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Raquel Abend van Dalen: poesí­a venezolana



Hay noticias que apoyan su espalda contra una mudez

que no pueden sobornar.

Es necesario aprender a traducir lo que no dicen

los hechos. Es necesario enseñarles a callar

en otra lengua.

 

 

***

 

 

Alguna mujer taiwanesa iba caminando

por alguna calle que se convertí­a en otra

y que iba cruzada por alguna avenida del West Village y

algún perro de alguna raza blanca le pasó a un lado

y ella pensó  en su novio de barba blanca y en que su boda ocurrirí­a

en solo un mes

y en ese instante pasó por la construcción de algún

edificio y un trozo de alguna madera se desprendió y

la golpeó en la cabeza.

Alguna mujer taiwanesa murió en el acto, aunque los noticieros

dijeran que falleció en algún hospital por un derrame cerebral.

“Tina Nguyen, 37 años, iba chateando por el celular cuando

ocurrió el incidente”.

El funeral de alguna mujer taiwanesa vestida de novia

en algún ataúd fue cortejado por algún novio llorón y algunas

damas que calzaban zapatos rojos.

 

 

***

 

 

de la Santí­sima Trinidad

se baña mirando el mármol

de las paredes

hay caras, hay órganos,

hay animales abiertos y feroces que

la miran a ella.

 

de la Santí­sima Trinidad

es la única que permanece con la boca cerrada

al momento de la comunión.

 

Fila de sapos altos

lanzan su lengua hacia adelante

y su extremo pegajoso

atrapa a la presa.

 

 

***

 

 

Ocurrió mientras el heladero pasó por su calle

 

El santito fue bajado de su altar

y fue guardado en una cajita

común y corriente

en el closet de alguna viejita

del cafetal.

 

 

***

 

 

y, pues, sobrevivimos porque fuimos

paridos a imagen y semenjanza

de una desaparición que muy

pocos entienden

no hay afinidad con el pasado

ni la trasgresión de un futuro inhóspito

comemos la hostia arrancada de su carne

sin sal o pimienta o hiervas italianas

la santidad es inodora en este mundo.

 

 

***

 

 

tardé un año en volverme a confesar.

Esta vez tuve que hacerlo en inglés,

en un cuarto oscuro, sin paredes o lí­mites fí­sicos,

dónde está el sacerdote, cuánto espacio hay entre los dos,

qué le digo, pienso, subiendo mis manos a la altura de

mi quijada, doy pasos en falso,

me caigo repetidas veces mientras trato de pensar

por qué me estoy disculpando.

Escucho que me habla una voz marchita y ronca

tan aburrida como la de un funcionario público,

eso es, pienso, un funcionario público que no quiere

saber por qué me estoy disculpando.

 

 

***

 

 

Idea para un comercial de Benetton

 

Veo a un sacerdote que

da comunión a las homosexuales a las latinas a las divorciadas a las transexuales a las casadas a las indias a las otras indias a las viudas a las heterosexuales a las europeas a las machistas a las asiáticas a las hermafroditas a las nazis a las negras a las blancas a las bisexuales a las histéricas a las monjas

 

 

***

 

 

los campanarios daban vueltas de canela. Era un órgano triturado lo que recorrí­a las paredes, las tuberí­as dentro de esas paredes, hasta fermentarse en una alcantarilla. Todo lo que se lanza por una reja, acaba por ser más que un diluido fí­sico.

Allá el dorado óxido de esa lengua que lubrica las campanas desde su interior.

 

hoy no se come carne


Noticia Biográfica


Raquel Abend van Dalen. Caracas, 1989. Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Monteávila y Magí­ster en Escritura Creativa en Espaí±ol por la New York University. Autora de los poemarios: Sobre las fábricas, (Mención Honorí­fica del XIII Concurso Transgenérico convocado por la Sociedad de Amigos de la Cultura Urbana; Nueva York, Sudaquia Editores, 2014) y Lengua Mundana (Bogotá, Común Presencia Editores, 2012); de la novela Andor (Caracas, Bid&Co. Editor, 2013), y coautora del libro Los dí­as pasan y las formas regresan (Caracas, Bid&Co. Editor, 2013). Lleva el blog Expedientes M, de entrevistas a escritores hispanoparlantes.



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