en invierno

Se desvisten, quedan sus ramas desnudas

A las inclemencias del tiempo

¿son los árboles desnudos el invierno?

No les verás llorar

Todo el otoño pude observar

El tinte de sus hojas agrietadas

Tan bellas y crujientes

Que iban cayendo lentamente, lentamente…

Ahora queda en pie su esqueleto

Las hojas se amontonan y deshacen

Como polvo al polvo

El árbol que yo amo espera

Y no le importa

Es sabio y tarde o temprano

Como los niños digo

Vendrí  la primavera

Tendrán su traje nuevo

Brotes verdes celebrarán

El amanecer de los tiempos

 

 

 

 

Recuerdo de mi hermano David

 

Veo poco a mi hermano

Y cuando estamos juntos

Me lleva a los bosques

Antes, por el camino, siempre conduce él

Yo le escucho

Quiero amar lo que él abrace

En mis sueños aún le sigo de lejos

Para cazar serpientes

Pequeña y torpe

Confí­o ciegamente en su protección

Ni hombre ni mujer, andrógina y expectante

Estoy tranquila.

Cerca de mi hermano soy más verde y enraizada

El mundo es más posible, no importa si cae la noche

Somos detectives, buhoneros, alpinistas

Altivos

Vivimos en el siglo XIX y lo echamos de menos

¿Quién nos ha traí­do hasta aquí­?

 

 

En el rí­o Gambia, jabón, agua estancada y

Cientos de telas recién lavadas a secar sobre su arena de playa

Una vena milagrosa en medio de la tierra

Agua roja y marrón fluyendo en corrientes frí­as y pájaros azules

Me meto, me hundo, sumerjo mi cuerpo,

Salpico y la bebo hasta volverme inmune, hasta que se me arrugan los dedos, hasta que mi pelo

Es estopa y tinta y todos los niños me aceptan

Floto y observo; soy un cocodrilo, un hipopótamo, una piedra

Cumplo una fantasí­a y muere

Tras la curva del rí­o baja el sol hinchado y brillante de puro agotamiento

todos recogen sus telas y en silencio

la luna asciende transparente por la otra cara del cielo

llegan las vacas, mojan sus pezuñas en la orilla

Se tumban legí­timas y aristocráticas sobre la arena que ya no arde

Sol y luna empiezan a fundirse lento,

Todos sentimos claramente el fin de un dí­a

Y el espacio es tan grande

 

 

 

 

Sinthian

 

Mugen las vacas

Balan las cabras

Rebuznan los burros

Hacia el cielo claro

desgastado por el sol

como tela

una y otra vez lavada

Qué lejos quedan de aquí­ las gaviotas

Y su graznido quejica

La tentación de huir, el anhelo

Si lo hay, no consigo identificarlo

La música está completa en el balanceo

De las hierbas,

Las vacas vagan

Marcando el paso de todo lo demás

 

 

 

 

Vea también: cinco poemas de Juan Arabia.


Noticia Biográfica


Clara Núí±ez (A Coruí±a, 1990). Poeta residente en Barcelona, licenciada en Periodismo por la Universitat Autónoma de Barcelona, posgraduada en Estudios Africanos  y especializada en poesí­a africana por la Universidad Pompeu Fabra. Trabaja como editora y redactora encargada de la sección de literatura en la revista Radio Africa Magazine. También es cofundadora del  “Funzine Human Beings” junto a la ilustradora y amiga Carmen Seijas (Hanako Mimiko) en el cual publica sus poemas. Ha sido la comisaria y traductora del Primer Recital de Poesí­a Africana organizado durante la Semana de la Poesí­a Barcelona 2016 y acaba de terminar un fotolibro de poemas que se publicará en Octubre creado junto a la fotógrafa Gema Noach en la Residencia Artí­stica Thread de Senegal de la “Josef Anni Albers Foundation”.



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