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Poesía colombiana: La abuela nunca llora cuando corta las cebollas



Los poemas que compartimos a continuación hacen parte del libro La abuela nunca llora cuando corta las cebollas, poemario que el poeta colombiano Nicolás Peña Posada presentó como tesis en la maestría en Creación Literaria de la Universidad Central. Este será publicado por la editorial Ruido ediciones en el año 2020.

 

 

 

 

La muerte de la vaca Fabiola

 

 

                                                                                   Que se enteren las raíces

                                                                                   y aquel niño que afila su navaja

                                                                                   Federico García Lorca

 

 

Vaca blanca llena de leche en la mitad del mundo

nube en el pasto manchada

gorda Fabiola en el frío de las mañanas abiertas al ladrido de los perros

               ¡el último que llegue mete los dedos en el corazón de la mierda de la vaca!

gorda rodeada de moscas

muja y patalee en la extensión sin nombre del pasto amarillo.

 

 

***

 

La vaca Fabiola era una nube desterrada del cielo

todo el día estaba quieta frente a la casa abandonada de fantasmas

hundida en su tristeza de ver pasar las motos

y recibir el polvo de los carros que se estrellan contra la tierra

esperando su muerte

contemplando su muerte con las cuatro patas con las que nació.

 

 

***

 

La gorda no tenía nombre hasta que le pusimos Fabiola porque de Fabiola tenía cara

aunque también de nube que va a desbordarse de agua blanca

ella mugiendo al universo que apenas la escuchaba

que apenas presentía el susurro que salía desde el centro de su estómago dividido en cuatro partes

y cada parte del estómago era una estación y en cada estación de la gorda Fabiola había un potrero de pasto largo con una vaca solitaria como ella

la gorda hundida en su hocico negro mientras la muerte se avecinaba cada vez más a sus ojos

hondos pozos donde dormían roedores grandes de tierra fría.

 

 

***

 

¡Nicolás! decía el primo

yo buscaba entre mis axilas en los cuencos de las manos de los ojos

debajo de la ubre de lluvia blanca pero no encontraba a nadie

y a Fabiola la tristeza se le metía por el hocico cuando inhalaba y la invadía en cada poro de su existencia de vaca solitaria

a veces soplaba y pataleaba y decía aquí estoy con su forma de estar tan quieta y sola que era una forma de resistir el paso de los días la vejez el silencio de las constelaciones

eso era la vaca Fabiola: la resistencia a un mundo que no la pedía.

 

 

***

 

Finalmente llegó la muerte que eran dos hombres

dos hombres y un cuchillo 

dos hombres y unas botas negras

entonces las ubres cayeron y chocaron como un meteorito contra esta tierra negra y se movió toda esa leche virgen y el rumen el retículo el abomaso también se revolvieron como si fueran continentes enteros desestabilizados y las cuatro estaciones de la vaca Fabiola fueron asesinadas un martes de pocas nubes.

 

 

***

 

Ahora la vaca sería más que un animal muerto

seria un animal descuartizado:           bistec/             lomo/              cadera/

y su muerte estaría en el plato del almuerzo con un huevo encima y granos de arroz dispersos como satélites

el primo dijo Nicolás

y yo volteé perdido porque no sabía muy bien si yo era ese Nicolás al que él llamaba y tampoco sabía si la vaca Fabiola era la vaca Fabiola ahora que había muerto para siempre o si tal vez por haberse muerto vivía realmente para siempre y por eso era la gorda Fabiola como un punto negro y blanco en un potrero:

 

 

 

                                                                        en el centro del mundo

 

 

 

 

                                                                        en el centro del universo.

 

 

 

 

 

 

Las galaxias, los agujeros negros, la soledad del abuelo en las mañanas

 

El abuelo sale con el sol

el abuelo y el sol salen juntos de la casa

en la calva del abuelo el sol hace círculos

la calva del abuelo tiene puntos negros morados rojos azules donde el sol hace círculos

la calva del abuelo es el universo

es Dios porque en la calva del abuelo hay supernovas galaxias agujeros negros estrellas fugaces constelaciones.

 

 

***

 

El abuelo da tres vueltas pasa las manos por las piernas mira el agua que queda en el laurel mira a la gata lamiendo las horas de su pelo café manchado de negro

se sienta respira hondo contempla el cielo contempla la montaña pasa los dedos por la cabeza que es el universo toca Neptuno con sus manos se rasca Júpiter arriba de la oreja.

 

 

***

 

El abuelo vive la vida en un día

el universo es solo un día

la gata a veces lo mira se le acerca

presiente que el abuelo es un buen hombre

el abuelo es un solitario declarado

un silencioso oportuno

habla en sus pasos cortos

habla en la curvatura de su espalda

habla en sus ojos que han visto durante ochenta y cinco años la tierra nacer y morir cada veinticuatro horas.

 

 

***

 

Le gusta la tarde al abuelo

ama a la gata aunque no la consiente porque así es el abuelo:

ama lo que está vivo y los gatos sienten los temblores de la tierra y de los hombres por eso ella se sienta con él

el abuelo se queda afuera hasta la una porque a esa hora siempre es el almuerzo

se levanta despacio concentrando todo el cuerpo en ese único movimiento como si toda la vida fuera ese ritual de los huesos encogidos la piel arrugada los vellos que empiezan a crecer como el pasto cuando llueve y hace sol

¡almuerzo! ¡almuerzo!

le repiten dos a veces tres a veces cuatro veces porque él no escucha del todo porque tal vez ya no tienen tanto sentido las palabras después de ochenta y cinco años.

