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Poesí­a chilena: Diego Alfaro Palma



Madriguera

 

A esta casa han llegado todos los huérfanos: objetos o personas o es esto la letra de una canción de velador, real como el vací­o agitándose en la materia, las hojas barridas por el temporal, la imagen de un chevy en el óxido del patio mientras los niños que nunca tuvimos juegan a las escondidas sin saber por qué y pedimos que suban el volumen a estas cosas, sacarnos de una vez de los bolsillos: El amor ya no es lo que habita entre medio, sino el dolor que nos une a otros.

 

 

 

 

Sarajevo

                                                            In memoriam Rubén Jacob

 

Los pianistas perdidos en Sarajevo

y todos aquellos que sucumbieron

como niños

al fondo de una fosa

sabrán más tarde que nunca

que The Boston Evening Transcript

contará algún dí­a su debacle

la vida que perdieron viviendo

en la esquina o en una calle

donde un poeta se asoma

a oí­r francotiradores

preguntándose

por qué los amigos ya no escriben

o reviviendo la suerte de esa mañana

al no perder las piernas

en la fila para el pan

pero la noche cae

y desearí­a leer ese vespertino

en algún restaurant frente a la costa

posar la servilleta en las rodillas

encendidas las lámparas de tulipas

el mar revolcándose

espumando contra las rocas.

 

 

 

 

Tordo

 

Hay veinte maneras

de sorprender a un tordo en un bar

botando su sueldo miserable

en bolsitas de alpiste

y cañas de aguardiente

aleteando entre nubes de humo

desaparecen en los jardines de la noche

silban algo triste al aire y tornean

como un bus fuera de recorrido.

 

 

 

 

III

 

el cadáver tantea la humedad

arrojado a un lugar que desconoce

desde una araucaria la noche en forma de pájaro

ninguno de nosotros estuvo ahí­ o fue arrestado

la bala adentro borbotea al pasar del rí­o

su figura se pierde entre la niebla

como una sombra que asoma entre los hielos

el primero en descubrirla fue nuestro vigí­a

la voz y solo la voz de su crujido

el barco cercado como han cercado los barrios

y no quedó más que un paí­s o un teatro pobre

el telón montado por quienes traicionaron al hambre

para acabar con la gravedad de las cosas

el lenguaje queda corto para hablar de la miseria

y yo te pregunto Jeanne si alguna vez supiste

de una historia más triste que la nuestra

si alguna vez supiste de una generación más cómoda

en la ignorancia del que nunca se contentó con nada

al final los poetas se preguntan

si este es el tono ostensible de las cosas

en el océano las algas se sacuden lentas

y peces sin color se pasean a falta de destino

arriba las olas se agitan revolcándose

la poesí­a es inútil ante el poder de un muerto

que reclama volver a hablar su idioma

subir la montaña donde vio espumar el mar

vestir al chico bajo la lluvia hacia la escuela

el mejor alumno en el peor de los empleos posibles

y la bala sale del cuerpo y da en otro

mientras un cura se pone entre los hombres

ándate a la mierda si no sabes escuchar

les grita como un terremoto al pasar bajo tierra

fue en Santiago la misma ciudad donde ejercí­ de profe

esa bala pudo ser mí­a tuya o de un estudiante

o del último espécimen de un animal que cae lento

con todo su pellejo el hocico roto

allanan su casa el rocí­o avanza.

 

 

 

 

VIII

 

Podrí­an pasar cuarenta años

los lobos secar su pelaje en las rocas

y así­ y todo yo no podrí­a decir nada nuevo

pienso en un cangrejo que se despedaza

la arena brilla bajo el movimiento de las olas

porque estuvimos tantas veces en esas playas

dejando que el viento sacudiera las preocupaciones

y todo el tiempo pasó por sus lentes oscuros

como quien piensa la palabra que esconde

del fondo los muertos hablan con un lenguaje de arena

el Purgatorio para Dante era también una playa

las almas guiadas por algo tan ridí­culo como un ángel

de los altavoces indican el itinerario de los trenes

porque podrí­an pasar cuarenta años

hacer una elipsis con los nombres que faltan

o cruzar el pasillo del colegio hacia la capilla

su olor a flores asientos correctamente ordenados

el castigo de copiar poesí­a por la tarde o el odio parido al verso

pero escapábamos en bicicletas por el ripio

y piedritas entraban en los zapatos

esa fue la infancia Jeanne

tardes de pan con palta videojuegos

el valle cerrándose con el movimiento de las montañas

todas las cartulinas azules del mes del mar

y las fotocopias desgastan el rostro original

o como la profundidad alterada tras el terremoto

las olas sucesivas en la rompiente

aunque un dí­a estuvimos enamorados uno del otro

los pueblos se volví­an polvo y nos despertaba el sonido de la tierra

derribamos una casa para ver el rí­o

los tordos habitar un sonido que perdió su origen

las pelí­culas inglesas que vimos pueden eliminarse

el calor de un verano dar en tu cara

nos imaginamos varias veces a los cuarenta años

el idioma del mar acurrucando sueños en ocho milí­metros

llegar por la noche a la cabaña a limpiarse los pies.

 

 

 

 

Vea también: una entrevista al proyecto editorial La valija de fuego.


Noticia Biográfica


Diego Alfaro Palma (Limache, Chile, 1984) publicó los libros de poemas “Tordo” (Ediciones del dock 2016, Cuneta, 2014 / Limache250, 2013) y  â€œPaseantes” (Ed. Temple, 2009). También realizó la antologí­a de la “Poesí­a reunida de Cecilia Casanova” (Ed. Univ. de Valparaí­so, 2014) y reeditó la “Antologí­a de Ezra Pound en Chile” (Universitaria, 2011). Tradujo “El pensamiento zorro”, prosa de Ted Hughes (Limache250, 2013). Sus ensayos han aparecido en “El horroroso Chile. Ensayos sobre las tensiones polí­ticas en la obra de Enrique Lihn” (Alquimia, 2014) y en varias revistas de Chile y el extranjero, entre ellas la importante revista alemana Alba. Su libro “Tordo” recibió el prestigioso Premio Municipal de Santiago en 2015 y anteriormente una mención por su borrador en el Premio Nacional Eduardo Anguita en 2013.



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