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Poesía joven argentina. Ana Claudia Díaz



                                                            De Una cartografía de la insolación (Club Hem, 2015).

 

Gemelo

 

La insistencia de las gaviotas en el cielo

como un velo

la fiesta que presiente

una catástrofe

 

ignoraba

borraba cada uno de sus sonidos

para debilitar la trama

 

una laguna casi adormecida

como una barca gigante

para atravesar

de lado a lado

toda la senda amarilla

color limón

todos los adoquines de prismas

del pasado

 

trazo en el pasto

una capa muda

donde descargar mis huecos

 

prosa invariable y desorbitada del abismo

una forma de invadir la pérdida constante

en mí

 

pleno y plano el suelo

titila en cada granito

de arena negra rayada

con vidrios de cristal

para romper mi voz

polarizada

 

hilándola

hasta que se convierta en un águila

leve, al costado

apenas un relámpago podrá disuadirla

hasta calcar su ámbar.

 

 

 

 

Un espejo

 

De nosotros se desprende

la fachada de sal estelar que dejó el mar en su orilla esta mañana

me extiendo en una curva de braille hecha por vos en la arena

te miro corriendo

sos como un tigre pedaleando en un oleaje de plata

me pregunto si así es como se ve la realidad

 

de un lado de la balanza

plumas y señas del ave gaviota que se desplaza en el aire

del otro, las redes que se enredan en la playa

esa impresión, las anclas

 

todo lo que es ondular nos deja contar el tiempo

los anillos de los caparazones de las tortugas acuáticas

o de los caracoles

pero también, los pasos que doy sobre tu sombra

me descubren la hora

 

de ahora, de turquesa se tiñe la atmósfera

encendida

caminamos hasta las virgencitas de nácar

los lindes de acá son dos

a la derecha el muelle a la izquierda más lejos, la escollera

es un radio de mil huellas nuestras en cien metros

sabemos que está a punto de llover, pero no importa

 

el cielo se cae sobre nosotros, se despluma

cuántas revoluciones por segundo tiene una marea

bajo los rayos fucsias y jadeantes de una tormenta eléctrica

todo se vuelve un aguacero

pero es el calor desértico lo que enfría la intemperie

 

despertar acá, otra vez

entre el ruido de tambores

entre granos de café que nos caen como nieve de los arbustos

mudos los dos

la piel parece brillantina bajo el sol

las escamas nos cubrieron el cuerpo

somos como cactus del océano

 

los perros juegan tratando de alcanzar una chapa que se vuela

¿o es un pez?

el viento trina solitario ante una inmensidad más grande que él

es un ventilador enorme, un villano estrepitoso

que brama su ira inquieta y nos envuelve

vibramos en su sintonía azul

su música queda sonando, suspendida, sobrevolándonos la memoria

 

calma

abro el mantel y pienso

en cuántas partes se separa el mundo

no hay afuera

sólo hay dentro de él

una pincelada de yodo traza la línea

 

vamos a nadar

nos zambullimos en la purpurina celeste

damos giros y vueltas carneros en el agua

somos coyotes marinos perdiéndonos en el horizonte, allá

lobos flotando en la cresta de la ola que nos alza

 

subimos a la costa

arrastramos la arena de la playa a la ciudad

la trasladamos

la metrópolis se da vuelta sobre nosotros

como un torpedo gigante cubierto de níquel

 

no sé diferenciar las fabulas de una trampa

en qué escala queda el origen, la semilla

entre los fósiles del mar y los calamares brillantes

o entre la pampa llena de pavos reales y bandoleras ajenas

tus labios callan ante la incertidumbre

o lo dicen siempre todo.

 

 

 

 

Destino

 

Hay cuatro cuadras de distancia hasta vos

y yo voy trazándolas con mis pies en la vereda

dibujando pseudo caminos

por donde llegar de forma más rápida

 

en caso de que me arrepienta

una lumbre milimétrica se clavará en mi descuido

como un desierto de agua, gigante y violeta

para sanar con su sal

dicen, los dolores del cuerpo, los huesos

el incierto arduo

en la desolación de tardecita

 

al menos hay diez formas distintas de volver desde ahí

la decisión es espontánea

siempre cae sobre nuestros pasos

 

apago los márgenes para no tener más límites

rozo el rojo y roto, resquebrajante sonido de tu voz

como si fuera un arpa dulce

 

cada casa es como una almena

cada prisma que corona nuestros muros para resguardar

el camino

 

los reyes hambrientos de nuestros yo

buscan el escape en una alcantarilla

chiquita, desapercibida

 

el viento sacude los matorrales calmos de la ribera

todas nuestras pieles aturdidas

bruscas, sin entender.

 

 

 

 

La otra mitad de las costas

 

Descose el viento o el rodeo la perplejidad

la ronda alrededor, la hipérbole de vos

de tan color rojo embravecido

de tanto acarrear

la tierra se levanta

se raspa, salpica el pasto de arena negra

arde, hierve en la pradera

una caldera el humo del palo santo

se desprende en fugaces fuegos

feroces explotando en el aire

desvaneciéndose al ser

la otra mitad de las costas.


Noticia Biográfica


Ana Claudia Díaz (Santa Teresita, 1983). Publicó Limbo (Pájarosló Editora, 2010 – La One Hit Wonder Cartonera, 2012), Conspiración de perlas que trasmigran (Zindo & Gafuri, 2013) y Una cartografía de la insolación (Club Hem, 2015); las plaquetas Vuelto Vudú (Pájarosló, 2009), La ecología de las poblaciones (Pájarosló, 2010) y Al antojo de las anémonas (Color Pastel, 2011). Participó en las antologías Pájaros en la frente (Pajárosló, 2011), La Juntada (APOA, 2012), Canciones (Ediciones presente, 2013), Re-Invención (Proyecto Madonna, 2013), Estaciones (La Parte Maldita, 2013), Poesía Deliberada (Textos Intrusos, 2013) y Poesía de hoy y de siempre (Eloisa cartonera, 2014).



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