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Poesí­a venezolana: Rubén Darí­o Carrero



                                                            *Estos poemas son inéditos.

 

Escasez

 

Recuerdo que todo era una puerta

una ventana

un montón de libros sin leer

muros y edificios al sol

escaleras vecinos y palomas

todo el dí­a

sin agua sin luz

el cuerpo

Imbécil porque cierras los ojos en el recuerdo

todo el dí­a cumpleaños feliz

y las velas apagadas

derraman vapor de arroz al mediodí­a

sin agua sin luz

solo corazón del estómago a la boca.

 

 

 

 

Solidaridad

 

Desperté asustado

con los ojos cerrados.

 

Soñaba que yo era el dí­a,

las paredes todo el tiempo detrás del sofá,

la soledad del azúcar en el agua frí­a,

la puerta detenida por el calor

y el vapor de arroz al mediodí­a.

 

No era el dí­a lo que yo era.

No.

Las ventanas estaban abiertas,

los espejos subí­an en el ascensor sin luz,

los escuchaba,

y las gotas caí­an de la ropa

mojada todaví­a

tendida

en el reflejo de las manos y las nubes en el agua.

 

El sol era un cementerio de edificios.

 

Hablaba dormido desde el sueño

y la escuela de la esquina

también hablaba

y aprendí­ a cruzar la calle,

ser muchedumbre

que revienta la cerradura

y el ojo de la puerta,

las ventanas, la mesa.

 

El televisor

prendido de imágenes, hechos

y la voz del noticiero

imperceptible

en la buhonerí­a

de la cabeza

o en el himno nacional

después de la pelí­cula,

mujeres desnudas

y la estatua frente a los niños

al otro dí­a

dócil

el caballo

varón y blanco.

 

La escuela era el hospital sin gasas ni camillas.

 

Son las tres de la madrugada

y no era el cuerpo

en la morgue

dormido

todaví­a.

No.

Sufrí­a.

 

El gentí­o

agitando las banderas

mientras todos mueren.

Todos

muertos

por despertar temprano,

ir a la escuela,

trabajar,

nacer,

vivir.

 

Cruzas la calle

con los ojos

sin parpadeos

sonriendo

con tu mano enamorada.

 

 

 

 

Un paí­s

 

Yo pienso y creo que amanece.

 

Amanece pensando que estoy muerto.

 

Sin duda, me muevo,

pero es el Sol, dice el forense.

 

Asesinado por cara de caballo,

un hombre, sí­, un hombre, venas,

nervio, mandí­bula, sombra,

bí­pedo

mamí­fero

cristiano,

un violador, un preso,

homicida y libre, con bigote escaso y negro,

franela color arrodí­llate, maldito, perro, quieto.

 

El sueño es una morgue como un camaleón por dentro,

y las moscas ya son semanas,

desaparezco.

 

Despierto, solo, ingenuo,

en la cama que de niño ya era de hombre,

sano, culto, mentiroso, cruel,

era otro sueño,

del que nunca hablé,

sueño que me han enterrado por lo que no tengo,

por lo que no sé.

 

 

 

 

Vea también: Una reseña sobre El canon abierto por Santiago Espinosa.


Noticia Biográfica


Rubén Darí­o Carrero (Maracay, Venezuela,1986). Abogado, egresado de la Universidad de Carabobo. Profesor de la Universidad Central de Venezuela y dirigente polí­tico. Merecedor de una mención especial en el Premio Nacional Universitario de Literatura, aí±o 2009 (mención poesí­a). Ha terminado su segundo poemario Enemigo ciego, que todaví­a permanece inédito. Sus poemas y artí­culos han aparecido en el suplemento literario “Contenido”, del diario El Periodiquito de Aragua; “Letra Inversa”, del periódico Notitarde; en la revista Viceversa (New York)  y demás publicaciones. Escribe un blog que actualiza con fotografí­as y textos, titulado El hallazgo de los espejos (www.rubencarrero.blogspot.com), y otro, de corte polí­tico, La indiferencia y los dí­as (www.laindiferenciaylosdias.tumblr.com).



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