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Hugo Mujica: “La palabra ya no es un lugar donde se interpreta la realidad” - Entrevista y poemas



Esta entrevista al poeta argentino Hugo Mujica la realizó Paura Rodríguez Leytón, poeta boliviana, en abril de 2015, en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra y desde entonces permaneció inédita. Mujica, había llegado a Bolivia para presentar la antología En el hueco de la mano, publicada ese mismo año por la editorial 3600, como resultado de una labor de selección del poeta Gabriel Chávez Casazola. En marzo de 2016, esta selección adquirió una proyección latinoamericana al ser puesta a disposición de los lectores por el sello El Ángel Editor, con el título Bajo el cielo despejado, en Ecuador.

 

“La poesía de Hugo Mujica, en tanto pensar contemplativo, se aproxima a la filosofía. Y no hablamos aquí de una filosofía de la poesía, como en su obra ensayística, sino del antiguo y verdadero sentido de este quehacer (de este no-hacer): la pregunta por el origen, por el sentido”, escribe el antólogo Chávez Casazola, en el prólogo de Bajo un cielo despejado.

 

“Mujica es una de las voces más profundamente estéticas de nuestra lengua. La lectura de su poesía ya es un requisito imprescindible para atender lo que nos traerá la lírica luego de la postmodernidad”, afirma, el editor Xavier Oquendo Troncoso en la contratapa del mismo libro.

 

En este diálogo, Mujica nos abre las puertas de su mirada sobre la poesía y el pensamiento actuales, con una visión abierta e inteligente.

 

 

Paura Rodríguez: ¿Cómo ve la poesía en este momento de la historia, en que hay tanta rapidez y las cosas se muestran superficiales y fragmentadas?

 

Hugo Mujica: Yo no sé si este tiempo es tan diferente de otros, lo que pasa es que de otros tiempos siempre conocemos las excepciones y no la generalidad. O sea conocemos a Beethoven, no toda la cantidad de violinistas malos que hubo, cuando Beethoven estrenó la Novena Sinfonía fracasó. O sea yo no sé si nos sentimos muy víctimas.

 

Yo creo que todas estas cosas no siempre fueron masivas y por eso de alguna forma los artistas también fueron precursores porque no estaban diciendo lo que ya se había dicho. Es verdad que hay más velocidad y un montón de cosas, pero también es verdad que se está generando una sensibilidad de la cual nosotros como generación todavía no participamos y nos toca vivir ese tiempo de cambio. La poesía creo que tiene que ser fiel a sí misma. Es como plantearse el fruto, lo de uno es cultivar la semilla y después eso irradiará, se contagiará, le tocará estar oculto como tantos valores durante años en la humanidad y después alguien los retomará, pensá que Bach estuvo olvidado por un siglo, Vivaldi estuvo olvidado, pasan generaciones si alguien retoma y hay momentos en que el valor es el silencio. Para los antiguos la sabiduría, para el Medioevo los santos, para nosotros la tecnología, y todo va pasando y volviendo y conjugándose, digo es muy parcial mirar el momento en que vivimos nada más.

 

 

P: Pero ese momento es el que nos alimenta o nos separa de la poesía…

 

H: Sí, yo creo que hay dos grandes cosas a liberarse, una es de la tradición que es un peso y otra -que es mucho peor- es la contemporaneidad, en la cual te están diciendo, por ejemplo tu pregunta es de una contemporánea, de unos años antes no se le ocurría preguntar el para qué, se preguntaba el por qué. Para qué es, sino qué es. O sea, que nosotros queramos una utilidad de la poesía eso es ser modernos, y la poesía vivió bajo otras culturas también.

 

 

P: ¿De qué se asombra la poesía ahora? Pareciera, por ejemplo, alejarse de la naturaleza.

 

H: No te olvides que nosotros también somos naturaleza, el ser humano también es naturaleza, yo me asombro de mis amigos, tú te asombrarás de ver crecer a tus hijos, también hay toda una reserva ahí que es naturaleza. Sí es verdad, por un lado hemos perdido, pero por otro cada vez hay más intriga, si querés lo cósmico, las teorías, el acceso a lo científico o a lo cósmico a través de lo científico, antes lo cósmico era Dios que también era una mediación y una forma de ponerle logos a la realidad, ahora por ahí nos sentimos más asombrados a través de atravesar las esferas o llegar a la luna o todo eso.