 

 

***

 

El abuelo va a almorzar

mira el plato fijamente

almuerza encorvado como un insecto

no habla

sorbe la sopa

la sopa que es un mar y él un naufrago

se demora masticando la carne

se demora en la sensación del arroz en cada muela

se demora con las pequeñas pepas que quedan del jugo de mora.

 

 

***

 

Termina el almuerzo

se apoya en la mesa porque reconoce que la mesa es otro cuerpo y luego coge vuelo como un pájaro al que le pesan las alas

vuelve al mismo punto en el que ha construido sus tardes

se queda dormido en ese rincón del universo que le pertenece

ese punto mínimo que es a la vez todos los espacios todos los lugares y todos los tiempos.

 

 

***

 

El abuelo sale y se sienta junto al sol como si se sentara junto un amigo que ha comprendido la necesidad de su silencio

eso es:

el abuelo es el mejor amigo del sol

y al sol le gusta escuchar el silencio del abuelo que es toda una forma de hablar del mundo que ya casi

           ya casi

                  de a poco

                                se va.

 

 

 

 

 

 

Carcharodón carcharias o sobre las uchuvas y el almuerzo del sábado

 

Las gotas de aceite brincan como pequeños grillos quemados

la casa huele a papa caliente en agua junto a pollo de piel amarilla muerta

la pitadora da un concierto canta y la casa se llena con su canto agudo y doloroso porque con ella también canta la muerte del pollo

afuera en el patio los niños dan vueltas corren se estrellan como partículas de hadrones

los cinco niños descalzos entre el pasto se persiguen se jalan las camisetas mientras la tarde se asoma detrás del muro

suena la licuadora como un helicóptero y los niños cuando la escuchan desde el patio juegan a esconderse de ese helicóptero que los persigue y les dispara 

la abuela corta cebollas nunca llora corta tomates en cubitos pequeños para darle el sabor al hogao piensa en los tomates de su infancia

sus dedos huelen a cebolla a tomate a ajo

ella se chupa los dedos porque le gusta ese sabor que queda después de cortar las verduras.

 

 

***

 

Afuera las uchuvas se mueven como pequeños soles colgantes llenos de pepas que son otros soles diminutos dentro del gran sol que es cada uchuva

el abuelo está con los niños y es un tiburón en el pasto

Carcharodón carcharias es decir dentado y blanco por las canas del abuelo y por el pecho blanco del tiburón

está el mar-pasto el puerto-ladrillo donde descansan los niños para que el tiburón no los mate ni se ahoguen en el mar salado del medio día en el patio de la casa en La Alhambra

tiburón lamniforme con espiráculos tras los ojos que persigue a los cinco niños con sus dientes-colmillos.

 

 

***

 

La abuela grita en el fondo de la cocina

¡¡almueeeeeeeeerzoooooooooooo!!

y el grito-almuerzo recorre como un rayo toda la casa los bombillos los cajones cerrados las pieles de los niños se electrocutan

entonces todos corren a sus puestos:

sorbido de cuchara grande individuales rojos jarra de vidrio para el jugo

por favor la sal gracias sin azúcar

suenan los dientes que mastican el pollo sudado

suena la garganta por donde pasa el agua caliente del sancocho

hay un coro de bocas saciándose

hay rugido-tigre de estómago satisfecho

hay corazones que andan más lento

bigotes con espuma y dedos untados de sangre seca de pollo.

 

 

***

 

Luego llega la siesta y el abuelo-tiburón ahora abuelo-dormido ronca frente al televisor

la abuela está en la sala con una taza de café y largas agujas quietas en las piernas

sábado en la casa patio-mar

sábado entre las uchuvas-soles

sábado de sol manchando los rostros de los cinco niños que vuelven al pasto después del almuerzo a contar los gatos que pasan por el muro.

 

 

***

 

El color del cielo poco a poco empieza a desaparecer y hace que las uchuvas dejen de ser pequeños soles y se conviertan en ojos de gatos que vigilan la casa

ya en la noche los niños y los padres se van y los abuelos se quedan solos con la loza sucia en el lavaplatos y el silencio ahogado en los clósets y en el patio frío

la sombra del Carcharodón carcharias queda enredada en el mar-pasto

esa sombra que el abuelo-tiburón-blanco dejó botada para poder dormir sin soñar con agua ni peces ni niños a los que persigue por un mar que no se acaba:

 

                                                                                                i

                                                                                                n

                                                                                                t

                                                                                                e

                                                                                                r

                                                                                                m

                                                                                                i

                                                                                                n

                                                                                                a

                                                                                                b

                                                                                                l

                                                                                                e

                                                                                                .


Noticia Biográfica


Nicolás Peña Posada, Colombia, Bogotá, 1991. Literato y Maestro en Arte de la Universidad de los Andes. Magister en Creación Literaria de la Universidad Central. Actualmente es docente universitario en la Fundación Universitaria Konrad Lorenz donde además dirige la revista Suma Cultural. Ha publicado los libros: Mi madre es la única que lee mis poemas, Cocinar no es para todos los poetas, Brevísimas crónicas de Indias y, prontamente, su tesis de maestría titulada: La abuela nunca llora cuando corta las cebollas. Sus poemas han aparecido en la Antología de poesía joven de Bogotá, libro editado por ediciones Exilio, y en diferentes revistas nacionales e internacionales, entre ellas: Raíz invertida, La otra (México), Sombralarga, Otro páramo, etc.



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