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Luna Libros: Selección de "Método fácil y rápido para ser poeta - Tomo I"



Preámbulo

 

El Método fácil y rápido para ser poeta —en sólo dos tomos— es y no es un manual progresivo de iniciación, originado en el taller de poesía y creación literaria que funciona desde 1985 en la Biblioteca Pública Piloto de Medellín, con el auspicio de la Subgerencia Cultural del Banco de la República.

 

Este tomo incluye cincuenta capítulos en desorden lógico, o en riguroso desorden, como quiera el corrector. Lo dedicamos a Gloria Inés Palomino Londoño, ilustre directora de la Biblioteca, en reconocimiento a la autonomía con que diversos talleres trabajan al amparo de ese centro de cultura: ejemplo de respeto a la inteligencia y la libertad de pensamiento y expresión.

 

***

 

De los cincuenta capítulos que componen este libro, Otro páramo ha hecho una selección de siete que presentamos a continuación. No incluimos las notas finales de cada capítulo que corresponden a citas de variados autores que profundizan lúcidamente los temas abordados por Jaramillo en cada texto. Dejamos estos fragmentos ocultos para invitarlos a acercarse a este interesante y polifacético libro.

 

 

De la vocación

 

En algún determinado momento (principalmente en la juventud) ocurre algo que despierta una vocación. Ese algo suele ser imprevisto, tal vez buscado inconscientemente, o atrapado al vuelo. Y de esa fortuita circunstancia, casi una revelación, pasa a depender en buena parte la vida del individuo que encontró, por así decirlo, una señal en el camino.

 

Al escuchar el llamado, instintivamente empieza a moverse en la dirección indicada. Al principio vagamente, y luego cada vez con mayor certidumbre, entrevé un destino que le reclama su voluntad.

 

Incentivos económicos ayudan a definir la mayor parte de las vocaciones, mas la del poeta se muestra necesariamente desinteresada. Su satisfacción y recompensa estarán en el disfrute de la percepción poética y la facultad de comunicarla, así como en el asombro que proporciona el hecho de poder mirar el tapiz por el envés.

 

Algunos prosistas se apartan bruscamente de la poesía. Consiguen una prosa áspera, mecánica, sin gracia. No hay buena prosa sin el auxilio de la poesía. Es más: la mayor parte de la peor “poesía” que se ha escrito está en verso. Acostumbrémonos a dar el título de poeta a escritores en cuya prosa la poesía se manifiesta con la intensidad y el esplendor de un García Márquez, por ejemplo.

 

La poesía está más en el modo de percibir que en el de expresar. Por eso un texto deficientemente escrito, pero en el que hay poesía, podrá ser mejorado posterior- mente (por el autor o por un coautor) y transformado en obra de valor literario. Redactar es relativamente fácil. Lo difícil es ver y convertir lo visto en idea. Si un poeta no sabe escribir, puede valerse de un redactor al que le comunica el asunto. De modo que poeta no es el que escribe, sino el que tiene la revelación. La revelación no aparece en prosa ni en verso: el poeta tiende a la forma versicular, el prosista compone preferentemente en párrafos. Pero la poesía también puede manifestarse de muchos otros modos, y por eso podrá sobrevivir en futuras civilizaciones, en las que no se emplee el arte de la escritura.

 

Reservar el término de poeta sólo para el que escribe versos es empequeñecer la poesía. Y también hay que aprender a disfrutar la poesía no escrita, que se expresa por otros medios. En tanto se amplíe el concepto de poeta, será mejor para la poesía y para el mundo.

 

En el taller que origina estas notas ha habido quien no consiga admitir a Shakespeare en la lista de los poetas. Y sin embargo, si Shakespeare no merece el título de poeta, entonces nadie más lo merece. Poeta no significa “Aquél que hace versos”. Significa creador. Y, “después de Dios —como se sabe— Shakespeare es el que más ha creado”.

 

El que sólo concibe la poesía en verso, se opone a la evolución poética. El que sólo concibe la poesía escrita, ignora el pasado y desconoce el futuro. Hoy mismo la poesía es transmisible por distintos métodos. Si se puede almacenar y reproducir de diversas maneras algo tan fugaz como el movimiento, es de preverse que habrá nuevos procedimientos para la poesía del futuro. La conciencia de la especie induce la preocupación por el futuro. Una cosa es el tiempo y otra el futuro de la humanidad. Si alguien dice que no le importa el futuro, no podrá esperar que la humanidad esté de acuerdo con él.

