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En busca de poetas: una entrevista a Eduardo Bechara Navratilova



Bajo la idea de que conocer a los poetas y acercarse a su entorno pueden dar luces fundamentales para entender sus obras, Eduardo Bechara Navratilova, escritor colombiano, decidió embarcarse en un largo viaje por Suramérica. Empezando por la Patagonia argentina y acabando por el Cabo de la Vela, Bechara busca recorrer el continente buscando poetas, creando una red de contactos y encontrando poetas inéditos a los cuales valga la pena publicar; en eso consiste su proyecto En busca de poetas: http://www.enbuscadepoetas.com/. De manera paralela a cada antología, piensa publicar una parte de su “Cuaderno de viajes”, un valioso documento que narra sus experiencias vividas durante el recorrido. Bechara desborda historias y nombres, que guarda cuidadosamente en su computador, su Aleph personal que lo hace, desde la perspectiva de cualquier amante de la poesía, uno de los hombres más ricos del continente. Hasta el momento, ha visitado la Patagonia argentina (región que, por su riqueza poética, concibe como un territorio aparte), Chile, Argentina, Uruguay y Paraguay. Aún le faltan Bolivia, Perú, Ecuador, Venezuela y Colombia. En el 2017 piensa publicar la primera antología y la primera sección del “Cuaderno de viajes” correspondientes a la Patagonia argentina. Otro páramo tuvo el placer de entrevistar a este interesante viajero que en la entrevista transcrita a continuación explica su proyecto con mayor profundidad.

 

 

Otro páramo: ¿Por qué embarcarse en esta tarea titánica de viajar alrededor de 26,000 kilómetros para conocer personalmente a poetas de América Latina si vivimos en una época conectada por una gran cantidad de medios de comunicación?

 

Eduardo Bechara: La misma pregunta me la hizo Anahí Lazzaroni, una poeta de Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina. Hay que recordar que Ushuaia es la última o primera ciudad de América del Sur. De ahí hacia abajo salen los barcos hacia la Antártida. Ella fue realmente la primera autora importante con la que me reuní en ese punto inicial del viaje. Lo curioso es que vive junto a su madre en una casa de la que escasamente sale. Toda su vida gira alrededor de ese centro: su hermana le trae los víveres del supermercado y paga sus cuentas. Y su poesía puede verse como esa mirada del centro a la periferia. Son como cortas excursiones hacia el exterior. Ella, precisamente, me dijo que no entendía mi proyecto en un mundo en el que tenemos a los poetas a un click de distancia. Yo le dije: “Anahí, tú eres la primera poeta con la que me encuentro. No podemos desvirtuar los alcances del proyecto a priori”.

 

Conocer el entorno de esa poeta y su vida cotidiana, me llevó a darme cuenta de que más allá de la antología —el proyecto comenzó con la intensión de publicar una antología de poetas inéditos—, lo más interesante es el “Cuaderno de viaje”: una especie de texto multigénero construido con crónicas, cronicas de viajes y con un cierto tinte periodístico cuando me encuentro con cada poeta. Nuestras conversaciones hacen un collage con su poesía. Este paisaje logra crear la ‘huella digital’ de cada poeta, y esta ‘huella digital’, puesta al lado de la de otro y otro poeta, forma la ‘huella digital’ de una región o una ciudad. La ‘huella digital’ de cada región forma la de un país. Así, poco a poco y poeta a poeta, se va formando la poética del continente. Si bien en las facultades de Literatura enseñan que uno tiene que alejarse de la biografía de un escritor, para mí lo más interesante fue haber podido asociar la vida que lleva cada uno de ellos con su poesía. El texto que salga como resultado podrá ayudar a los futuros escritores a desmitificar la figura del poeta. No se trata de un ser encumbrado en el Olimpo, sino de un tipo común y corriente que sufre y tiene problemas, obligaciones y defectos. Cualquiera que lea estas líneas se dará cuenta de que también puede ser poeta. El “Cuaderno de viaje” le da la oportunidad a cualquiera que lo lea, de llegar a la casa de los autores, conocer a sus familias y ver dónde escriben. Nada de esto se puede hacer si estás “a un click de distancia”. Además, gracias a que los poetas me referencian a otros, he llegado a autores excelentes que son completamente ajenos al Internet e incluso a los teléfonos. Si no fuera por el viaje no habría podido llegar a ellos.

