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Richard Gwyn: selección de sus poemas



*Traducción por Santiago Ospina y Juan Afanador

 

 

 

 

De Sad Giraffe Café (2010)

 

France

 

Whatever they had been told was lies: there was no kind of deal awaiting them, no siren call. The armistice was signed but the war had been lost years before and nobody had told them. Indigo night interrupted by orange explosions on the horizon, great sweeping clouds of dust making everything invisible for hours on end, the spotlights bearing down on them the length of the assault line. We will never know defeat, they repeated; the words of their leader an idiot’s mantra in their throats. They spent the whole day waiting for news: when should they expect the enemy? In the evening, a small group sat by the linden tree and passed a bottle around. The dusk obliterated memory. One of the men dreamed of France, a country he had never been to. People’s lives there are almost perfect. Something small and forgotten in his soul told him France was a better place in which to die; that there, eternity has brushed its sleeve against the land.

 

***

 

Francia

 

Cualquier cosa que les hubieran dicho era mentira: no había ningún tipo de trato esperándolos, ningún canto de sirena. Se firmó el armisticio pero se había perdido la guerra años atrás y nadie les había dicho. La noche índigo interrumpida por explosiones naranjas en el horizonte, grandes y arrolladoras nubes de polvo que volvían todo invisible durante horas, los focos de luz persiguiéndolos a lo largo de la línea de asalto. Nunca conoceremos la derrota, repetían; las palabras de su líder, el mantra de un idiota en sus gargantas. Pasaron todo el día esperando por las noticias: ¿cuándo deberían esperar al enemigo? En la tarde, un pequeño grupo se sentó junto al tilo y se pasó una botella. El anochecer destruía la memoria. Uno de los hombres soñó con Francia, un país al que nunca había ido. Las vidas de la gente allí son casi perfectas. Algo pequeño y olvidado en su alma le dijo que Francia era un mejor lugar para morir; que allí la eternidad ha frotado su manga contra la tierra.

 

 

 

 

Theseus’ Secret Shame

 

I wanted to write a hieroglyph on your body, to write the scent of you, the curve of your neck as you slept, the improbable heat that rose from you, the arm bent back across your face: Ariadne in repose. So where to begin? I sculpted myself into the hollows of your flesh, tasted you, began to write a poem on your thigh. The world caved in. I awoke in the maddening dawn, at Naxos, encrusted with salt, circumscribed by your absence. Turning, I discovered you had written hieroglyphs all over me instead, before you left.

 

***

 

La culpa secreta de Teseo

 

Yo quería escribir un jeroglífico en tu cuerpo, escribir el aroma tuyo, la curva de tu cuello mientras dormías, el improbable calor que subía de ti, el brazo doblado hacia atrás a lo largo de tu rostro: Ariadna en reposo. Entonces, ¿por dónde empezar? Me esculpí a mi mismo dentro de los vacíos de tu carne, te probé, empecé a escribir un poema sobre tu muslo. El mundo cedió. Desperté en el alba enloquecedora, en Naxos, incrustado de sal, circunscrito por tu ausencia. Al volverme, descubrí que tú habías escrito, en cambio, jeroglíficos sobre mí antes de partir.

 

 

 

 

De Being in Water (2001)

 

In the palace

 

I wanted to tell you my secret water story

but the truth is, it is all waste

and watery talk, like this wading

through disgusting slop water,

corridors and alleyways waterlogged,

caves and passages carrying

their desultory flotsam from room to room.

It’s as though we inhabited a palace

where the currency of courtliness

was sodden, washed-up remains,

old garments, rotted food, corpses,

and the king’s throne spinning

slowly through the flood

like a wooden-limbed crustacean,

rats jumping from an arm-rest

to the bobbing chandelier,

snakes shimmering across the surface

like troublesome movements

in the mind at dawn.

All our energies are taken up

with wading waist-deep, simply wading

through this disastrous hall,

while the king himself lies drunk

by the window in the highest tower,

singing shanties to the propped-up

carcass of his queen.

 

***

 

En el palacio

 

Yo quería contarte mi secreta historia de agua

pero la verdad es que es todo un desperdicio

y habla acuosa, como este vadear

a través de repugnante agua derramada,

corredores y callejones encharcados,

cuevas y pasajes que llevan

sus inconexos restos de naufragio de cuarto a cuarto.

Es como si habitáramos un palacio

donde la devisa del refinamiento

fueran restos empapados, inservibles,

viejos ropajes, comida descompuesta, cadáveres

y el trono del rey girando

lentamente a través de la inundación

como un crustáceo con extremidades de madera,

ratas saltando desde un reposabrazos

hasta el oscilante candelabro,

serpientes reluciendo sobre la superficie

como movimientos fastidiosos

en la mente al amanecer.

Todas nuestras energías se consumen

en vadear con el agua hasta la cintura, simplemente vadear

a través de este salón desastroso,

mientras el rey mismo yace ebrio

junto a la ventana en la torre más alta,

cantando salomas al mantenido

cadáver de su reina.

 

 

 

 

Voice

 

What did we talk about? The answer

eludes me. All those unfinished sentences,

pauses; silence. Our daylight hours

spent watching a perpetual sunset. Nights

when we swam in the pine-circled bay,

diving with the turtles.

And when I remember your voice

it is a descent of pearls through water,

labials and fricatives lighter than oxygen,

those liquid vowels that went

with night and water;

a voice dusted with fine white sand,

calling through pines

like an improbable nightbird

alone in an enormous forest.

Your voice was your only armour,

a paradox among voices,

almost always nearly breaking,

nearly broken, nearly

breaking through. Years later

I hear your voice in dreams,

mellow, teasing, arousing these

disastrous emotions, as if

a hole were being drilled through

my plexus, and the solar milk

sucked out through a straw.