 

Se tiene conciencia de ser poeta antes de saber qué es la poesía. Por lo tanto, el poeta precede a la poesía (lo que confirma que el poeta nace). Pero no se preocupen: la vocación puede ser sofocada.

 

No asustar a la familia escribiendo versos, ya que el verso es lo que produce el susto. No hay que decir que se es poeta, porque nadie lo cree, pero a cualquiera le creen que puede ser escritor. Lo que indica el alto puesto que conserva la poesía.

 

 

La soledad del poeta

 

Entre otros muchos cargos, se acusa a los poetas de preferir la soledad. Si bien, de acuerdo con Fernando González, “hay poca gente digna de que por ella se cambie la soledad”, los motivos del poeta encuentran mejor arraigo en la frase “la vida solitaria es para las fieras o los dioses”.

 

Louis Pauwels, en El retorno de los brujos, trae esta cita innominada: “Hay un camino en la soledad, hay ríos en el desierto. No hay camino ni ríos en el hombre que se mezcla con los otros”.

 

La vocación de soledad viene al poeta desde su espíritu contemplativo y místico tanto como de su conciencia del tiempo. Si el poeta fuera hombre de negocios tendría uno de esos relojes de veinticuatro horas, pero el poeta mide el tiempo por eternidades.

 

Algunos autores son capaces de escribir en el bullicio, mas no sus mejores obras. La vida social es contraria a la vida creativa. La concepción de un asunto puede ocurrir en cualquier momento, pero el trabajo literario requiere aislamiento, silencio, concentración y tiempo indefinido. No se puede escribir con la horrible perspectiva de que de pronto le llamen a almorzar.

 

El hechizo o encantamiento bajo el cual escribe el poeta es frágil y delicado como todo lo sobrenatural. Si sobreviene un taladro en la calle, o la estridencia de un altoparlante, la conexión con el misterio se rompe y la poesía desaparece. Para el novelista no sería problema, porque su trabajo está planificado, pero una vez que huye el poema, nunca más vuelve a las manos del poeta. Si el poeta sale a buscarlo se perderá, o regresará con otro poema, pero el poema que se fue jamás será encontrado porque huyó a los anillos de Saturno.

 

Molesta mucho a las personas que los poetas se muestren como seres diferentes. Y sin duda lo son. Esas mismas personas lo certifican cuando lo señalan con el apelativo de poeta, que ni ofende ni ensalza. Es como decirle mula a una mula. Simplemente, para las orejas.

 

De esa soledad esencial el poeta surge con algo de ridículo. Como en el verso de Baudelaire, “sus alas gigantescas le impiden caminar”. Mientras más esfuerzos haga el poeta para ser como los demás y mimetizarse entre la multitud, esos mismos esfuerzos lo delatarán y no podrá eludir su destino. Por tanto, lo mejor es singularizarse y proclamar desafiantemente: “Soy el que soy”. Entonces le responderán: —“Muy bien. Es el que es”.

 

Podrá arrepentirse el poeta de dilapidar su tiempo en los lugares públicos, con las gentes públicas, a las cuales se llama “el público”. Mas su sólo tiempo ganado será el que pase sumergido, siempre que no se olvide de sacar el periscopio. El buen poeta es sumergible.

 

Cuando el poeta se hace cotidiano desaparece detrás de sus anteojos. Como lo imprevisible siempre sucede, en tales momentos es mejor estar prevenido. Por eso he comparado al poeta con una ballena. Aunque un crítico peruano, Edgar O’Hara, dice que la ballena de esos poemas es el lenguaje, con el cual, según él, el poeta tiene una brava lucha. Como si se pudiera luchar con una ballena. Tan pesada. Los críticos casi nunca, casi nunca entienden nada.

 

La soledad del poeta es comparable a la de la ballena en los mares. Esto lo distingue y le da a sus reflexiones cierto carácter único, es decir, aristocrático. “Las reflexiones del solitario —advierte Jean Cocteau— adoptan siempre un aspecto aristocrático, muy molesto para los demás. Y nada incomoda más que la aristocracia, sea cual sea”.

 

Nosotros, plebeyos, tenemos cuentas pendientes con la palabra aristocracia. Si al menos tuviéramos aristocracia espiritual no nos estaríamos exterminando como ratas.