 

Lo interesante además, es que la misma Anahí Lazzaroni me llevó a Julio “Mochi” Leite —una leyenda poética que vive en Río Grande, Tierra del Fuego—, y la experiencia de conocerlo me ratificó la importancia del “Cuaderno de viaje” y la forma en la que el lugar y el ambiente en el que los poetas viven moldean sus obras. La poesía del “Mochi” está llena de prostitutas. Resulta que para entrar a su casa (donde dormí un par de noches), hay que recorrer un callejón. A un lado se ubica un lenocinio llamado “Sol de mayo”, y del otro hay otro. Se debe pasar por entre estos dos establecimientos para entrar a la casa del poeta. La explicación de esto es que Río Grande es una ciudad alejadísima de los grandes centros del mundo. En verano es helada. La lluvia es de gotas filudas que penetran la ropa y calan los huesos. En invierno llega a muchos grados bajo cero. Todo el año hace un viento fuertísimo. Pocas personas quieren vivir ahí, pero hay varias fábricas, se les paga muy bien a los trabajadores, y por eso está lleno de hombres. Eso hace que haya mucha prostitución. Por eso la poesía del “Mochi” está llena de prostitutas. Hacer esas conexiones me resulta apasionante. Y eso no se sabría si nunca hubiera ido allá. Es decir, lo sabrían ellos, pero no yo ni alguien en Colombia o Francia o en los Estados Unidos que pueda leer esta entrevista o el “Cuaderno de viaje”. Lo hermoso es que el “Cuaderno de viaje” está contado en un tono literario, como un relato de aventuras. Eso lo hace interesante, colorido. Hay experiencias propias y se narra desde mi intimidad.

 

O: ¿Esa experiencia vital que compartes con los poetas cuando los visitas, ese mundo personal que conoces de ellos, va a aparecer en la antología o en el otro libro?

 

P: Sus poemas apareceran en la antología. Su mundo personal en el “Cuaderno de viaje”. Solamente de la Patagonia hay ochocientas páginas escritas del cuaderno, que si las viertes al formato de un libro, se vuelven muchas más. Ahora, la idea es que en el “Cuaderno de viaje” también aparezcan los poemas de los autores, ya que eso forma el collage del que hablábamos. De modo que se podrán leer tanto en la antología como en el “Cuaderno de viaje”.

 

O: ¿Cómo escribes ese “Cuaderno de viaje”? ¿Lo escribes a mano o en un computador?

 

E: En computador. La escritura del “Cuaderno de viaje” es muy interesante. En un principio, cuando llegué a Tierra del Fuego, experimentaba la vivencia y luego llegaba al hostal donde me estaba quedando y la escribía. Después me fui dando cuenta de que podía escribirse en el acto. Cuando me reunía con los poetas abría el computador (así estuviéramos en un auto), y escribía la narración de lo que estaba sucediendo. Incluso describía los paisajes de una vez. Eso me demostró que podía ser mucho más ágil y no perdía el tiempo tratando de hacer una recreación de lo que había pasado. Fue gracioso porque me vi escribiendo sobre el techo de los autos y a veces los mismos poetas me sostenían el computador. A algunos les parecía que la cosa era fantástica. En Santiago de Chile me llegaron a decir que Hemingway escribía así. El computador que tenía resistió de todo y terminó muy maltrecho. Cora Grabrás —una poeta inédita muy buena que vive como hermitaña en su antigua casa en el Piltriquitrón, una montaña en el Bolsón, Río Negro, Argentina— se emocionó con lo que estaba contando, dio un manotazo y el computador que estaba sobre mis piernas salió a volar. Claro, el disco duro se dañó a finales de ese 2013.

 

O: ¿Los diarios de viaje se corresponden con las antologías? Es decir, pronto saldrá una antología de poesía de la Patagonia argentina, ¿también saldrá el “Cuaderno de viaje” de esa región? ¿Hay una suerte de simetría?

 

E: Claro, porque queremos mantener la temporalidad del viaje. El segundo cuaderno y la segunda antología que se publicarán son del sur de Chile. Los terceros serán del centro de Chile. Por “centro de Chile” me refiero a Santiago y Valparaíso. Solo en esas dos ciudades hay muchos poetas buenos.

