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Cuatro poemas de Héctor Cañón



                                                            De Antes de las olas, el agua (El Ángel Editor, Quito, 2016).

 

Las ondas que dibuja la piedra

 

Las ondas que dibuja la piedra

al caer en el agua

regresan desde las orillas

al corazón del río.

 

Todo lo que va y viene

es solo música

de agua nadando contracorriente.

 

El cuerpo no cambia

por agitar su reflejo en el río

ni la sombra se deshace

tras reposar en la noche.

 

La piedra del fondo recuerda

que todas las aguas viajeras regresan

aunque el camino de vuelta

nunca sea el mismo.

 

 

 

 

El viento borra las estrellas

 

El viento borra las estrellas

de la piel del río.

Hoy el agua solo busca

unir orillas

y los pájaros blancos

se hunden en la noche

como semillas en tierra.

 

Las hojas respiran sin prisa

a la vera del río

mientras el fondo del mar piensa

en todo lo que se mueve.

 

Ya no espero

lo que siempre ha de llegar

porque los días suenan

uno tras otro como música de olas.

 

 

 

 

La paradoja del agua

 

La música de la corriente

está enseñando

que no existe el tiempo.

 

Cuando las luces del cielo se apagan,

permanece el pulso azul de las estrellas

batiéndose en el agua

como una vieja melodía

que contiene todas las palabras.

 

Eso es amor:

la música como el tiempo es solo agua.

 

A esta hora los viajeros reposan,

la luna no tiene orgullo por alumbrar al hombre

y tanto aire entre las hojas

se va diluyendo

en la música buena y larga

 

de agua

 

que, aún desvaneciéndolas,

hace interminables las orillas.

 

 

 

 

                                                            De Los viajes de la luz (El Ángel Editor, Quito, 2015).

 

39 con Caracas

 

El reino cabe en la palma de mi mano

mientras el sol picante del mediodía

parte a Bogotá en dos.

Las fotos de ayer

siguen sucediendo en los portarretratos,

en la piel brillante de los charcos

y en las nítidas pupilas de la tarde

camuflada entre las nubes que aún no llegan.

Algunas cosas que quise

están ahí, en la palma de la mano,

y ya no las quiero.

El hastío es como miel

–se dispersa donde sea–

escribo sin computador

bajo el semáforo en rojo de la 39 con Caracas

esperando mi turno a la vez.

Los puentes peatonales

se ven casi sublimes

cuando no están ahí.

Dime entonces –ciudad sin mar–

a qué huelen las calles de Teusaquillo

si en pleno día la luna arde también

y es la sombra quien nos cuenta

que la vida es exacta,

que el atardecer es otro nacimiento

y que los muertos no se van para ninguna parte:

se quedan respirando el vacío amable

irradiado siempre desde dentro de las cosas.

 

 

 

 

Vea también: poemas “olvidados” de José Manuel Arango.


Noticia Biográfica


Héctor Cañón Hurtado (Bogotá, 1974). Escritor y comunicador. Ha publicado en los principales periódicos y revistas de México y Colombia. Es profesional en estudios literarios de la Universidad Javeriana de Bogotá y diplomado en guión de la Universidad del Rosario. Finalista de los premios de periodismo ambiental Amway (2006) y Conservación Internacional (CI- 2007). También fue finalista del concurso de cuento “El Brasil de los sueños (2008)”. En 2009, ocupó el segundo puesto en el concurso de CI con un reportaje ambiental sobre especies en vías de extinción. Su texto “De primerísima mano” fue seleccionado en la antología de crónica bogotana (1986-2006), editada por el Instituto Distrital de Cultura y Turismo, en la colección de Libro al Viento. Es autor de los libros de crónica “En la intimidad de sus bibliotecas” y “Hazañas colombianas” de Editorial Norma y de los poemarios “Los Viajes de la Luz” y “Antes de las olas, el agua” de El Ángel Editor.



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