 

 

Religión y misticismo

 

Todas las religiones han producido textos literarios de la mayor belleza, a causa de la espiritualidad; pero la espiritualidad también se da sin religión (hay pueblos espirituales por naturaleza) y el misticismo no limita a definiciones previas la idea de Dios. Hay también grados en lo místico, y lo religioso es una categoría diferente, de orden comunitario y ritual. Lo místico se aparta de lo religioso en la contemplación solitaria. Lo religioso es de orden práctico. Lo místico es sublime.

 

Cuando dos religiones guerrean entre sí, no lo hacen por la idea de Dios, que les es común, sino que lo hacen por territorios e intereses de poder económico (las religiones son poderes terrenales) y ponen a su respectivo Dios por testigo de su hazaña. Dios no necesita ser defendido. Además, si Dios tiene que defenderse de algo, será únicamente de los hombres. Dios es el mayor invento humano. Nos peleamos por él, como por cualquier otra cosa que hayamos inventado.

 

En los verdaderos poetas (sin excluir a los llamados malditos) hay siempre un fondo místico de compenetración con la Naturaleza, que puede expresarse como admiración del Universo ante su magnitud y belleza. Anonadados por su origen desconocido, le adoramos y le llamamos Dios. Adorar significa reconocer y respetar, y ensalzar en nuestro entendimiento. Si la vida son los ojos con que el Universo se observa a sí mismo, puede decirse que somos ojos de Dios y por lo tanto nuestra misión es contemplativa. Lo guerrero es un instinto primitivo, ojos que luchan contra ojos. La evolución supera ese instinto, impreso en nuestro primer cerebro reptílico, y crea la comunidad de ojos “para alabar y glorificar al Señor”, de acuerdo con el lenguaje figurado con el cual se expresa una idea, bella en su formulación poética, pero generalmente mal entendida en los niveles inferiores de la cultura.

 

Los pueblos guerreros utilizan las insignias religiosas como emblemas de batalla, porque carecen de espiritualidad, condición ésta última que se hermana con la paz. La poesía de combate es útil como arma psicológica en un momento dado. Pasada la contienda, esa poesía desaparece entre los desechos de la guerra. La verdadera poesía es de carácter espiritual. Si la Divinidad es terrible, no hay otra cosa con qué aplacarla. Todo esto dicho de modo figurado, que es el lenguaje de la poesía. El poeta, como iniciado, adquiere una dignidad especial, interior y de orden moral, necesaria para preservar sus potencias. Decir poeta místico resulta redundante. Todo gran poeta lo es.

 

No se confunda misticismo con beatitud. El beato adora y su posición es humilde. El místico ama, y el que ama está inflamado y orgulloso de amar. El beato se conforma; el místico exige.

 

Lo místico no es crístico. Es unción universal. No se adscribe a una religión; es idea. El místico está más cerca de la filosofía y de la ciencia que de la religión organizada. Es religioso sin Dios. El místico es ateo. Ateo, como Dios.

 

Si los poetas no están capacitados para considerar la idea de Dios, entonces tal idea no se podría exponer. Dios aparece por primera vez en la poesía. Fueron los poetas los creadores de la idea de Dios. Después se la apropiaron sacerdotes, filósofos y líderes. El poeta es teólogo por esencia y por definición. Si quiero hablar de Dios no busco a un teólogo; busco a un poeta. Los teólogos tienen a Dios por oficio y profesión. Pero Dios nunca habla con los teólogos, porque les tiene miedo. Dios sólo habla con los poetas. Hablaba con Francisco, pero no con el Papa. Dios siempre se ha negado a hablar con el Papa.

 

 

Por qué es importante conocer métrica y rima

 

Es necesario tener conocimiento y práctica acerca de la métrica y la rima, tanto para utilizarlas ocasionalmente, como para no utilizarlas por inadvertencia, y sobre todo para estar en capacidad de apreciar la mayor parte de la poesía en español, compuesta de ese modo desde sus comienzos.

 

Métrica y rima son recurso mnemotécnico eficiente y valioso. Al optar por el verso libre, los poetas pierden algo que antes fue esencial: que los poemas se aprendieran y se repitieran de memoria. El poema en verso libre suele escapar a la memoria.