 

Uno puede sacar ya algunas conclusiones del proyecto. Por ejemplo: donde hay poetas importantes hay “jardines” de poetas alrededor de ellos. Los poetas importantes que son generosos les transmiten su arte a los que vienen detrás. Los ayudan, los estimulan, los corrigen, les enseñan el oficio, les sugieren lecturas. Todos juntos crean una poética del lugar. Eso se puede ver en Río Grande, donde el “Mochi” es una gran figura. También sucede en Bariloche, donde muchos poetas giran alrededor de la figura de Graciela Cros.

 

Otra conclusión: la geografía moldea la poesía del lugar. La poesía de la Patagonia está llena de soledad y de viento, de ese panorama de horizontes amplios. Ellos lo llaman “el desierto”, pero no es como tal un desierto porque alcanza a llover un poco y hay arbustos. El viento siempre sopla en esa poesía. La soledad y la bastedad la hacen desgarradora. Es diferente a la poesía chilena. Debido a su costa de miles de kilómetros, la poesía de Chile está llena del canto del oleaje. Hablo más que todo del ritmo de la poesía; emula el ritmo propio del mar y pone su dedo en la llaga, enuncia las circunstancias sin eufemismos. Un fenómeno diferente al de la poesía uruguaya, que está llena de imágenes pictóricas. Eso se debe a que los horizontes de ese país están cargados de tonos pasteles y paisajes con cielos hermosísimos. Si tomamos la provincia de Entre Ríos, Argentina, veremos que está cercada por tres ríos y los autores de esta región escriben poemas larguísimos. De alguna forma simulan el fluir de un río. Y en efecto se puede sentir el fluir del agua en sus versos. Paraguay, por otro lado, un país que no tiene mar, sino una gran frontera con Brasil, ha generado un fenómeno interesantísimo en el que algunos poetas mezclan el castellano con el guaraní y el portugués, formando así lenguajes poéticos propios.

 

O: ¿Cuándo llegas a una ciudad cómo haces para contactarte con los poetas?

 

E: Como ya llevo cuatro años de viaje, los poetas de un lugar me han ido llevando a los poetas de otro. Cuando el proyecto se aprobó y tuvimos luz verde —Pavimentos Colombia nos dio un patrocinio—, le escribí desde Bogotá a Fredy Yezzed, un poeta colombiano radicado en Buenos Aires a quien conocí hace años en la Universidad Javeriana a través de Luz Mery Giraldo, y de quien luego me volví amigo cuando asistió al lanzamiento de mi primer libro de poesía presentado en 2010 en Buenos Aires (junto con el primero de cuentos de Eduardo Bechara Baracat, mi homónimo argentino, que es otra historia). Le conté que planeaba hacer un viaje por América del sur desde Tierra del Fuego hasta el Cabo de la Vela, Guajira, Colombia; es decir, desde el punto más austral hasta el punto más al norte del continente, buscando poetas para darles reconocimiento y para publicar una antología de poetas inéditos. A él le pareció una locura, pero me dijo que lo buscara cuando llegara a Buenos Aires y que me contactaría con una poeta que conocía el panorama poético de Tierra del Fuego y Patagonia. Esa poeta se llama Viviana Abnur. Viajé a Buenos Aires en enero de 2013, le dije a Fredy y fuimos con Viviana al café Británico, ubicado frente al parque Lezama, donde se inicia la novela Sobre héroes y tumbas de Sábato. Ella me enumeró a varios poetas de Tierra del Fuego y Patagonia, entre los que se encontraban Anahí Lazzaroni en Ushuaia —como lo hemos dicho—, Nini Bernardelo en Río Grande y Macky Corvalán en Neuquén, entre otros. Me dio sus números de teléfono, sus correos electrónicos y me dijo que les iba a escribir para que esperaran mi mensaje. Así se inició la cadena de poetas. Como también se dijo, en Ushuaia, Anahí me recomendó encontrarme con el “Mochi” en Río Grande. Lo llamé, le conté acerca del proyecto. Él me dio el teléfono de Alejandro Pinto, un poeta inédito que tiene una editorial cartonera. Dijo que él me podía llevar a otros poetas inéditos y que cuando llegara a Río Grande fuera a comer a su casa. Llamé a Alejandro, nos pusimos una cita, recorrí el primer trayecto del proyecto a Río Grande. Alejandro me llevó a Priscila Vallone, a Lucas Tolaba —dos inéditos excelentes— y a Daniel Layseca, quien acababa de publicar su primer libro. Todos fuimos a la casa de “Mochi”. Él me puso en contacto con Bruno Di Bennedeto (premio Casa de las Américas) en Puerto Madryn, con Raul Mancilla en Neuquén y Maritza Kusanovic en Río Gallegos. La llamamos, me puse una cita con ella, crucé el estrecho de Magallanes, y duramos toda la tarde escribiéndole a más de treinta poetas patagónicos. Me dijo que ya que estaba en esa labor de buscador de poetas debía encontrar a Claudia Elísabet Sastre, una poeta que escapó de la sociedad y se fue a vivir a una chacra apartada en Epuyén, provincia de Chubut. Y de hecho la fui a buscar. La encontré con la ayuda de otra poeta llamada Natalia Silva. De esa forma fui conociendo a los poetas más representativos de la Patagonia y ellos me llevaron a los inéditos con mayor oficio, que es a los que el proyecto apunta conocer. Todos estos poetas de la Patagonia Argentina me llevaron a los del sur de Chile; los del sur de Chile a los del centro de Chile; estos a los de Mendoza, Argentina, del otro lado de los Andes. Y así, sucesivamente, fui alimentando el listado de poetas por regiones de América del Sur.

