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Mario Meléndez: poesí­a chilena



El inconsciente es un manicomio

con vista al mar

 

Cada pez que sale del agua

trae camisa de fuerza

 

 

 

 

7

 

Vi a Dios besando a la muerte

en un café de Parí­s

Llevaba una barba de siglos

y un paraguas para espantar la soledad

Era verano

Su sombra se echaba viento

con la oreja de van Gogh

 

 

 

 

9

 

Vi a las gordas de Botero en la cama de Dios

La cama era de agua

Lloví­a a gritos

Dios no estaba esa noche

andaba reconociendo el cadáver de su hijo

 

 

 

 

11

 

Vi a la muerte llorar en el entierro de Cervantes

La gente gritaba: “Compañero Miguel”

“Presente”, decí­an los gusanos

mientras lo bajaban a su última morada

A pocos metros de ahí­ cremaban el cadáver de Dios

 

 

 

 

13

 

Vi a Marilyn Monroe dando de mamar a su sombra

tení­a los pechos tristes

y usaba camisa de fuerza para dormir

Se habí­a tatuado en la espalda algo revelador

También Dios fue mi amante

 

 

 

 

18

 

Vi a Dios llevarse los juguetes

de mi hijo

í‰l no tuvo infancia

me dijo la muerte en un sueño

Los entierra en una fosa

junto a los huesos de su madre

 

 

 

 

20

 

Vi a Caperucita perdida en el bosque

Tení­a treinta años

y el traje le quedaba estrecho

El Lobo y La Abuelita la esperaban

en el más allá

Estoy vieja para esto, se dijo

ya nadie me recuerda

El mundo es ancho y ajeno

como este bosque donde he de morir

Sólo me queda una capa roí­da

y una cesta donde llevo los huesos de Dios

 

 

 

 

21

 

Vi un ovni cruzar los cielos de Jerusalén

el mismo instante que bajaban mi cuerpo

          del Calvario

La tierra oscurecí­a de presagios

Mi madre rezaba en lengua extraña

Los niños jugaban a crucificarse

Las luces de neón eran palomas ciegas

          en un desierto de sal

Alguien arrastraba el cadáver de Judas

Alguien lanzaba monedas desde una nube

          a pedales

Los gritos del vendedor de clavos asustaban

          al centurión

Pedro escribí­a su epitafio en una cruz de pan

Mi madre ya no rezaba en lengua extraña

y ahora limpiaba mis llagas con agua bendita

Marí­a Magdalena habí­a desaparecido

Se la llevaron los ovnis, me dijo el buen ladrón

a ese cielo te referí­as

 

 

 

 

24

 

Vi a Picasso montado en un caballo verde

llevaba camisa de fuerza y una máscara africana

Sus mujeres lo seguí­an (a pie) por un desierto de sal

cargaban sus cuadros al hombro y un paraguas

          de Matisse

El caballo lucí­a una extraña peluca

sus patas ortopédicas se abrí­an hacia todos lados

desesperando a Picasso que lo golpeaba con un palo

          de ceniza

Aburrido bajó del caballo

y comenzó a trazar en el suelo figuras amorfas

lí­neas arrancadas de un alfabeto imposible

Aquí­ cavaré la tumba de Dios, se dijo

los gusanos jamás me perdonarán

Y ordenó a sus mujeres cortarse las venas

mientras él pintaba su caballo de eternidad

 

 

 

 

28

 

                                                            Los viajes de la diligencia son todos al más allá

                                                            Tendrán flechas suficientes los apaches?

 

 

Vi a John Wayne arriba de la diligencia

Disparaba a todo lo que se moví­a

Lejos del alcance de las balas

los indios le cantaban el cumpleaños feliz

 

 

 

 

31

 

Vi a Tarzán en silla de ruedas

sus gritos se oí­an en todo el manicomio

De noche veí­a leones en los pasillos

mandriles en los barrotes de las celdas

serpientes bajo su cama

Le decí­a Jane a todas las enfermeras

Mientras salí­a al patio la selva cobraba vida

Los pacientes semejaban cazadores furtivos

negros con sus lanzas afiladas

Y cuando al fin cerraba los ojos

extraños gorilas irrumpí­an en su habitación

le poní­an camisa de fuerza

le aplicaban electroshock

y lo portaban en hombros al paí­s de los enanos

donde nuevas aventuras lo esperaban

junto a rí­os perfumados de cocodrilos

 

 

 

 

32

 

Vi a Kafka en el cuarto de los juguetes

Conducí­a un tren infinito

sobre rieles que parecí­an anguilas

Bajo la cama otro niño desarmaba

una oruga fluorescente

la oruga tení­a el rostro de Kafka

también los muebles, los relojes

las paredes tení­an su rostro

las arañas aburridas en sus telas

los juguetes en la habitación

El único que no tení­a el rostro de Kafka

era el propio Kafka cuyo rostro

semejaba una página en blanco

 

 

 

 

40

 

Vi a Dios por el espejo retrovisor

mientras salí­amos de un túnel transparente

Viajábamos a toda velocidad

vestidos para una fiesta de cenizas

Cada quien llevaba una máscara

y una piedra atada al cuello

para lanzarnos en el primer rí­o

Vagamos toda la noche por un desierto de sal

delirando con la tierra prometida

En el asiento trasero las musas bostezaban

sacaban sus pechos por la ventana

como si fueran restos arqueológicos

Los gatos que olvidamos en la guantera

nos habí­an predicho el futuro

Ninguno verá el amanecer, confesaron

con una certeza que nos paraba los pelos

En la última gasolinera compramos tabaco

y alimentamos a los gatos antes de abandonarlos

Maullaban a un lado del camino

cuando encendimos motores

La luna era una trenza de ajo

pegada al parabrisas

las estrellas semejaban estacas

que añoraban nuestro corazón

Con los primeros rayos de luz

comenzamos a desaparecer

Razón tení­an los gatos, dije

subiendo el volumen de la radio

mientras veí­a a los Sex Pistols

por el espejo retrovisor

 

 

 

 

43

 

Vi el cadáver de Dios

pastando en la eternidad


Noticia Biográfica


Mario Meléndez (Linares, Chile, 1971). Entre sus libros figuran: Vuelo subterráneo, El circo de papel, La muerte tiene los dí­as contados y Esperando a Perec. En 2014 una selección de su obra apareció en la prestigiosa revista italiana Poesia, y en 2015 es incluido en la antologí­a El canon abierto. íšltima poesí­a en espaí±ol (Visor, Madrid). Sus poemas han sido traducidos a diversos idiomas. También ha publicado importantes compilaciones, entre las cuales destacan: Vientos del siglo. Poetas mexicanos 1950-1982 (UNAM, 2012), Antologia di poesia breve latinoamericana (Italia, 2015), Giovane poesia latinoamericana (Italia, 2015), y las antologí­as de Oscar Hahn Trattato di sortilegi (Italia, 2013) y Hahn. Antologí­a poética (Puerto Rico, 2015). Es colaborador frecuente de reconocidas revistas electrónicas como í“mnibus de Espaí±a, Triplov de Portugal y Cí­rculo de poesí­a en México. El aí±o 2013 recibió la medalla del Presidente de la República Italiana. Actualmente reside en Italia.



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