 

En realidad, no existe el verso libre, ni la misma prosa es libre. Domina en el español una medida de eufonía, que todo buen escritor maneja de oído. En la conversación común son frecuentes las correcciones. Es por eso: porque sentimos que suena mal, y se corrige instantáneamente. El español es una lengua rítmica, y el verso su forma natural.

 

El que escribe verso libre sin conocer métrica y rima no consigue dar a sus líneas cualidades propias del verso (ductilidad, elasticidad, maleabilidad, sonoridad) y por ello se puede afirmar que la mayor parte de la poesía colombiana en la segunda mitad del siglo xx está escrita en prosa fragmentada, sin las cualidades de la prosa ni las del verso.

 

En las distintas clases de verso libre es necesario cambiar palabras para agregar o disminuir sílabas, o para modificar acentos, lo que también se hace en prosa. Desde el momento en que hay una medida que se impone, la libertad del verso es relativa y se refiere sólo al deslinde con la métrica y la rima.

 

Se suele creer que el verso libre es novedad. Falso. Primero fue el verso libre. El verso libre ha existido siempre; es anterior a esa dudosa lengua, impropiamente llamada español.

 

El verso libre intentó hacer olvidar en el siglo XX toda la poesía de siglos anteriores, por medio de su impugnación y negación. No lo logró. Lo más probable, según se observa, es que para el siglo XXI ambas formas sigan coexistiendo. Razón de más para ocuparse de métrica y rima.

 

La poesía concreta y demás formas gráficas y caprichosas, o emparentadas con otras artes, son creaciones experimentales que obedecen a otra estética y quedan por fuera de verso y prosa.

 

 

El poema como forma y la poesía amorfa

 

Durante los últimos cien años, partiendo del verso libre, la poesía, en cuanto a forma y concepción, evoluciona hasta dejar de ser el verso. Encuentra, entonces, otros medios expresivos: la imagen (cine); formas gráficas (concretismo); artesanales (defenestración de la poesía, o formas poéticas para arrojar por la ventana); e infinidad de otras invenciones de frontera: entre el teatro y la poesía (happening); entre la escultura y la poesía (formas para ser tocadas); entre lo pictórico y la poesía (experimental); entre fotografía y poesía (a partir del surrealismo), etc.

 

El verso deja de ser el verso; con la desaparición del verso desaparece la estrofa, y la poesía deja de ser el poema.

 

Después de que la poesía pasa por todas esas transformaciones queda claro que sus posibilidades evolutivas son limitadas y que a cada momento la poesía (considerada como el poema) desaparece tras nuevas formulaciones.

 

Las posibles combinaciones de las formas poéticas llegan a su completo agotamiento. Lo que evoluciona tan espectacularmente ante nuestros ojos no es la poesía, sino la prosa, porque la prosa ha tenido siempre el derecho de alimentarse de la poesía.

 

El verso libre, después de haber sido sometido a todos los caprichos imaginables, no es ya otra forma de la poesía, sino otra forma de la prosa, lo que, entre nosotros, se había hecho patente desde José María Vargas Vila, aunque él no lo hubiese declarado así.

 

La simbiosis se da por dos motivos principales: la negativa de los poetas a estudiar preceptos que van en desmedro de su libertad expresiva, y un lector amaestrado por la practicidad de otras expresiones culturales.

 

Actualmente coexisten todas las formas del poema:

 

a)  El metro y la rima aún conservan partidarios. 

b)  El verso libre, incluyendo el versículo, forma intermedia entre el verso y el párrafo. 

c)  El poema en prosa (llamado también prosa poética). 

d)  La prosa en semiverso, que es lo más corriente. 

e)  Y la poesía en cualquiera de sus formas: verso, prosa, imagen, grafismo, objeto, sonido, representación, arte, manualidad, juego o invención, siempre que se presente como un modo reproducible de transmitir la inspiración, la emoción o el pensamiento poéticos.

 

Lo anterior obliga a diferenciar la poesía del poema: el poema puede ser una forma vacía de contenido poético. Inversamente, se suele encontrar alta poesía en textos en prosa o en otras formas poéticas distintas del verso y aun del texto escrito.

 

Persigamos a la poesía, pero no nos dejemos perseguir por el verso. El verso en sí mismo no es nada: puede ser escapismo, vicio, entretenimiento, o una manifestación de cretinismo.

