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Stephen Crane: poemas de Los jinetes negros, por Yanina Audisio



III

 

En el desierto

vi una criatura, desnuda, bestial

que, agachada sobre la tierra,

sostení­a su corazón en sus manos

y comí­a de él.

Dije: “¿Está bueno, amigo?”

“Es amargo, amargo” –contestó–,

“pero me gusta

porque es amargo

y porque es mi corazón.”

 

* * *

 

III

 

In the desert

I saw a creature, naked, bestial,

who, squatting upon the ground,

held his heart in his hands,

and ate of it.

I said: “Is it good, friend?”

“It is bitter-bitter”, he answered;

“But I like it

because is bitter,

and because it is my heart.”

 

 

 

XXI

Habí­a ante mí­

milla tras milla

nieve, hielo, arena quemante.

Y aun podí­a mirar más allá,

un lugar de belleza infinita;

y podí­a ver la hermosura de ella

que caminó entre la sombra de los árboles.

Cuando miré

todo estaba perdido

salvo este lugar de belleza y ella.

Cuando miré

y en mi mirada, quise,

entonces volvieron otra vez

milla tras milla

nieve, hielo, arena quemante.

 

* * *

 

XXI

 

There was, before me,

mile upon mile

of snow, ice, burning sand.

And yet I could look beyond all this,

to a place of infinite beauty;

and I could see the loveliness of her

who walked in the shade of the trees.

When I gazed,

all was lost

but this place of beauty and her.

When I gazed,

and in my gazing, desired,

then came again

mile upon mile,

of snow, ice, burning sand.

 

 

 

XXVIII

 

“La Verdad –dijo un viajero–

es una roca, una fortaleza inmensa;

a menudo he estado allí­,

incluso en su torre más alta,

desde donde el mundo se ve negro.”

 

“La Verdad –dijo un viajero–

es un soplo, un viento,

una sombra, un fantasma;

la he perseguido largo tiempo

pero solo he tocado

el ruedo de su vestido.”

 

Y yo creí­ al segundo viajero,

pues la verdad era para mí­

un soplo, un viento,

una sombra, un fantasma.

Y nunca he tocado

el ruedo de su vestido.

 

* * *

 

XXVIII

 

“Truth”, said a traveler,

“is a rock, a mighty fortress;

often have I been to it,

even to its highest tower,

from whence the world looks black.”

 

“Truth”, said a traveler,

“is a breath, a wind,

a shadow, a phantom;

long have I pursued it,

but I have touched

the hem of its garment.”

 

And I believed the second traveler;

for truth was to me

a breath, a wind,

a shadow, a phantom.

And I never have touched

the hem of its garment.

 

 

 

XXXI

 

Varios trabajadores

construyeron una gran bola de mamposterí­a

en la cumbre de una montaña.

Luego fueron valle abajo

y se dieron vuelta para contemplar su obra.

“Es imponente” –dijeron–,

y amaron la cosa.

 

De repente, se movió:

se les vino encima rápidamente

los aplastó hasta quedar solo sangre.

Pero alguno tuvo oportunidad de chillar.

 

* * *

 

XXXI

 

Many workmen

built a huge ball of masonry

upon a mountain-top.

Then they went to the valley below,

and turned to behold their work.

“It is grand”, they said;

they loved the thing.

 

Of a sudden, it moved:

it came upon them swiftly;

it crushed them all to blood.

But some had opportunity to squeal.

 

 

 

LII

 

¿Por qué te esfuerzas en pos de la grandeza, tonto?

Arranca una rama y ví­stela.

Es suficiente.

 

Señor mí­o, hay algunos bárbaros

que elevan sus narices

como si las estrellas fueran flores

y tu servidor está perdido entre las hebillas de sus zapatos.

Con gusto igualarí­a mis ojos con los suyos.

 

Tonto, arranca una rama y ví­stela.

 

* * *

 

LII

 

Why do you strive for greatness, fool?

Go pluck a bough and wear it.

It is as sufficing.

 

My Lord, there are certain barbarians

who tilt their noses

as if the stars were flowers,

and thy servant is lost among their shoe-buckles.

Fain would I have mine eyes even with their eyes.

 

Fool, go pluck a bough and wear it.

 

 

 

LXVII

 

Dios yace muerto en el Cielo,

los ángeles cantaron el himno del fin,

vientos púrpuras pasaron gimiendo,

sus alas gota-goteando

sangre

que cayó sobre la tierra.

Ésta, sustancia quejosa,

se puso negra y se hundió.

Entonces desde las lejanas cavernas

de los pecados muertos

vinieron monstruos, lí­vidos de deseo.

Combatieron,

disputaron el mundo,

una porción.

Pero de todas las tristezas, ésta fue triste:

los brazos de una mujer intentaron proteger

la cabeza de un hombre dormido

ante las garras de la última bestia.

 

* * *

 

LXVII

 

God lay dead in Heaven;

angels sang the hymn of the end;

purple winds went moaning,

their wings drip-dripping

with blood

that fell upon the earth.

It, groaning thing,

turned black and sank.

Then from the far caverns

of dead sins

came monsters, livid with desire.

They fought,

wrangled over the world,

a morsel.

Bot of all sadness this was sad,

a woman´s arms tried to shield

the head of a sleeping man

from the jaws of the final beast.


Noticia Biográfica


Stephen Crane (1871-1900) fue un poeta, novelista y cuentista estadounidense. Su trabajo se enmarca dentro de la tradición realista y se dice que su obra marca el inicio del Naturalismo estadounidense moderno.



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