 

O: ¿A partir de tu experiencia en este viaje, te parece que los poetas son generosos?

 

E: La gran mayoría de los poetas han sido muy generosos. Por eso siempre hablo de un “nosotros” cuando me refiero al proyecto, porque hago referencia a todas las personas que han ayudado, que me han invitado a sus casas o a una comida y me dan sus poemas para las antologías. Soy feliz tendiendo puentes. Si conozco a un poeta que tiene un tema afín con otro poeta en otra región o país, le digo: “Mira, conocí a un poeta que toca tus mismos temas. Deberían entrar en contacto para entablar una relación y mostrarse los textos. De esta manera pueden saber lo que está haciendo el otro y crecer juntos”. La poesía no es de nadie. Gracias a que fui profesor de Escritura Creativa en la Universidad de Temple en Filadelfia, Estados Unidos, mucho de lo que termina sucediendo durante el viaje es que me reuno con poetas a los que les falta madurez o están un poco verdes, como yo los llamo, y hacemos taller. Revisamos desde la musicalidad hasta la función de cada una de las palabras en sus poemas. Aunque esto requiere de un gran esfuerzo de mi parte, lo hago con el mayor de los gustos porque la vida ha sido también muy generosa conmigo. Este proyecto me ha puesto en contacto con magníficos poetas. De algunos de ellos incluso me he vuelto amigo. Me disgustan las personas que no son generosas o son tacañas en su espíritu.

 

O: Tú hablabas ahora acerca de estas islas u oasis que se forman en torno a ciertos poetas. Muchas veces pasa que cuando uno es extranjero las personas son muy generosas con uno, pero ya adentro del contexto hay unos círculos muy marcados a los que no pueden acceder todos los poetas. Y de alguna manera tu proyecto busca rescatar a esos poetas. Pero te queríamos preguntar si te has topado con ese lado oscuro del mundo literario en los lugares que has visitado.

 