 

No es importante mantener la diferenciación entre prosa y verso. ¿Para qué un poema en versos que no contienen poesía? La auténtica percepción poética —venga de donde venga— enriquece la vida, la ennoblece, la embellece y le da sentido. La discriminación contra la poesía sólo manifiesta una total ignorancia acerca de lo que es la poesía y lo que es el hombre: ojos con los que el Universo se ve a Sí Mismo. Ni siquiera la crítica se muestra muy perspicaz. Por eso se necesitan muchos talleres de poesía. La poesía es lo único que podrá pacificar al mundo. Aunque existan poetas malditos, porque los poetas malditos son pasivos.

 

 

Los temas en la poesía

 

El tema de sus obras constituye un problema para los artistas, porque la hipocresía de las sociedades no tolera el libre examen y penaliza rigurosamente el tratamiento público de asuntos públicos. En nuestro tiempo las prohibiciones disminuyen, pero no terminan. La lista de autores condenados por sus libros resulta demasiado larga y ominosa para vergüenza de la humanidad. Vergüenza es un decir. Con una vergüenza se tapa otra.

 

Frecuentemente las artes se ven afectadas por alguna censura, en especial la poesía. A ningún artista se le prohíben los temas tanto como al poeta. ¿Por qué? ¿Quiénes lo hacen? La censura manifiesta el temor a la poesía atacando al poeta, cerrándole el paso. En efecto, para empezar, se le presenta la siguiente lista restrictiva:

 

1.   No escribir poemas de amor, porque el tema está agotado y el amor también.

 

2.   No escribir sobre la muerte, porque es de mal agüero y el tema lo gastaron los pseudo-románticos.

 

3.   No escribir sobre la infancia y la familia, por considerarlo asunto trillado, nostálgico, común y poco relevante.

 

4.   No escribir sobre política y sociedad porque resulta de mal gusto y el tema está desactualizado.

 

5.   No escribir sobre cuestiones locales y del campo porque la naturaleza es anacrónica y se está acabando.

 

6.   No tratar asuntos literarios, lo que se considera vicioso, reiterativo y repugnante.

 

7.   No escribir sobre su ciudad porque es algo monótono, de lo que todo el mundo está cansado.

 

8.   No escribir sobre bajos fondos y violencia porque eso fomenta la criminalidad y es un asunto demasiado plebeyo.

 

9.   No escribir sobre sí mismo porque a nadie le interesa.

 

10.   No escribir sobre otras personas, ni aun indirectamente, porque puede ser peligroso.

 

11.   No escribir sobre temas exóticos porque en general se desconocen y no vienen al caso. Es extranjerizante.

 

12.   No escribir sobre temas religiosos porque el mundo contemporáneo es ateo y hedonista.

 

13.   No escribir sobre asuntos de actualidad porque la actualidad es indigna del poema.

 

14.   No escribir sobre temas eternos porque resulta vano y presuntuoso.

 

15.   No escribir sobre sentimientos y recuerdos, lo que se considera cursi y ridículo.

 

16.   No escribir sobre el futuro porque se desconoce.

 

17.   No escribir sobre temas de la naturaleza. Es ingenuo y decorativo.

 

18.   No ocuparse de sucesos históricos. Eso es crónica, anécdota, prosaísmo, algo caduco e inconducente.

 

19.   No escribir poemas filosóficos porque la filosofía no es propia del poema.

 

20.   Que no se escriba verso rimado porque la métrica ya caducó, y que tampoco se escriba verso libre porque eso no es poesía.

 

21.   Que la poesía no diga nada en esencia, sino que se limite a sugerir. Sin ideas será menos peligrosa.

 

En fin, la lista de prohibiciones es demasiado larga para transcribirla en su totalidad. De ese modo se intenta reducir el campo del poeta y sólo queda campeando la teoría sobre el vacío necesario para preservar la inocencia del mundo.

 

Pues bien: sobre lo que hay que escribir es precisamente sobre todas las cosas prohibidas y del modo prohibido. Y escribir con claridad y contundencia, no tímidamente con medias palabras. La poesía no consiste en ocultar, sino en descubrir. Es revelación o no es nada. No hay tesoros ocultos en poesía. Ya los ladrones los saquearon todos. Incluyendo a don Luis de Góngora.

 

 

Método para autoevaluación de un poema

 

2.   Medir su grado de satisfacción por medio de la relectura reflexiva, como si no fuera un texto propio, sino ajeno, poniendo esa distancia entre el autor y el texto. Despersonificación.

