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Siete poemas de Norman Paba Zarante



De La noche incinerada

 

 

Donde yace mi cuerpo

 

Donde yace mi cuerpo ha nacido un árbol.

Mis nervios se han vestido de follaje,

mis brazos por ramas, mis pies de raíces.

La tierra siente el pulso de una savia original.

Lo que quiero es emborracharme de brisa

mientras la hojarasca crece salvaje a mi alrededor,

lo que quiero es celebrar con el sol y con la lluvia y las estrellas.

He soñado hombres que bailan para reordenar el mundo,

hombres cuyas palabras se cierran como destinos.

Fogatas de doble sexo se multiplican

hiriendo la calma acuosa de la noche.

Ahora hay puertas donde antes cabalgaba el viento del sur.

Latidos que anuncian el corazón de la guerra.

Lo que ellos necesitan es una fidelidad materializada en milagro

y cantan a mi alrededor,

hunden sus brazos en el deseo,

devoran mis flores, fuman mis hojas,

ignoran que mi fruto no es sagrado ni luminoso.

Los niños enfilan sus lanzas contra el dios del mar.

Las mujeres se masturban frente a las olas.

Los hombres, en la profunda oscuridad de la noche sin luna,

nadan hacia la muerte.

 

 

 

El acto más pequeño

 

En la plenitud está implícito el vértigo.

El pájaro en vuelo

lo sabe,

y lo sabe el martillo del revólver

en el momento justo.

Todo late, todo vibra,

todo muere y vuelve a comenzar.

Hasta el acto más pequeño

está colmado de fervor,

el mundo completo respira

y sus flores

borrachas de rocío

se entregan una a una

al poderoso incendio de la vida.

 

 

 

La dieta

 

Come toda la luz que puedas antes del desayuno.

Si tienes ansiedad

cálmala con cerveza

y espera, pero sé precavido

el tiempo es un cazador ciego.

Al almuerzo

traga países como manzanas, continentes completos.

Y toma tu intemperie y viértele mares y ríos y duras calles.

Repite esta rutina como respirar,

siempre cuida tus espaldas,

nunca confíes completamente en nadie.

Al cabo de no pocos años

habrás ganado un alma de lluvia,

inundarás las calles, regarás las cosechas,

te rebasarás y escaparás de ti mismo.

Y tu casa será la soledad, allí aprenderás a amar.

Y te hallarás libre y completo

porque no ardiste lentamente hasta desaparecer

como todo lo que alguna vez ha vivido en este mundo.

Tu camino es otro:

Un beso prolongado. Una ruta salvaje entre las estrellas.

 

 

 

Visiones del ángel

 

Vi la columna vertebral de la noche

floreciendo plena en el puerto,

dibujando estrellas para los navegantes perdidos.

Sé que en el norte

hay nuevas lenguas y nuevas formas de amar.

Y al sur

una suma colosal de colores

donde desembarcan

boxeadores derrotados y sacerdotes del sueño.

Es preciso haber amado y muerto en ambos lugares,

y haber consumido mi droga

una mañana de invierno entre los eucaliptos.

Es preciso entrar y salir constantemente del incendio

sin ansiedad o desesperación,

fundirse plenamente con la madera y la piedra.

Y vi un mundo de símbolos

perceptible solo para quienes resplandecen

en la calidad de lo que trafico.

Y vi a Mercurio,

una huella diminuta en el cielo,

mientras el valor de la moneda corriente colapsaba.

Es preciso que me pagues con tu última felicidad

quiero esparcirla como polen

regarla por mis jardines de humo.

Búscame entre los pájaros y el aire.

Ya puede haber comercio entre nosotros.

 

 

 

El Dios que vive en mis manos

 

Me inclino,

el dios que vive en mis manos

también se inclina.

Todo lo que vive en él

se concentra conmigo en oración,

y por un instante,

ardemos envueltos en el mismo fervor,

por un leve instante

somos humo que asciende y se hace pájaro

pájaro que surca el espacio hecho luna

espejo de la noche incinerada.

 

 

 

De Habitar el relámpago

 

 

Dormir

 

Dormir en sofás endurecidos por el frío.

Dormir en callejones, en puentes, en plazas,

mientras las ratas bailan un vals con tu hambre.

Dormir

con toxicómanas violentas aullando de emoción

ante la posibilidad de una nueva dosis.

Dormir, perseguido por las jaurías del amor,

en un Cadillac dios de oxido y ruido.

Dormir con las luces encendidas por miedo al fin del mundo.

Dormir en habitaciones destruidas por la fiesta,

en trincheras, en cráteres salvajes.

Dormir borracho y despertar en medio de un hospital

ciego de golpes.

Dormir enfermo en el altillo del apartamento 2 0 2

5 gatos furtivos y la más generosa amistad

desplegándose.

Dormir esposado en estaciones de policía, dormir en bibliotecas,

en taxis que regresan a ningún lugar.

Dormir en moteles del desierto

donde la certeza de la inminente y estruendosa derrota

seduce a mi desesperación.

Dormir

en ese único avión

que cae en medio del infierno.

Dormir con Angélica, su cuerpo perfecto de 1 metro 79

cuchillo de luz que parte el aire, parte la madrugada

irrumpiendo como milagro,

breve tigre de Kafka, fogata alucinada.

Dormir

arrullado por el resplandor de las bengalas,

en altamar,

escuchando la conversación subterránea de todas las cosas vivas.

 

 

 

Suma

 

Ser un violento ángel de Caravaggio

visión narcótica de la Gracia.

Ser la pantalla borrosa de un cine pornográfico.

Ser el amante baleado a media noche

gacela herida en la tela del sueño.

Ser la calma anterior,

el jardín cercado por las llamas,

una ciudad aplastada por la artillería de dioses enemigos.

Ser Chet Baker, un diamante tallado y robado en Oklahoma,

delirio de trompetas volando entre lujosos hoteles

y la muerte.

Ser un monje salvaje en perpetuo éxtasis

adusta serenidad sobre el lomo curvado del relámpago.

Ser la fuga, la lluvia, un fuego de hojas secas.

Ser

el más hermoso cuchillo

clavado en el corazón del mundo.


Noticia Biográfica


Norman Paba Zarante (1985) nació en Cartagena, Colombia. Poemas, entrevistas, y textos suyos han sido publicados en revistas nacionales e internacionales de literatura y poesía. Algunos de sus poemas han sido traducidos al inglés y al francés. Como poeta invitado y tallerista ha participado en distintos festivales y eventos. Finalizó estudios en Literatura en la Universidad de Cartagena. Magister en Escrituras Creativas de la Universidad Nacional de Colombia en la línea de Poesía. Colaborador habitual de la editorial Piedra de toque Poesía Ambulante. Participó, entre otras, en la antología de poesía colombo-peruana “EN TIERRAS DEL CÓNDOR” del Taller de Edición Rocca, selección por Colombia de Juan Manuel Roca Vidales, lanzada en la 27° Feria Internacional del libro de Bogotá en el 2014. Ganador en el año 2017 de la convocatoria de IDARTES Beca Residencias Artísticas EN BLOQUE ciudad de Bogotá, con el proyecto Habitar el Relámpago (Fundación Poética de Espacios No Convencionales en la Ciudad de Bogotá). Dirigió y dictó el taller de creación y apreciación en poesía Ruido Ciego para la Dirección de Museos y Patrimonio Cultural de la Universidad Nacional de Colombia. Su libro La Noche Incinerada se encuentra en proceso de publicación con editorial Babilonia.



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