E: Si algo también he visto han sido peleas entre poetas. Hay grandes egos; poetas que no se hablan con otros. Incluso he visto algunas a puños. Esas mezquindades están a la orden del día. Es como una pesadilla repetida: en cada lugar hay poetas que tienen disputas con otros. De hecho una de las anécdotas famosas del viaje —y desde ahí tengo más cuidado— es que me cité con un poeta mapuche que se llama Juan Huenuán en Temuco, sur de Chile, a las seis de la tarde. Él llegó con otra poeta llamada Daphne, olvido ahora el apellido, y con un poeta español amigo de él. Más tarde, a las siete, llegó Ricardo Herrera, otro poeta, que saludó a Huenuán sin ningún problema aparente. Nos dijeron que luego de nuestra reunión fuéramos a un bar en el que estarían bebiendo cerveza. Fuimos y después de varias cervezas terminamos en un bar mapuche que tenía el ambiente enrarecido. Recordemos que los mapuches están en guerra con el gobierno chileno. Quieren que se les devuelva su territorio. Temuco, de hecho, es la frontera entre la tierra mapuche y la chilena. El resto de personas del bar nos miraban con recelo y se susurraban entre ellas. La música sonaba fuerte. Daphne empezó a leer un poema y Huenuán le dijo: “¡Agh Daphne, pero corrige tus poemas!”. Ricardo Herrera le respondió con rabia, Huenuán le respondió a él —la música no dejaba oír exactamente lo que se decían— y se cruzaron algunas frases hasta que Ricardo Herrera se levantó al baño y tuvo la ligereza de darle una pequeña cachetadita a Huenuán. Este salió a perseguirlo hasta que lo agarró a golpes y patadas. Nos tocó separarlos y Ricardo Herrera se fue a esconder al baño. Me paré frente a la puerta para que Huenuán no lo volviera a agarrar a puños. Finalmente nos echaron del bar y abajo Huenuán volvió a arremeter contra Ricardo Herrera, quien terminó sin un diente. Los volvimos a separar, Huenuán cruzó la calle y desde lejos, junto a un poste, en medio de la oscuridad de la noche, empezó a gritar: “¡Herrera! ¡Herrera! ¡Llora como en tus poemas!”. El hecho es que terminamos Herrera y yo en su casa con una botella de vino que él se bebió prácticamente solo. Ahí me leyó su poesía y entre poema y poema decía. “Es que el weon del Huenuán se cree mejor que yo”. Él se tenía que levantar a las seis para ir a dar clase de Literatura en un colegio y, por supuesto, no lo hizo. Yo abrí los ojos como hacia las ocho, lo vi profundo y me fui con una gran tristeza por todo lo que había pasado. Lo cierto es que ambos son muy buenos poetas, pero ese tema del ego los empequeñece un poco en su espíritu, así como les pasa o nos pasa a muchos…

 

Es un ejemplo muy caracterizador de cómo es el asunto en muchos lados, quizás con excepción de Uruguay donde no se nota tanto. En conclusión, diría que es cierto lo que ustedes mencionan: conmigo pueden ser generosos, pero entre ellos no tanto. Insisto en que me parece importante que los poetas vayan más allá de eso y que sean capaces de ver la importancia de tender puentes. Finalmente esa es la posta que le estamos pasando a las generaciones que vienen.

 

Otra de la conclusiones a las que he llegado es que la poesía de cada lugar es vista en su conjunto. Eso tendría que incentivar a los poetas a ser generosos y querer que muchos escribieran bien. Insisto en que los poetas o narradores que se guardan sus secretos literarios solo para ellos, carecen de un espíritu gregario. Eso los vuelve árboles solitarios en medio del desierto.

 

O: ¿Cuáles han sido las experiencias de viaje que más te han marcado? ¿Cuáles son esos elementos del oficio de escribir que le podrías compartir a los poetas?

 

E: Tierra del Fuego y Patagonia fueron muy importantes porque marcaron el inicio del viaje, y creo que los inicios son fundamentales. Anahí Lazzaroni y el “Mochi” a quienes tanto hemos mencionado, han sido influencias literarias propias. Mi poesía después de que emprendí el viaje ha crecido de forma exponencial en vista de que me he visto rodeado por grandes autores y he leído su poesía. También están Raúl Mancilla, Macky Corbalán, Bruno Di Benedetto, Graciela Cros, Roxana Miranda Rupailaf, y eso para hablarte solo de la Patagonia. Esa es la posta que debemos pasar. Ellos te muestran su poesía, tú alimentas tu poesía de la suya, y a su vez les puedes comunicar a los aspirantes a poetas de otras partes acerca del trabajo de estos autores fundamentales. A los aspirantes a poetas tendría que decirles que nadie nace escribiendo bien. El caso de Rimbaud es excepcional. El arte de escribir se va puliendo con el tiempo, la determinación de mejorar y el trabajo. En los pequeños detalles de carpintería es en donde se ve a los grandes poetas. Trabajan y revisan su obra hasta la saciedad, y lo más importante de todo: no tienen prisa por publicar. Si se pueden conseguir a un poeta importante que les revise la obra y los apadrine, podrán crecer con una guía y de una forma más rápida.

 

O: Tú hablabas de un cierto aire que se genera en la poesía en relación a lo regional. Dependiendo de la topografía, de los colores del cielo en ese lugar, de la cercanía del mar, se genera un tipo distintivo de poesía. ¿Además de ese, has encontrado otros criterios —por ejemplo generacionales— bajo los cuales construir tipologías en torno a la poesía contemporánea?

