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Atila Luis Karlovich



Zafra

                                                            (Hato San Pedro, Monte Plata)

 

hay que esperar la noche

con su lumbre, con su desluz,

para saber del mediodí­a, del incendio,

del viento que desmesura la luz

en los cañaverales.

 

baila entonces el sol

sobre los machetes

y la caña se derrumba cansina,

cantando vientos,

ritmando sueños

de guinea, biafara remota.

 

como si cargaran

con el peso del mundo

avanzan lentos

sobre los rastrojos que hierven

los bueyes esclavos

con su cornamenta grotesca

y sus nombres de novia.

 

el grajo de los picadores

asciende dulce

a las narices del señor

enroscado en los cielos,

bailando cruel en la sangre,

riendo en cada machetazo,

borracho de ron.

 

ahora la luna calla gorda sobre el batey llovido:

sombra palomina,

charcos, silencios de paladio

que estallan verdes en el lodo,

machetazos que relumbran de sangre.

 

sombra filosa de caña,

sombra de sordos atabales,

de sufrires, de zafra, de furioso sol.

 

 

 

 

Nocturno de Polifemo enamorado

                                                            imitador undoso / de las obscuras aguas de el Leteo

                                                            Luis de Góngora y Argote

 

 

la zampoña feroz de polifemo cegado

surca la paz

refractaria

de la trinacria.

el sol es negro y salado,

la luna un fuego violento que asoma entre nubarrones.

 

hace horas que la caterva abandonó la isla:

sólo la risa burlona del polí­tropo pende

como perfume infame de un brezo.

 

el sol es negro y salado,

la fiebre arde y lo sacude.

en su ciclópea llaga de niño herido

pastan y

acarician solí­citos ángeles predadores,

(ángel galatea,

ángel paloma,

ángela ángel)

asustados animalitos alados,

cocuyos

que calman hambrientos sus encendidas heridas,

que lamen ansiosos su ojo destrozado.

 

caricias se apilan sobre su cuerpo

como un traje de escamas:

(lo ataja aquí­ su misterioso linaje marino,

hijo de poseidón,

navegante en furiosos cauces de lágrimas,

selacio cautivo

en atarraya rupestre).

como un traje de escamas,

como una camisa de fuerza,

como una coraza de algas viciosas se apilan, una sobre otra, las caricias

que lo hacen bramar cantos de tinieblas:

 

charco de aguas negras y saladas

donde se ahogan de los que aman las negruras y los pesares.

 

 

 

 

Entrar y salir del paraí­so

 

en la puerta señalada

no encontrarás más que la espada extinta.

 

entra, amigo, que

no hay un alma.

 

en las sábanas deshechas

anidan

lagartijas doradas,

hay vasos rotos,

botellas vací­as

preñadas de las dactilares de dios,

hay desparramo de plumas,

cucarachas que corren desconsoladas,

loza sucia que se amontona en los fregaderos.

 

negra

la melodí­a de un ruiseñor

insospechado

enjaula la brisa del tiempo,

entreteje

el agrio olor de la eternidad.

 

han saqueado el paraí­so,

hachado las famosas arboledas de edén,

y colgado del viento

el pellejo de la culebra que sabí­a el mal y el bien.

 

ya no da tregua el sol tan cercano.

un calor silente aúlla por los esteros antaño nemorosos.

los ángeles que escaparon baten sus alas

como tostados espí­ritus palustres

y no tienen adónde posarse:

los aguardan

arenas movedizas,

caimanes famélicos,

el í­ndice rugoso del señor.

 

huye, amigo, si puedes,

huye, si es que encuentras la puerta.

 

 

 

 

Vea también: Emilia Ayarza: la fecundidad y la muerte


Noticia Biográfica


Atila Luis Karlovich. Nació en Bogotá (Colombia) en 1953. Estudió filosofí­a y filologí­a hispánica en Zurich (Suiza). Doctorado en 1981 (Dr.phil.I). Vive en Buenos Aires (Argentina). Trabajó en bancos internacionales, periodismo cultural, labores campestres y en la docencia a nivel secundario (latí­n e historia) y universitario (quechua) en la Universidad de Buenos Aires. Publicaciones académicas varias sobre filosofí­a y literatura popular (cultura quechua, sobre todo del dialecto quichua santiagueí±o).

Publicó primeros poemas (en alemán) en el suplemento literario del diario zurichense Die Tat (1974-76). Publicaciones ocasionales de poemas en diversas revistas literarias, entre otras en El Malpensante Nº 2, enero de 1997. Ganador del Concurso Literario “Ana Marí­a Rutllant de Caycedo” (Concurso Brantevilla) 1994 con el poemario De hoteles y lunas que se publicó en una edición del concurso.

Tiene un poemario inédito De esta mi vida sin suelo.



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