 

Pero sí, la naturaleza telúrica esa sí la estamos perdiendo, el fenómeno contemporáneo son las ciudades. Pero no quiere decir que de eso no surja otra cosa, eso es bastante nuevo en la proporción de lo que es la temporalidad humana, al ratito que estamos nosotros.

 

 

P: En esta contemporaneidad, ¿dónde entra la belleza?

 

H: La forma nueva de entender la belleza es un gran aporte contemporáneo, fue lo sublime, o sea que la belleza ya no está restringida a la armonía sino que también lo terrible puede ser bello. Yo creo que el haber descubierto lo sublime desde Kant en adelante es una riqueza impresionante que hemos tenido nosotros, antes era sólo bello lo que entraba en un canon de proporcionalidad y de repente aparece toda esa otra dimensión de lo bello, incluso en el arte aparece desde una performance hasta una obra efímera. Está el cine en el que se ha ido multiplicando la expresividad.

 

Por ahí lo bello era una de las formas de encarar el arte y ahora hemos descubierto que hay otras además, porque antes el cosmos era cosmética, era bello y no era nada. Ahora sabemos que hay diez mil formas de cosmos, que el cosmos era nada más que una imagen conceptual con la cual habíamos tratado de poder estar en dos patas.

 

 

P: Hay otros conceptos como el de la ética, la moral, el respeto a la vida, que de algún modo se ven un poco arrinconados…

 

H: Yo creo que exageramos un poco, todo el poder fue una carnicería siempre. Es verdad hemos perdido una ética tradicional, pero esa ética tradicional despreciaba a la mujer y no tomaba en cuenta a los niños, era una ética represiva en el mal sentido también, digo ahora tenemos sensibilidades que los otros no tenían. Hay que tener claro, estamos en una época de transición. Cuando termina la antigüedad, San Agustín, que no era ningún tonto, escribe que era el fin del mundo. Para él si no había la escenografía que conocía no había mundo. Entonces a nosotros nos da esa sensación, porque se perdió lo que era y todavía no nació lo que será.

 

 

P: ¿Y qué opina sobre el silencio en un tiempo en que hay tanto ruido?

 

H: Yo veo que la gente por un lado es incapaz del silencio y por otro es capaz de apreciarlo. O sea saben que hay algo que no vivieron y que realmente les intriga y eso me parece que es la forma en que persisten los valores a través de épocas que no valorizan determinadas cosas, persisten como deseo, y después llega una época donde eso toma el micrófono y se vuelve un centro de la cultura y bajan a otras cosas. Yo tengo una visión muy amplia, no me quedo en el momento.

 

 

P: Y esa visión, ¿es positiva?

 

H: Mi fe es que la vida es más inteligente que nosotros y así como un muro se rompe y brota una plantita, la vida va a seguir siempre brotando, a pesar de nosotros y a través de nosotros. Mi esperanza está en que la vida vive.

 

 

P: ¿En su caso la plantita que brota es la poesía?

 

H: En mi caso sí.

 

Yo veo que hay una creatividad impresionante, con calidades absolutamente diferentes, yo me regocijo en que haya mucho. De nuevo te digo es muy difícil ser contemporáneo y como te dije antes, en la época de Beethoven ha debido haber muchísimos músicos fracasados y mediocres y el tiempo los borró. Lo principal es que haya eso que está pasando y en medio de eso surgirá lo que queda.

 

 

P: La tecnología…

 

H: Es una de las concepciones de interpretar el mundo. Dios era la forma en que en el Medioevo el hombre interpretaba el mundo, la naturaleza en la antigüedad, nosotros interpretamos el mundo desde la tecnología, en realidad desde la ciencia y la tecnología que son los juguetes que salen de la ciencia. Y en realidad no nosotros desde ahora, sino desde el Renacimiento, porque en el Renacimiento ya se pasó del mundo como inscripción de Dios y había que leer al mundo matemático, había que descifrar. En el Renacimiento termina el reinado de la palabra. La palabra ya no es el lugar desde donde se interpreta la realidad. Es una de tantas posibilidades.

