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Poesí­a venezolana: Luis Gerardo Mármol



                                                            De Entusiasmos (Kalathos Ediciones, 2016)

 

Sometimes I Feel Like a Motherless Child

 

Las aguas de un rí­o pobre y claro

(¿puede un rí­o ser pobre?) entre ásperos matorrales,

aman y bastan para nuestros cuerpos y nuestro rostro,

aún más pobres, salvo la luz de la mirada.

Las esfinges en las cavernas,

(las cuevas de leones altas de los calveros)

¿hacia qué ocaso de tremor ominoso lanzan

la mirada que aterra y es abnegada?

 

Hay en todo el cielo y en la tierra el fuego que es promesa de bautismo,

o al menos así­ lo recuerdo,

porque un infante mira las cañadas

como el panorama de una epifaní­a.

Pero ahora, según parece,

sólo nuestra humillación nos conduce hasta allí­ .

¿Puede aquel amor, la Llaga,

sustituir la pregunta por el destino?

 

Quien se inclina y apaga por un instante la luz de sus ojos

descubre la puerta estrecha de este solsticio,

y al abrirlos, vislumbra la esmeralda sobre las aguas del rí­o

y la piel de lo inefable, agua y luz, como cuando nació.

Los oí­dos zumban, o escuchan mejor los rí­os del aire.

Los ojos los siguen.

 

Cuando hablan así­, los ecos, ¿adónde nos llevan?

Allende el sol,

porque de pronto no sabemos de dónde vienen.

 

 

 

 

Que todo amor es herético

 

Es posible amar al mismo tiempo a Troya y Acaya, a Europa y Asia.

Helena lo sabí­a,

pero, ¿cuántos de entre los hombres y los inmortales lo comprenden?

 

Shams-i Din, orgullo de Tabriz, no desapareció, fue asesinado:

así­ se rumorea.

¿No hay en tu corazón, Ibn Arabi,

un templo para los idólatras

y un monasterio para los monjes cristianos?

¿No están en él la tabla de la Tora

y el libro del Corán?

Cómo el Amor pudo resguardarte, cómo no fuiste llevado al martirio,

es misterio tal vez insondable.

 

Cómo quisiera, yo también, ser Él.

Nada más quiero ser (y es demasiado)

una puta de esas que entrarán primero que muchos al reino de Dios.

 

 

 

                                                            Yo quisiera ser

                                                            como el aeroplano

                                                            que vuela en invierno

                                                            igual que en verano.

 

                                                            Copla popular

 

Es verdad,

es uno solo el poema.

 

Por elegir el goce de la tierra

y las alegrí­as del cielo,

tengo un rostro que asoma a ratos nobleza, a ratos cólera,

pecho y panza de sibarita.

Así­ canto bajo el cielo azul pliega un bostezo el sol.

Mi mujer y mi hija

qué graciosas a mi lado.

 

Y sin embargo, es verdad:

hay un solo poema.

¿Pueden las fotografí­as

traicionarnos tanto como los espejos?

¿He de olvidar toda figura y toda imagen

y hablar, hablar únicamente?

¿No es duro en exceso

para quien tanto se apoyó en sus ojos?

Mi hija pasa, veloz, girando sobre sí­ misma como una Peri.

Y toda voz ha de desaparecer,

hundirse en el Océano de la Misericordia.

 

 

                                                            Si alguien pregunta

                                                            “¿Cómo es la belleza perfecta?”

                                                            muéstrale tu propio rostro

                                                            y responde:

                                                            así­.

                                                            Rumi

 

Pero si alguien pregunta

¿cómo es el rostro de Dios?

respóndele:

Como el tuyo.

 

 

 

 

Las flores moradas en un prado

y el paso del tiempo

 

Las flores moradas en un prado

y el paso del tiempo.

La mañana de cielo blanco,

los suspiros del eucalipto

y el hondo prado al pie de la montaña de pinos.

¿Es sólo por la fatiga de los ojos

que, a partir de un momento,

la mirada se transfigura?

¿Y oí­r, realmente oí­r, cuándo será?

Por fortuna los pájaros están allí­, por siempre,

pero el mismo paso del tiempo

nos hace adivinar que sus cantos, quizás,

nunca fueron como creí­mos.

 

En cuanto a nosotros: ¿cantar con la locura melodiosa de antaño?