 

3.   Asegurarse de que se trata de un texto escrito y no redactado. Hay una diferencia entre escribir y redactar. Redactar es una operación calculada, que está al alcance de muchos. Basta saber español y tener claro lo que se quiere decir. Se redactan una carta, un texto didáctico, un mal poema. Para escribir, además del asunto se necesitan emoción e inspiración. La inspiración es producto de un estado de exaltación en el que se percibe la idea y se concibe la obra. Da por resultado un borrador que se corrige, o un texto que se tiene por definitivo después de revisado.

 

4.   Revisar la gramática, la puntuación, la semántica, desde el punto de vista de la eficacia del texto con relación al lector promedio.

 

5.   Revisar cada párrafo, o cada verso, y determinarlo muy bien con respecto al sentido, a su proporción, a su participación en el conjunto, al ritmo, a la eufonía, y verificar que no tenga tropiezos por defectos de construcción.

 

6.   Asegurarse de que el texto contiene en forma completa lo que se quiso decir en él, y que su comprensión es posible por el tipo de lector a quien esté dirigido.

 

7.   Revisar la arquitectura del texto con respecto a su composición, distribución, equilibrio y elegancia. Un texto es una construcción y debe sostenerse en firme. Sus partes tienen volumen, peso, analogía, funcionalidad. Es necesario calcular la resistencia de cada una, la correlación de fuerza entre las partes, su estabilidad y armonía del conjunto.

 

8.   Si el texto se dirige al público en general, como suele suceder con la mayor parte de la poesía, calcular si dirá lo mismo a cada lector. Que el texto sea comprendido de la misma manera en todas partes. El buen escritor se impone. No titubea. No merece atención quien escribe para que sus palabras se interpreten en cualquier sentido. No sabe lo que dice. No es digno de un lector inteligente.

 

9.   Calcular cómo será recibido el texto por el lector: cómo lo entenderá, qué efecto, qué impacto o reacción producirá en él, cuál podrá ser su grado de aceptación o rechazo y por qué.

 

10.                  Calcular la importancia del texto terminado en relación con una literatura: regional, nacional, temporal, o global respecto del idioma.

 

11.   Calcular el posible valor del texto en el futuro, a corto y mediano plazo. Para esto es necesario conocer historia de la literatura, tener nociones científicas sobre el futuro y ser honesto consigo mismo. Se parte de la base de que en un país como Colombia un libro de poesía tarda veinte años en ser justipreciado por la crítica autorizada, excepto en los casos en que la propaganda engaña al público joven, que carece de criterio y cree todo lo que le dicen.

 

12.   Lo que antecede vale si se es un escritor serio y formado, “con vocación de permanencia”. Si sólo se quiere divertirse, entretenerse y engañar a los demás (si se dejan), entonces no lea los diez puntos anteriores.

 

 

 

Vea también: Luna Libros: ¿Adónde van los días que pasan?


Noticia Biográfica


Jaime Jaramillo Escobar (Pueblorrico, Antioquia, 1932). Algunos de sus libros son (fecha de primera edición): Los poemas de la ofensa (Tercer Mundo, Bogotá, 1968), Extracto de poesía (Colcultura, Bogotá, 1982), Poemas de Geraldino Brasil (traducción, Tercer Mundo, Bogotá, 1982), Sombrero de ahogado (Colección Autores Antioqueños, Medellín, 1984), Poemas de tierra caliente (Universidad de Antioquia, 1985), Selecta (Tercer Mundo, Bogotá, 1987), Poemas principales (Pre-Textos, España, 2000), Alta Voz (EPM y ORBITEL, Bogotá, 2001), El ensayo en Antioquia (antología, Biblioteca Pública Piloto de Medellín, 2003), Poemas útiles de Geraldino Brasil (traducción, Pre-Textos, España, 2003), Barba Jacob para hechizados (selección, Biblioteca Pública Piloto de Medellín, 2005), Medellín en la poesía (antología, ITM, Medellín, 2006), Tres libros (Conaculta y Alforja, México, 2006), Tres poemas ilustrados (Tragaluz Editores, Medellín, 2006), Permiso voy a cantar (Metro de Medellín y Comfama, 2008), Cartas con Geraldino Brasil (Tragaluz Editores, Medellín, 2011).



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