 

 

P: Entonces la poesía también se nutre de las posibilidades, no solamente de la palabra…

 

H: Creo que siempre. Recién en 1900 empieza la crítica del lenguaje y el pensamiento empieza a pensar en el lenguaje, antes no se nutría de la palabra, por así decirlo, porque la palabra se daba por descontada, nunca había llegado a ser un problema, para nosotros es una problemática la palabra.

 

 

P: Es muy recurrente el tiempo en la poesía, ¿cómo es en la suya?

 

Lo que hay en mi poesía es temporalidad, ese viento que lo atraviesa siempre todo. En general predominan más los verbos que los sustantivos. Siempre hay algo moviéndose, amanece y anochece todo el tiempo, no aparece como temática explícita pero es un lugar donde el tiempo es cambio y creo que mi poesía es muy dinámica, no presenta nada como acabado y sustantivado.

 

Para mí el tiempo es un nombre de la vida, simplemente es la forma de hablar de la vida, uno dice perdí el tiempo como decir perdí la vida. No separo la palabra “tiempo” de “vida”.

 

 

P: En su poesía me parecen recurrentes la nieve, el frío.

 

H: El frío para mí es contemplativo, el frío es recogimiento, el calor es expansión y además el frío a mí me mantiene despierto en sentido de inteligencia, el calor me entorpece. El frío es más viril.

 

 

P: ¿Qué lee habitualmente?

 

H: Yo leo muy poca contemporaneidad, vengo de formación anímica alemana, Heidegger. Poetas contemporáneos no son muchos los que me interesan, Vicente Gallego que me parece alucinante. Eso va con la edad, con la edad va subiendo el umbral de expectativa, cuando recién empezaba me parecía todo novedad, ahora me parece todo repetición.

 

Mayormente leo ensayos y poesía. Novelas casi nada. ¿Quiénes son mis inspiradores? La música, y la pintura. Sobre mi escritorio tengo un cuadro de Morandi porque yo quiero aprender a escribir como él pintaba. Él es mi maestro, porque yo soy pintor. En tercer lugar es el cine, soy un experto en cine, me gusta descubrir un director y conocer todas sus películas, hacer análisis. Diría que recién en cuarto lugar es la literatura, de lo que a mí me alimenta.

 

 

P: Y los viajes…

 

H: Sí, los viajes me alimentan y me sacan. De otro modo terminaría como ratón de biblioteca, los viajes me obligan a ampliar mi mirada.

 

 

 

Selección de poemas de Paura Rodriguez Leytón de Bajo el cielo despejado

 

 

                                                            De Para albergar una ausencia (1995)

 

 

Ritual de lo inútil

 

como ver caer

la estrella

sin nombrar un deseo;

 

o como a quién no se le destinó

ningún destino salvo

la espera

de lo que pasará

                     sin llevarnos,

 

lo que miramos

sin ver

porque no es igual a nosotros.

 

ritual de lo inútil

o la esperanza extrema:

 

un niño ciego frente

a un espejo,

como si lo que uno es

                  no hiciera falta para serlo.

 

 

 

 

Desierto azul

 

sobre el mar siempre

se refleja

             el cielo,

 

pero sobre el cielo

ningún mar.

 

desierto azul la mirada

del niño:

 

desde que tenemos

que morir

hasta la infancia nos falta.

 

 

 

 

Restos en la playa

 

todo es una marea

que se retira

dejando

            restos en la playa,

 

todo es afuera

en la desnudez

                      de las manos.

 

queda pasar la lengua por los labios

y sentir la sal,

 

queda todo lo que

se nos volverá a pedir

                          sin nada de lo que nos fue dado.

 

 

 

 

                                                            De Noche abierta (1999)

 

 

Lo que el abrazo abarca

 

gotea el grifo

y algo de la piedra se va en el agua,

 

muere

como si fuese humana.

 

buscamos retener lo que en el otro

se va yendo,

lo que a veces se derrumba

 

pero es apenas la despedida

                                     lo que el abrazo abarca.

 

 

 

 

Selección de Otro páramo de Bajo el cielo despejado

 

 

                                                            De Sonata de Violoncelo y lilas (1984)

 

1.

