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Soy mi cuerpo: comentario y poemas



Soy mi cuerpo

 

Aleyda Quevedo Rojas

 

 

Por Robinson Quintero Ossa

 

Leyendo los poemas de Soy mi cuerpo, de Aleyda Quevedo Rojas, vinieron a mi memoria palabras del escritor y tanatólogo colombiano Orlando Mejía Rivera, que señalan que la sociedad, propensa a los discursos banales, “le tiene miedo a los versos enigmáticos de los poetas y a los susurros de los enfermos graves”; añade Mejía Rivera que por eso “el espacio reservado a los poetas y a los moribundos son las habitaciones en penumbra”.

 

Vinieron a mi recuerdo estas líneas porque los poemas de Soy mi cuerpo hablan, precisamente, de la enfermedad y de las visiones enigmáticas y perturbadoras que se perciben en su espacio cerrado. Y es en este asunto donde el libro cobra un primer significado, pues en una sociedad que exalta el cuerpo maquillado, perfumado, vestido a la moda, repleto de auras, dispuesto para la exhibición, la poeta quiteña explora el cuerpo con sus padecimientos y límites existenciales, el cuerpo que se contempla a sí mismo.

 

Sin embargo, debo aclarar que donde está la real belleza y sentido de este libro es en un asunto mayor: la enfermedad como reescritura del destino, como afirmación de la vida, que no es otra cosa que decir de la poesía como ayuda en medio del deterioro físico y espiritual, como lucidez en medio del abatimiento y la desesperanza, como fuerza en el encierro del desvalimiento y en la relación con la familia y la sociedad.

 

“Mi intención era apropiarme de mi propio cuerpo, desde la pérdida que genera la enfermedad, desde la vulnerabilidad a que nos exponen los males del mundo, a partir de palabras limpias que permitan lograr un ejercicio pleno de libertad y levedad”. Lo que consigue finalmente Aleyda Quevedo es escribir su cuerpo, oler, escuchar, mirar, palpar, pensar, soñar su cuerpo, entenderlo en el encuentro filial, amoroso y erótico, desde la experiencia de la indefensión y la incertidumbre que produce el dolor.

 

El lector, de igual forma, digámoslo de esta manera, no lee un libro, lee un cuerpo, poema a poema compone ese cuerpo, página a página es uno solo con él, en su sufrimiento y su renuevo, en su desesperación y su sosiego, en su heroísmo solitario y su conciliación con el mundo.

 

 

Fin de mi suerte

 

 Mi útero reposa

en la bandeja de cirugía.

 

 Se vuelve ceniza en los basureros hospitalarios.

No tengo por qué mantener compromiso con el misterio.

 

 No adivino más la suerte.

 

 He quemado el tarot.

 

 

Este texto que transcribo es muestra del estilo de composición que destaca en Soy mi cuerpo. Poemas de síntesis afortunada, sostenidos en un mismo acento, con imágenes severas –como visiones punzantes del dolor–, se diría que parcos de ritmo y melodía, pero sugerentes de sentidos. En resumen, una poesía de arte breve. Pero, valga la pregunta: ¿acaso hay algo más indecible que el sufrimiento?

 

Soy mi cuerpo llega a su segunda edición, después de su aparición en 2006. Los invito, lectores, a leer una breve selección de sus poemas. La voz, sólo eso queda, dice la poeta. La voz y el canto.

 

 

Mi canto

 

El cariño de los amigos

se traduce en cartas besos

bálsamos contra la enfermedad.

 

Los claveles que dejaron

reconfortan las madrugadas ásperas.

 

Amigos protectores quieren inutilizar mi sufrimiento.

 

 

 

 

Una certeza

 

Me deslizo entre camas metálicas

y tanques de oxígeno

Estoy helada

en el fondo marino de este hospicio

Ya mis deudos aceptan que las cenizas

regresarán a las montañas

de dónde salí

cuando las piedras se movieron por la fe de mis padres.

 

 

 

 

Si estoy está

 

Mi esposo con sus manos tibias

baña mi cuerpo dolorido con raíces y hojas de menta

 

Mientras duermo me mira respirar

Si me alejo entre las violetas él me sigue

si estoy está conmigo

 

Es madero en alta mar al que me abrazo con amor.

 

 

 

 

Rezo

 

Sembraremos de nuevo árboles de capulí

 

Resucita

aún cantan los colibríes de cola larga

tu canción de medio día.

 

 

 

 

Esponjas

 

El agua en su paciencia va y viene

perforando el esqueleto

 

La voz solo eso queda

contra las esponjas enfermas

y esta espalda de corcho.

 

 

 

 

Evocación

 

En el sopor de la tarde

 

Miro mi casa llena de fotografías

 

Las cosas se desgastan

como el amor que te tuve o el color de aquellas fotos.

 

 

 

 

Hondo muy hondo

 

Me afeito la cabeza y empiezan las preguntas

sobre lo que dejamos de hacer.

 

La alfombra verde que se hace hierba

cuando la pisas y se extiende como

mancha de insectos sobre mis manos

aún permanece en la sala de televisión

 

Un presentimiento puro sale de mí

Las preguntas cubren mi cabeza afeitada.

 

 

 

 

Lo que soy

 

Desdoblo mi rostro

encuentro a la mujer en dos planos

 

La zona de sombras habitada por murciélagos

y la de las angustias ocupada por la imposibilidad de vivir

 

Los días me descubren huyendo del sufrimiento.

 

 

 

 

Arrodillada yo

 

Pongo las manos al Hermano Gregorio

él es mi intermediario

 

Centrípeta

llena de mí riñones uréter vejiga

me entrego a la más honda fe.

 

 

 

 

Hipnosis

 

Luz blanca

dolor que explotó en mí

 

nunca se es la misma

después de estar en la cruz

 

Soy respiración invadiéndome

carne de la noche territorio del día

 

Y cada mañana amanezco

para aspirar la flor de la risa.


Noticia Biográfica


Robinson Quintero Ossa es poeta, ensayista y periodista literario. Licenciado en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad Externado de Colombia. Libros de poemas: De viaje (1994), Hay que cantar (1998) y La poesí­a es un viaje (2004). Ediciones Catapulta publicó en 2006 su breve antologí­a de oficios El poeta es quien más tiene que hacer al levantarse, y La Universidad Externado de Colombia, en 2013, en su colección “Un libro por centavos”, la selección de poemas Los dí­as son dioses. Ha publicado libros de investigación literaria y de periodismo literario. Sus obras de ensayo son: “Un panorama de las tres últimas décadas” para el libro Historia de la poesí­a colombiana (2009), junto a Luis Germán Sierra, y Libro de los enemigos (2013) –Beca de Creación en Ensayo, Alcaldí­a de Medellí­n 2012–. Como director de talleres literarios, ha trabajado para la Casa de Poesí­a Silva, las bibliotecas públicas de Comfenalco-Antioquia, el Taller de Letras de la Fundación Jordi e Serra. En la actualidad orienta los talleres de creación literaria La máquina de cantar y compone, junto a Fernando Linero, el grupo musical El poeta canta dos veces.



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