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Claramercedes Arango, poesía colombiana



Papel hecho poema

Frente al papel en blanco armo un rompecabezas de palabras. Por colores y formas separo las piezas y acerco sus bordes para hacer el poema. Lo leo varias veces en silencio y voz alta y lo dejo reposar como al buen vino. Pero me asombra descubrir que las palabras se salieron de margen, los adjetivos, las puntuaciones y los verbos se acomodaron como fueron llegando.

En la mañana mientras lo releo, Niebla, la gata compañera de mi soledad irrumpe en su ritual cotidiano de poner sobre mi cuerpo desnudo la tibieza de sus garras ocultas bajo guantes de seda. Y dando un zarpazo me arrebata el poema, lo manotea, lo rasga, lo muerde, se enrolla en él, y se convierte en la palabra imprescindible que rueda hecha poema. Confirmando —que la poesía como Dios— está en todas partes y no se deja ver.

 

 

 

El abuelo Iván

 

El abuelo Iván consiguió un empleo de fantasma en los bosques de Ontario, eso dicen los niños que han hablado con él de cosechas de pinos y de pájaros. El abuelo se fue a Canadá a ver crecer los árboles que sembró en Medellín —en su finca de Caldas— y se llevó los brazos para medir los troncos y la mira de altura de sentirlos subir. El abuelo aparece de pronto en lugares distintos con la ropa de siempre y el cabello más blanco, sólo para sus nietos que padecen su ausencia. Aprendieron los niños que el abuelo siempre los espera donde quieran buscarlo, no importa que se esconda como ahora, debajo de un ciprés.

 

 

 

Abandono

 

Mírame partir como un duende con los pies al revés que no desea irse.

 

 

 

Nuestras miserias

 

Los años son la ilusión de un sueño. El silencio, las mentiras y la rabia, son viajes sin retorno. La soledad pasiva y cómplice nos obliga a soportar nuestras miserias.

 

 

 

Temerosa

 

Temerosa en las noches deambulo por la casa y me asusta pensar que no estoy sola que me persiguen las sombras de fantasmas memoriosos en los espejos provocándome con sus ojos lascivos. Pero, de esa legión de hambrientas sombras sólo hay una que quisiera rescatar: la de tu cuerpo exhausto después de la batalla en que fui tu victoria, tu agradecida recompensa.

 

 

 

Los espejos

 

Los espejos de los lugares clandestinos se agobian con el peso de los cuerpos el milagro de la luz no permite repeler el deseo de la piel. Los espejos imitan la doble danza de los dedos que encendieron nuestros laberintos. De regreso a casa traigo conmigo: tu aroma que me alivia, la imagen de tu cuerpo luchando contra el mío y tus manos, para que le enseñen a las mías, la destreza de las tuyas.

 

 

 

Ilusión

 

Como dijiste es el deseo el que mueve montañas, no la fe. Entonces, cede a mis caprichos, mírame, responde a mis urgencias y comparte conmigo el placer de sentir brotar el diminuto corazón que escondo y enloquecido vibra con tus provocaciones.

 

 

 

                                                                           A  Joumana Haddad

Todavía

 

Todavía me duelen las manos que me faltan, las que hicieron música en mi cuerpo. Todavía me duelen las manos que me faltan, las del atrevido ilusionista que engañó mi pubertad. Todavía me duelen las manos que me faltan, aquéllas que me guiaron para hacer el poema.

 

 

 

                                                                                     A Olga Orozco

Anoche

 

Anoche por ejemplo afuera en el balcón honré con mi cuerpo tu deseo.

 

 

 

Mi gato

 

“¿Quién le dirá que el otro que lo observa es apenas un sueño del espejo?” Jorge Luis Borges

Orfeo me mira mirándose al espejo para que nos veamos más cercanos en otra dimensión. Lo acaricio, levanta su lomo y se arquea como si fuera a desdoblarse. Se ovilla y no sé cuál de los dos esconde las garras en sus guantes de seda y golpea el cristal. El gato quiere entrar en el sueño del espejo. Ojalá me llevara con él.

 

 

 

Oda a los inmortales

 

De la memoria de quienes lograron vivir para contarlo. A Susana, Blanquita, Negra, Alba y Taína, cómplices Son adolescentes temerarios e ingenuos, inmortales que desafían el mar. Y cuando llegan a la orilla se lanzan eufóricos sobre las aguas turbulentas, olvidando que no saben nadar.

Luego se enfrentan a la inclemente y caprichosa selva con el coraje de sentirse guerreros, a pesar del camuflado hecho para otras estaturas y otro color de piel.

No los oprime el trueno ni el relámpago, sino el peso de fusiles, de granadas y la soberbia de la gloria.

Y al querer avanzar bajo la bóveda oscura y húmeda de lluvias, miedos y silencio, las botas se les hunden en la tierra pantanosa retardando sus pasos. De lejos se ven en fila india marchar ingenuamente, envanecidos por el triunfo de haber domado el mar pero, ignorando que jamás alcanzarán la libertad.


Noticia Biográfica


Claramercedes Arango. Nació en Cúcuta, Norte de Santander, (1961). Licenciada en Lenguas Romances y Formación en Pedagogía de la Universidad Católica de Louvain, Bélgica, con énfasis en los idiomas español y francés.  Maestría en estudios hispánicos de la misma universidad en Bélgica.  Diplomado en periodismo literario de la Universidad Externado de Colombia.

Desde 2003, es coordinadora general de la Decanatura Cultural y de la Colección poética Un libro por centavos, donde ha realizado varias antologías.  Coordina los concursos de cuento, poesía, afiche, crónica y oratoria que convoca la Universidad.  Igualmente, es docente en el Externado, en la Facultad de Comunicación Social-Periodismo en el área de Lenguaje escrito.

Ha publicado en revistas y magazines literarios, nacionales y extranjeros, en el 2013 publicó En la memoria de confundo, n° 98 de la colección poética Un libro por centavos. En 2014, publicó Cuaderno Cultural n° 4 El hombre que sembraba árboles, traducción del francés, Cuaderno Cultural n° 5, Poética de los poetas, La poesía es revolucionaria.



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