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Un comedor de violetas, de Francia Elena Goenaga



                                                                             Para Liliana Herrera

Doina  Constantinescu me contó la siguiente anécdota sobre Cioran, en noviembre de 2010, en Pereira (Colombia): “un amigo rumano de Cioran, le lleva a Parí­s un ramo de violetas de los Cárpatos. Emilio sonrí­e, acerca el ramo, lo huele y se lo come”. El impacto de tal anécdota me ha llevado a escribir estas  notas, lecturas, reflexiones, lecturas, que si no alcanzan una total unidad, logran mostrar la tensión entre la parte y el todo, los lí­mites del pensamiento.

¿Qué es lo sorprendente: acaso que Cioran, con un Alzheimer avanzado, haya olvidado lo que es una violeta y se la coma? No lo creo. El sabor de una violeta puede actuar como detonante proustiano del recuerdo, aunque aquí­ el tiempo recobrado no sea la historia de una vida, sino el Misterio, que de manera arquetí­pica nos une a la poesí­a lí­rica, esencia de toda poesí­a, y le devuelve a Cioran, gracias al gusto -el órgano de los sentidos más primitivo-, la tierra del hogar, el lugar que el filósofo y poeta –sí­, digo poeta-  ha nombrado como permanencia en el mundo.

Paraí­so. 

Poesí­a. 

No poesí­a. 

Inocencia. 

Origen.

La poesí­a es una violeta, tiene todos los azules de los Cárpatos.

 

 

 

“Comprendra-t-on jamais le drame d’un homme qui, í  aucun momento de sa vie, n’a pu oublier le paradis?” 

(“¿Se comprendrá alguna vez el drama de un hombre que, en ningún momento de su vida, ha olvidado el Paraí­so?, Cahiers, 13)

 

¿Olvidó Cioran el paraí­so gracias al Alzheimer o volvió a él gracias al sabor de las campánulas de los Cárpatos?

La poesí­a puede producir el vací­o que todo pensamiento necesita para olvidarse a sí­ mismo.

La poesí­a es Alzheimer.

El Alzheimer tiene el color de las violetas.

Es puro sonido, intermitencia, silencio.

Memoria sin memoria.

“El error de haber nacido es una interjección”. La escritura encarna la particularidad de la huella frente a una inmensa amnesia.

 

 

 

“Percevoir la part d’irréalité en toute chose, signe irrécusable qu’on avance vers la vérité…” 

(“Percibir la parte de irrealidad en cada cosa, señal irrecusable de que se avanza hacia la verdad”, Cahiers, 15)

La enfermedad es real:

Da peso,

Quita peso,

Gravedad,

No hay trauma,

Ni herida,

Tampoco nubes donde quepan las tumbas.

Solamente el viento frí­o de los Cárpatos.

¿Cuál es la verdad?

La enfermedad es irreal:

Da peso,

Quita peso,

Gravedad,

Trauma,

Solamente la visión de un corazón arrancado al Paraí­so,

Cripta

Sin bicicleta para volver,

Sin memoria para recordar,

¿Qué se recuerda?

La memoria es banal, necesita detonantes para volver atrás:

Una violeta, un bizcocho azucarado, una sopa de hueso, una esencia de algas marinas,

O el frí­o recorriendo la espalda en una noche de verano.

La vida toda en una palabra: Alzheimer, Paraí­so, Rumania.

 

 

 

Me gustan los números porque nada callan al decir. 

1911- 17-89-1957-1972-1768-2011.

 

 

 

“Tant j’ai approfondi mon vide, l’ai creusé et m’y suis appesanti, qu’il n’en reste, me semble-t-il plus rien: je l’ai épuisé, jén ai tari la source” 

(“Tanto he profundizado mi vací­o, he cavado y me he entorpecido en él, que ya no queda, me parece, nada: he agotado, he secado la fuente”, Cahiers, 27).

La infancia recobrada por la muerte.

La zarza ardiendo.

Sin aire para respirar.

Y la source sigue intacta.

Es la función de todo arte

Recobrar la infancia.

He bebido de la fuente seca de Cioran

Como una sombra que busca el camino a casa.

Y la source sigue intacta.

¿Cómo cavar el vací­o?

¿Acaso, boca arriba,

Tendida en la hierba,

Mirando el cielo puro?

 

 

 

“J’ai trop lu … La lecture a dévoré ma pensé. Quand je lis, j’ai l’impression de “faire” quelque chose, de me justifier vis-í -vis de la “société”, d’avoir un emploi, d’échapper í  la honte d’íªtre un oisif —–, un homme inutile et inutilizable”. 

(“He leí­do demasiado … la lectura devoró mi pensamiento. Cuando leo, tengo la impresión de “hacer” alguna cosa, de justificarme frente a la “sociedad”, de tener un empleo, de escapar a la vergí¼enza de ser un  desocupado …, un hombre inútil e inutilizable”, Cahiers, 33).

Brisa marina en Parí­s.

No es tedio a secas, es el tedio de toda exigencia.

Arrojo de lo inutilizable.

Carne triste,

¿Cómo olvidar la misión de Marco Aurelio

-cada mañana, al despertarse, antes del jugo de naranja-

De ser un hombre?

¿Es un poeta un hombre?

Si el que piensa tiene las manos sencillas,

Entonces el poeta y el filósofo son hombres.

He visto las manos arrugadas de Cioran,

Al comerse un ramo de violetas.

 

 

 

“Je ne puis vivre que lí  oí¹ je suis – et oí¹ l’on m’appelle étranger. Une patrie –ma patrie?- me semble aussi lointaine et aussi inaccesible que l’ancien Paradis” 

(“No puedo vivir sino donde estoy  –y donde me llaman extranjero. Una patria -¿mi patria? –me parece tan lejana y tan inaccesible como el antiguo Paraí­so, Cahiers, 55).

Recordar es doloroso porque solamente la imperfección del recuerdo le permite al cerebro recordar, y queremos el paraí­so completo, verlo en un solo golpe, sentirlo, vivirlo otra vez. Doloroso placer el del Alzheimer, que en un solo ramillete de violetas ha producido el milagro. Y ya no hay palabras para expresarlo, ya no poseemos un lenguaje familiar, finalmente el enfermo es un mí­stico, un poeta en el sentido más puro de la palabra. El paraí­so es morado como la lengua al comer violetas.

 

 

 

“Un homme pour qui il n’y a pas de patrie ici-bas” 

(“Un hombre para el que no hay Patria aquí­ abajo”, Cahiers, 43).

Celan, Cioran.

Dejo sobre sus tumbas un ramo de violetas.


Noticia Biográfica


Francia Elena Goenaga estudió literatura en la Pontificia Universidad Javeriana. Es magister en Literatura Hispanoamericana por el Instituto Caro y Cuervo y doctora en Filosofí­a por la Universidad de Parí­s 8. Actualmente es docente de la Universidad de los Andes.



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