In the morning I stand naked,

look at the hole in my stomach,

poking with my fingers,

and I say: ‘your voice did this’.

But that isn’t true. It’s my memory

of your voice that does the damage.

 

***

 

Voz

 

¿Sobre qué hablamos? La respuesta

se me escapa. Todas esas oraciones inacabadas,

pausas; silencio. Nuestras horas a la luz del día

gastadas viendo un atardecer perpetuo. Las noches

cuando nadábamos en la bahía rodeada de pinos,

buceando con las tortugas.

Y cuando recuerdo tu voz

es una caída de perlas por el agua,

labiales y fricativas más ligeras que el oxígeno,

esas vocales líquidas que se fueron

con la noche y el agua;

una voz empolvada con fina arena blanca,

llamando a través de los pinos

como una improbable ave nocturna

solitaria en un bosque enorme.

Tu voz era tu única armadura,

una paradoja entre voces,

casi siempre a punto de romperse,

casi rota, casi

abriendo camino. Años después

escucho tu voz en sueños,

suave, fastidiando, avivando estas

emociones desastrosas, como si

un hoyo fuera taladrado

en mi plexo y la leche solar

sorbida por una pajilla.

En la mañana me paro desnudo,

miro el hoyo en mi estómago

punzándolo con mis dedos,

y digo: ‘tu voz hizo esto’.

Pero eso es mentira. Es el recuerdo

de tu voz lo que hace el daño.

 

 

 

 

Ghosts

 

On the low cliffs, I slept in a stone hut:

in the corner made a fire, boiled water for

morning coffee and cooked a meal at night.

Fish, tomatoes, onions. I made a little table

for books, collected heather for my bed;

evenings sat outside and watched the sea.

Behind the hut a rocky mountain

where I never saw a soul: but there were

ghosts in the ravines, ghosts by the dried-up

watercourse, and bones beneath my feet.

Most nights I drank wine alone and, late,

walked down to the sea, by now so dark,

it seemed a sea to be afraid of; the sky

so bright, it was a sky for suicides.

One night I swam to a rocky island

in a glowing shell of phosphorescence:

that island was a bit too far for

comfortable swimming, and I could

feel the stir of panic in the swell,

a fear of what might be beneath me.

Climbing onto the rocks, tasting salt

and the hot wind from Africa,

I imagined you were alive, and that

I only had to swim back to shore,

walk up the hill, and you would be there

on the soft bed of heather, sleeping.

When I did return, exhausted, to the hut,

I stood in the doorway, the wind at my back,

a candle in an alcove of the wall;

and I knew that I had missed you once again,

that you had slipped away into the stones.

 

***

 

Fantasmas

 

Sobre los riscos bajos, dormía en una choza de piedra:

en la esquina hacía una hoguera, hervía el agua para

el café de la mañana y cocinaba una comida por la noche.

Pescado, tomates, cebollas. Hice una pequeña tabla

para libros, recogí brezo para mi cama;

en las tardes me sentaba afuera y veía el mar.

Detrás la choza una montaña rocosa

donde nunca vi un alma: pero había

fantasmas en los barrancos, fantasmas por el seco

curso del agua y huesos bajo mis pies.

La mayoría de las noches tomaba vino solo y, tarde,

bajaba al mar caminando, tan oscuro en ese momento

que parecía un mar al que hay que temerle; el cielo,

tan brillante, era un cielo para suicidas.

Una noche nadé hasta una isla rocosa

en una concha resplandeciente de fosforescencia:

esa isla estaba demasiado lejos como para

un nado seguro, y yo podía

sentir el revuelo de pánico en el oleaje,

un miedo a lo que podría haber debajo de mí.

Trepando sobre las rocas, probando la sal

y el caluroso viento de África,

imaginé que tú vivías, y que

yo solamente tenía que nadar de nuevo a la costa,

subir la colina, y que tú estarías allí,

sobre la suave cama de brezo, durmiendo.

Cuando realmente volví, exhausto, a la choza,

me detuve en la entrada, el viento en mi espalda,

una vela en un nicho de la pared,

y supe que te había perdido una vez más,

que te habías escabullido entre las piedras.


Noticia Biográfica


Richard Gwyn (Sur de Gales, Reino Unido, 1956) fue uno de los 30 poetas invitados al X Festival Internacional de Poesí­a de Buenos Aires en abril de 2015. Gwyn posee una biografí­a de tinte cinematográfico: trabajó como lechero y aserrador en Londres, fue pescador y vagabundo en Grecia, se hizo adicto a la heroí­na y el alcohol, estuvo preso en Sicilia, y como curiosidad, en una plantación de uva en Francia conoció a Roberto Bolaños. Gwyn acabó tirado en una zanja en Barcelona desde donde lo deportaron a Gales, según su traductor Jorge Fondebrider, para empezar su rehabilitación y más tarde superar un trasplante de hí­gado. Además, estudió Antropologí­a en London School of Economics y se doctoró en Lingüí­stica. Trabaja como traductor de poesí­a y es director y profesor de la maestrí­a en Escrituras Creativas de la Universidad de Cardiff. Entre sus libros de poemas se encuentran: One Night in Icarus Street (1995), Stone dog, flower red/Gos de pedra flor vermella (1995), Walking on Bones (2000), Being in Water, (2001) y Sad Giraffe Café, (2010). Y en narrativa, The Vagabond's Breakfast (2011), especie de memorias, que ganó el Wales Book en 2012 y que publicó en Argentina Ediciones Bajo La Luna.



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