 

E: En Santiago de Chile me reuní con un poeta muy importante que se llama Thomas Harris. Él decía: “no sabemos para dónde vaya a agarrar la poesía chilena contemporánea en este momento porque hay tanta gente escribiendo tantas cosas diferentes que no se sabe qué camino pueda tomar”. Es decir, nadie sabe quién vaya a poner el criterio de qué es lo que se debe escribir.

 

En ese mismo orden de ideas concluí —también después de haber pasado por Buenos Aires—, que en las grandes ciudades la actualidad es mucho más compleja porque hay más elementos que entran a jugar dentro de la poesía de cada quien. Hay, por ejemplo, más lecturas de poetas de otras lenguas. Al ser metrópolis más universales en donde llegan libros de otros lados, se generan influencias distintas. Ahí también están las grandes universidades y las facultades de Literatura, Lenguas y Filosofía, en donde se teoriza mucho más, se estudian más a fondo las corrientes, a ciertos autores, y a su vez se establecen cánones propios. Pongamos un ejemplo: El canon chileno y la poesía que los estudiantes chilenos leen en las escuelas y las universidades —aparte de coincidir con otros países de América del Sur en que leen a los españoles clásicos como Lope de Vega, Calderón de la Barca, Antonio Machado, Federico García Lorca, por nombrar algunos, o a los latinoamericanos reconocidos como Rubén Darío, Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Vicente Huidobro, Nicanor Parra, César Vallejo, Oliverio Girondo o Mario Benedetti (odio decirlo por este último), entre otros—, cuentan con sus propios autores. En ese ejemplo de Chile se encuentran nombres como los de Gonzalo Rojas, Pablo de Rokha y Jorge Teillier, entre muchísimos otros. Todos ellos son poetas importantes difundidos en Chile más que en cualquier otro lugar de Suramérica. Si fuéramos a hablar del canon de Colombia mencionaríamos a José Asunción Silva, Porfirio Barba Jacob, León de Greiff, Rafael Pombo y Raúl Gómez Jattin, entre otros. Ellos son muy difundidos y leídos en los colegios y universidades nacionales, pero —he logrado constatarlo— muy poco estudiados o escasamente revisados en los países del cono sur. En este orden de ideas, el canon de cada país es muy diferente al del otro, y por eso mismo, las influencias sobre los aspirantes a poetas o poetas nuevos son muy variadas.

 

Por otro lado, en las grandes ciudades es posible ver una cohabitación de varias generaciones de poetas. Entre generaciones también se ven diferencias, algunas más marcadas que otras, aunque el parricidio es común en todos lados. En Chile, para seguir con ese ejemplo, ya quieren matar a Pablo Neruda, su papá poético. Me gustan mucho los lugares en donde se mezclan y se ayudan los poetas de distintas generaciones, como en el mismo Santiago de Chile, Montevideo, Posadas (Misiones, Argentina) y Asunción.

 