 

bosque talado

 

grita,

pero no sabe que grita

 

como el ángel de mármol

                         sobre la tumba de un niño

 

 

 

 

                                                            De Escrito en un reflejo (1987)

 

 

3.

 

vivir como bajo el mar

donde respirar es tragar la muerte

 

o como buscando

un hijo perdido en la muchedumbre,

 

                           sin saber dónde está,

                                                  sin saber si ha nacido

 

 

 

 

                                                            De Para albergar una ausencia (1995)

 

 

Esculpido en los escombros

 

siempre queda

un rastro de todo

                         lo que pasa,

 

una taza de loza

con su asa quebrada,

 

una sábana raída

donde se hospedaron

los sueños

en los que se soportó la vida;

 

el esqueleto de

una casa

o una tumba derrumbada.

 

toda ruina tiene algo de templo,

 

todo hombre

es el resto de un suicidio

 

la gota en el cáliz

                que no bebimos hasta el vacío.

 

 

 

 

El primer paso

 

apenas un pie más adelante

que cada paso

con que derramamos

                           nuestra sombra,

 

apenas una duda

entre la palabra y su eco

 

un silencio sin memoria

para que lo inconcebible se diga.

 

cada hombre es su pequeño abismo,

 

su reverso

de lo que fue traicionando,

 

el hueco donde arrojarse.

 

cada cual su pequeño abismo, cada cual su tamaño

 

su copa vacía

con la que osar brindar por la vida.

 

 

 

 

Para albergar una ausencia

 

se nace para albergar

una ausencia

y la desterramos

                      hacia horizontes,

 

a veces somos nosotros esa

ausencia,

a veces osamos el frío

                   que otro cuerpo tiembla

 

o el hambre

que nos hace iguales.

 

sólo a veces,

como para saber qué fue

la vida

 

como para saber que fuimos otros.

 

 

 

 

                                                            De Noche abierta (1999)

 

 

Orillas

 

afuera ladra un perro

 

a una sombra, a su eco

o a la luna

para hacer menos cruel la distancia.

 

siempre es para huir que cerramos

una puerta,

es desierto la desnudez que no es promesa

 

la lejanía

de estar cerca sin tocarse

               como bordes de la misma herida.

 

adentro no cabe adentro,

 

no son mis ojos

los que pueden mirarme a los ojos,

son siempre los labios de otro

                                los que me anuncian mi nombre.

 

 

 

 

                                                            De Y siempre después el viento (2011)

 

La orilla

 

Tiembla una rama,

tiemblan sus últimas hojas

                                             entre la luna y el agua.

 

                                                           No hay otro lado,

                                                                                 saberlo es el otro lado.

 

 

 

 

                                                            De Cuando todo calla (2013)

 

 

XXI

 

Se acuesta el sol

                 y todo parece en vilo

                                       como para revelar

                                                                   un secreto.

 

No basta con cerrar los

labios,

          al silencio hay que escucharlo,

                                        dejar que nos diga él

                                                                    lo que de nosotros callamos.

 

 

 

 

Vea también: Una conversación con José Manuel Arango: Luis Hernando Vargas


Noticia Biográfica


Hugo Mujica estudió Bellas Artes, Filosofí­a, Antropologí­a Filosófica y Teologí­a. Tiene publicado más de veinte libros. Sus últimos ensayos son: La palabra inicial. La mitologí­a del poeta en la obra de Heidegger, Flecha en la niebla, Poéticas del vací­o, Lo naciente. Pensando el acto creador, La pasión según Georg Trakl. Poesí­a y expiación, El saber del no saberse y Dioniso. Eros creador y mí­stica pagana. Solemne y mesurado y Bajo toda la lluvia del mundo son sus dos libros de relatos. Su Poesí­a Completa. 1983-2011, que abarca sus diez libros publicados hasta entonces- fue editada por la Editorial Vaso Roto (junto con otros dos volúmenes que abarcan la casi totalidad de sus ensayos); a ellos le siguió su poemario Y siempre después el viento, de la Editorial Visor (XIII Premio Casa de América de Poesí­a Americana). Tiene además numerosas antologí­as personales editadas ya en veinte paí­ses; alguno de sus libros han sido publicados en inglés, francés, italiano, griego, portugués, búlgaro, rumano, esloveno y hebreo.



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