¿Y cuándo cantamos realmente así? – Sólo en la niñez,

y entonces nada podí­a ni debí­a ser escrito.

 

En Marzo, al pie de los árboles,

el suelo está cubierto de crótalos,

y ello, extrañamente,

nos hace pensar en una segunda adolescencia.

Estos prados, en cambio, son los primeros y los últimos,

haya o no tempestades en ellos.

 

Nos alegra, nos da vigor y aliento la luz que se mira,

pero también fatiga.

Quiero sentir más hondamente la luz que se oye.

 

Al volver, otros dí­as,

nos aguarda el cielo después de la lluvia,

el más luminoso.

Con los cercos del cielo fragante,

la luna diurna y los cálices,

¿cómo abrazamos árboles y su añoranza,

nosotros,

los enmudecidos de la cuesta?

¿Qué nimbos, qué lí­quido azur hiere la pupila?

Otro dí­a nos aguarda.

¿Igual que sobre aguas claras y no tan profundas, porque aún se mira el fondo,

podemos ver árboles invertidos sobre el firmamento?

Camino de mañanita, y como a todos,

me maravillan las hierbas recién llovidas, su fragancia,

y sutiles flores sin nombre.

Pero recuerdo algunos sueños, y pregunto:

¿son las flores un espejismo dichoso?

Y al detenerme oigo:

dos son las puertas del sueño,

también hay esmalte celeste.

 

¿Se adentran las cimas en la niebla? ¿Y qué rozan?

La boca es un corazón.

También lo es la boca de la luna.

Este cielo es apenas el primero,

pero la llaga es inaudita ya.

Allende el añil de las trinitarias

que aún marchitas nos arroban,

y también las pequeñas flores cerúleas, petunias de la infancia,

¿qué charca nueva parece piel de muchacha?

Cuando los labios de la tierra y los del cielo se buscan,

¿qué lí­quida perla nos subyuga?

Apareciendo así­, como las almas del primer cielo,

la luna es el manto para andar sobre el agua,

toda rí­a es un piélago, cuando ya perdemos peso.

 

 

 

 

                                                            Inédito

 

De las humildes palabras

 

Sí­,

la nostalgia que sigue al éxtasis.

¿Pero cuándo hay éxtasis?

Y de la nostalgia, creciendo como bledos,

¿debemos acaso liberarnos?

Aún en noches diáfanas

el aire de este lugar parece lleno de agua,

y las mismas estrellas, antes que iluminar,

parecen empapar la tierra.

 

Sea la gracia, sea el cumplimiento,

sea ver nuestra sombra alargarse sobre el medanal,

sean los gestos inútiles ante un mar piadoso y taciturno,

esta nocturna melancolí­a suele ofrendarnos aplomo,

quizá sorpresivamente.

Y aún así­, ¡cuántos suspiros nos arranca, siempre,

ver cumplirse la voluntad del cielo!

Caminamos y miramos,

con ojos de manso animal,

mientras los oí­dos y las zanjas en la frente, y la punta de la cabeza,

siguen expectantes, ¿cuánto tiempo?

 

 

 

Vea también: Para una poética de la condición humana, por Juan Calzadilla.


Noticia Biográfica


Luis Gerardo Mármol. (Caracas, 1966). PhD en matemáticas por la Universidad Central de Venezuela y Licenciado en matemáticas por la misma Universidad. Es profesor de pregrado y posgrado en el Departamento de Matemáticas Puras y Aplicadas de la Universidad Simón Bolí­var (USB), asimismo es miembro del Consejo Editorial de Equinoccio, casa editora de esta universidad. Miembro fundador del Grupo Eclepsidra y de la Editorial Eclepsidra, ha publicado los poemarios Sueí±o de un dí­a (1997) y Purgatorio (2012). Textos suyos han sido incluidos en Antologí­a de la poesí­a latinoamericana del siglo XXI, El turno y la transición (compilación de Julio Ortega, México, Siglo XXI Editores, 1997), en El salmo fugitivo: antologí­a de la poesí­a religiosa latinoamericana (Leopoldo Cervantes-Ortiz, editor; México, Editorial Clie, 2009), en 102 poetas jamming (2015) así­ como en algunas revistas impresas y en medios electrónicos dentro y fuera de su paí­s.



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