En Argentina hay un tema fundamental, notorio sobretodo en la provincia de Buenos Aires, el Gran Buenos Aires y Buenos Aires capital, aunque también afecta a Mendoza y con seguridad incide en ciudades como Rosario y Córdoba, a las que aún no he visitado dentro del proyecto. Allá existió una revista muy importante llamada Xul, que recogió la vieja pelea existente entre los neorrománticos y los surrealistas. Xul agrupaba a los poetas surrealistas, objetivistas. Durante la dictadura ellos acusaban a los neorrománticos. Decían que a través de su retórica se escapaban de la realidad y no hablaban de lo que había que hablar. A partir de ahí se ahondó la diferencia entre aquellos que escriben objetivismo, y son herederos de la segunda generación de modernistas norteamericanos influenciados por Ezra Pound y William Carlos Williams, entre otros. Hacen reflexiones sobre el mundo, especialmente de corte político, e intentan explicar las cosas cercanas tal y como las ven. Desprecian lo hermético, lo encriptado, y por lo general se concentran en temáticas urbanas y de crítica social con un lenguaje cotidiano. Los neorrománticos o neobarrocos son herederos de una corriente de poetas más líricos y tradicionales. La poesía lírica es polimétrica, se concentra en la musicalidad y la intimidad de la voz poética. En Colombia se escribe con lírica, más que nada, por la profunda influencia que tenemos de Rubén Darío y José Asunción Silva. A muchas personas que escriben poesía lírica en Argentina les parece que el objetivismo no es poesía. Y a los objetivistas les parece que lo lírico ya no es un tipo de poesía válida. Un poeta llamado Carlos Graso en Mendoza me describió a los líricos como poetas que se paran en la mitad del desierto a tomar un baño de agua calientica, a lavarse el pelo y a enjabonarse el cuerpo mientras que la realidad a su alrededor es brutal. Odiaba a Fernando Toledo, otro poeta de corte más lírico, quien además organiza el festival de poesía de Mendoza. Este es un tema complejo. Puede dar para una tesis. Finalmente quien me lo terminó explicando a grandes rasgos fue Javier Magistris, director de la revista “La Guacha” en Buenos Aires, aunque no me considero la persona más idónea para exponerlo. Al que le interese puede hacer su propia investigación y ahondar en él. En todo caso intentemos un ejemplo. Fabián Casas es hoy en día uno de los más renombrados poetas objetivistas de Buenos Aires. Su poema “Sin llaves y a oscuras”, si lo escuchamos bien, se oye más como narrativa que como poesía y, como lo dicta el objetivismo, explica los hechos y vivencias cercanas tal y como las ve el poeta en un lenguaje cotidiano.

 

 

“Era uno de esos días en que todo sale bien.

Había limpiado la casa y escrito

dos o tres poemas que me gustaban.

No pedía más.

 

Entonces salí al pasillo para tirar la basura

y detrás de mí, por una correntada,

la puerta se cerró.

Quedé sin llaves y a oscuras

sintiendo las voces de mis vecinos

a través de sus puertas.

Es transitorio, me dije;

pero así también podría ser la muerte:

un pasillo oscuro,

una puerta cerrada con la llave adentro

la basura en la mano”.

 

 

Lo mismo sucede con “A mitad de la noche”.

 

 

“Me levanto a mitad de la noche con mucha sed.

Mi viejo duerme, mis hermanos duermen.

Estoy desnudo en el medio del patio

y tengo la sensación de que las cosas no me reconocen.

Parece que detrás de mí nada hubiese concluido.

Pero estoy otra vez en el lugar donde nací.

El viaje del Salmón

en una época dura.

Pienso esto y abro la heladera:

un poco de luz desde las cosas

que se mantienen frías”.

 

 

Tomemos justamente a Fernando Toledo como ejemplo de una poesía lírica en donde se pone el énfasis en la musicalidad, el ritmo y la intimidad de la voz poética. “Autodefinido” está dedicado a Joaquín.

 

 

“A mi lado resuelve un crucigrama

Mi hijo mayor en la siesta narcótica,

Con todo el territorio del lenguaje

Desplegado en rectángulos pequeños

Que se enredan como entre una maleza

Donde el silencio acecha y todo está,

Allí, a la espera de ser descifrado.

Yo lo observo en mí, como quien aguarda.

Quizás en un instante algo me pregunte,

Y entre los dos sorteemos la selva

De calladas bestias que, con sus dientes,

Buscan morder las palabras que un padre

Y su hijo deben ir encontrando

Para por fin mirarse, y entenderse”.

 

 

Lo hermético, lo encriptado y el uso de un lenguaje más buscado, menos coloquial, es aún más notorio en “Ateología”:

 

 

“Si fuera cuestión de puntos de vista

La razón del viento que está soplando

Estaría en las hojas de los álamos

Y su quieta música sibilante,

Mientras que la luz de cada mañana

(Ya que las opiniones tanto abundan)

Debería aparecer siempre a horario

Para animar danzas de girasoles.

Pero ha empezado a notarse el agobio

Y exhuma sabiduría un “no sé”

Antes que esa pretendida respuesta

Que clausura cualquier otra pregunta.

Al final de cuentas Dios siempre ha sido

Tan sólo el nombre de los que ignoramos”.

