TEXTOS

Anterior
Volver al inicio
Siguiente


Letra a letra: Poemas de entrecasa de Miguel Méndez Camacho



Largometraje

Creías que los grandes amores son los que «cambian el curso de la Historia» como esas superproducciones, a todo color, del señor y la sierva o del alto militar norteamericano con la enfermera japonesa, donde el amor se reduce a largas escenas de desfallecimientos, entre suspiros y lágrimas de música de fondo

Y todo es del tamaño de la pantalla gigante incluso las escenas de alcoba trasformadas en un bosque propicio donde la cámara elude los cuerpos cuando las caricias se prolongan, para mostrar un mar rabioso contra las rocas y regresar, por el camino de las ropas caídas a ese primer plano de los rostros fatigados –con la ternura inevitable– que parece pedirle excusas al público

Ahora te ríes de esta ingenua tristeza de tus días de niña, porque ya descubriste que no hay grandes ni pequeños amores sino una costumbre de cuerpos que justifica el alma.

 

 

 

El tiempo como una canción

Hubo días distintos hechos a la medida de nuestro deseo de estar juntos

Tan generosamente breves como una canción que no recordamos haber aprendido

Y hubo noches también: irrepetibles iniciadas antes de toda oscuridad y concluidas mucho después del alba

Era que bastaba una caricia para que el tiempo ya no fuera esta mentira que nos vive.

 

 

 

Escrito en la espalda de un árbol

No recuerdo si el árbol daba frutos o sombra, sólo sé que dio pájaros

Que era el centro del patio y de la infancia

Que en la madera fácil tallé tu nombre encima de un corazón deforme

Y no recuerdo más: tanto subió tu nombre con el árbol que pudiste escaparte en la primera cosecha que dio pájaros.

 

 

 

Lucrecia

Mi madre nunca tiene en los poemas un lugar muy exacto Siempre está dando vueltas Huyendo y regresando Aquí y allá de la vigilia al alba, limpiando y remendando mis palabras como si fuera oficio de la casa.

 

 

 

Jesús

Mi abuelo no sabrá que lo hice descender de su caballo para montarlo aquí, sobre palabras que nunca le gustaron

Le gustaba la hacienda, los ganados, la violencia en historias de combates a los que nunca fue porque no tuvo el miedo suficiente para amar un fusil

Le gustaba el tabaco, el tinto fuerte, la gente dura, las mujeres frágiles y el amor en razón de compañía

Mi abuelo no sabrá que le quité su pedestal de potros y le falté al respeto a su bravura Mejor así: mi abuelo no admitía que utilizara la memoria en vano.

 

 

 

Eduardo

De pronto la costumbre de no contar contigo para nada De no saber si vas, si llegas tarde y en compañía de quién Ni cuándo y dónde la fiesta concertada el compromiso inevitable De olvidar el abrazo y la pregunta de cómo estás Eduardo? y cómo están tus versos, tus asuntos De salir a la calle con la sonrisa puesta sin tropezar contigo en las esquinas De hablar con un amigo y esculcar la memoria, sorprendidos de no saber de ti desde que vives tres metros debajo de un ciprés en el cementerio de Pamplona.

 

 

 

Poema que te hace más frágil

La falda se desliza y cae a tus pies con ronroneos de animal doméstico acostumbrado a espiarte en esta ceremonia de tus actos rituales para desnudarte:

Primero tu mano que suelta los cabellos para oscurecer la habitación y el movimiento de tus dedos –con precisión de cirujano– que desatan la prenda para que los senos se liberen y muestren el lugar más hermoso de tu piel

Y un aleteo de pájaros puestos en libertad anuncia el momento en que tus muslos se iluminan precediendo ese último ademán que te descubre toda como un deslumbramiento con ese abandono de tu cuerpo desnudo que te hace más frágil y más indescifrable.

 

 

 

Kampeones

En la revista del colegio una fotografía de veinte años atrás donde estamos posando sudorosos después de la victoria.

Todos tenemos un aire de grandeza que hemos ido gastando: el gallego Tomás, el pecoso Pedroza el maracucho Antonio que hizo un gol memorable y ahora tiene una casa de citas en Valencia.

El tatareto Vega que era puntero izquierdo y ahora juega a político por el ala derecha.

Siboney el negrito centro-medio y Juan Ramón «pocillo» (porque tenía una oreja, solamente).

Al respaldo con mi letra de entonces una larga leyenda que comienza: Campeones (con K)… el nombre, los apodos del equipo, los goles y su hazaña con fecha y hora de esa tarde de marzo cuando fuimos brevemente inmortales.


Noticia Biográfica


Miguel Méndez Camacho (Cúcuta, 1942). Doctor en Derecho Ciencias Sociales y Políticas Universidad Externado de Colombia, 1962. Periodista Profesional y Profesor Universitario. Decano de la Facultad de Comunicación Social-Periodismo de la Universidad Externado de Colombia desde 1991. Autor de: Los Golpes Ciegos, Papeles, Poemas de Entrecasa, Perfil y Palote, Instrucciones para la nostalgia, Malena, La alegría de Escribir, Desencantos y Cantos, La primera cosecha que dio pájaros, Pelé: De la favela a la gloria, y Antología (Viernes de Poesía. Universidad Nacional de Colombia). Presidente de AFACOM. Fundador del Concurso Universitario Nacional de Cuento Corto y Poesía de la Universidad Externado de Colombia, de los concursos nacionales de Poesía, Eduardo Cote Lamus, y de Cuento, Jorge Gaitán Durán. Poeta de año del XII Festival internacional de poesía de Bogotá 2004. Director de la Colección Clásicos de la literatura Colombiana (27 ediciones. Editorial Colcutura). Director de la Colección «Un libro por centavos» con un tiraje de 13.500 ejemplares que se distrubuyen gratuitamente con la Revista «El Malpensante».



Articulos relacionados