 

 

Tanto Fabián Casas como Fernando Toledo se paran frente a la página como observadores del mundo que los rodea. Ambos intentan encontrar su propia verdad o la verdad de los objetos, las personas y las circunstancias. Cada uno a su manera y en su propio estilo, como lo hacen todos los poetas. A mí me gustan ambos. Me he encontrado con grandes poetas objetivistas y grandes poetas líricos. Lo hermoso del proyecto En busca de poetas es que intenta deslindarse de juicios de valor. Las antologías que saldrán corresponden a un muestreo de lo que se escribe en cada lugar. En el fondo, Carlos Graso odia de Fernando Toledo por la exclusión: por no invitar a los poetas objetivistas de Mendoza, como él, al festival de poesía. Unos son tajantes con otros. Estas negaciones generan un gran rechazo. Y todo el que se siente rechazado en su ámbito se resiente con quien lo rechaza. Vuelvo a repetir: estoy lejos de ser un experto en el tema. Estas son conclusiones mías. De lo que sí puedo hablar con propiedad —volvemos a la primera pregunta de esta entrevista— es de las nuevas formas de circulación de la poesía a través de Internet. El proyecto inicialmente se concibió con la falsa creencia de que la poesía era un género muy poco leído, casi a punto de morir. Los poetas en general eran catalogados como pobres diablos, y si bien esto último es cierto —sobre todo en culturas como las latinoamericanas en donde el éxito o aceptación de alguien se mide con el dinero que tenga o pueda producir—, la premisa inicial, decir que la poesía es un género al borde de la muerte, es una falsedad absoluta. Lo cierto es que con las nuevas tecnologías como el Internet, se han creado redes poéticas interesantísimas. Inicialmente a través de los blogs, en donde distintos poetas iban haciendo publicaciones y luego a través del Facebook, los poetas de los distintos países de Latinoamérica se han empezado a leer entre sí. Las revistas digitales de poesía como Otro páramo, entran en esta dinámica. Los entusiastas de la poesía tienen acceso en su propia alcoba, en el computador ubicado en su escritorio, y sin la necesidad de salir de casa, a poetas de corrientes diferentísimas y países lejanos, a los que jamás hubieran tenido acceso de no ser por estos canales que han revitalizado el tráfico y la lectura de la poesía. De hecho, el fenómeno es aun muy reciente como para animarse a decir o sacar conclusiones de cómo afectará a la poesía de cada país. Anahí Lazzaroni a quien tanto hemos mencionado y con quien se abrió el proyecto y esta entrevista, probablemente sería leída solo por su mamá, por Luis Comis, Nicolás Romano (otros poetas de Ushuaia), el “Mochi”, Maritza Kusanovic y alguno que otro poeta más de Tierra del Fuego y Patagonia. Es decir, sería casi inexistente en términos poéticos a nivel Argentina o América del Sur, de no ser porque Internet le dio la posibilidad a su poesía de salir de ese lugar alejadísimo del mundo, Ushuaia, y ser leída en cualquier lugar, como lo será en Colombia, cuando En busca de poetas publique Donde sopla el viento, la primera antología del proyecto, o cuando ustedes publiquen algunos de sus poemas en Otro Páramo, y todos la puedan tener no a un click, pero sí a algunos clicks de distancia.

 

 

 

Vea también: Nabókov y la poesía rusa: ensayo de Jorge Bustamante


Noticia Biográfica


Eduardo Bechara Navratilova. Nació en Bogotá, Colombia, en 1972. Estudió Derecho y Literatura en la Universidad de los Andes de Bogotá, y terminó una Maestría en Escritura Creativa en la Universidad de Temple, Filadelfia, EEUU, donde fue profesor de Escritura Creativa en 2009 y 2010.

Sus novelas publicadas son: “La novia del torero” (2002), editorial La Serpiente Emplumada, “Unos duermen, otros no” (2006), y “El juego de María” (2015), Editorial Escarabajo. “Poemas a una ciudad, un insecto y una mujer” (2010), editorial El Copista, y “Mendigo por un día” (2012), Ediciones El Boulevard, ambos en Córdoba, Argentina, son su primer libro de poesía y crónica.

En 2016 es galardonado por la Fundación Andrés Bello con sede Madrid, España, por su obra narrativa completa. Desde enero de 2013 se encuentra realizando un viaje continental por Sur América en desarrollo del proyecto “En busca de poetas”, con el objeto de descubrir poetas editados e inéditos, documentarlos y publicar antologías de poesía suramericana por paises y regiones. Ver más del proyecto en: www.enbuscadepoetas.com

Eduardo es conferencista y colaborado de diarios y revistas literarias.



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