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Zingonia Zingone



El contrapeso

 

La bailarina de Degas

coloca en la punta

de la zapatilla derecha

toda su existencia.

 

En el ápice del equilibrio

de inmodestas volteretas

y flash,

desde el silencio irrumpe

un rostro

que la devuelve a su infancia.

 

Pierde el contrapeso del olvido

y precipita,

y se quiebra.

 

La bailarina de Degas

tuvo una vez un padre.

 

 

 

 

El cultivo del asceta

 

Será la falta de música

en la sala

o el vino

que he dejado de tomar

 

será mi hijo

en casa de la abuela

o mi perro lejos

en la campiña

 

lo que esta noche

ha abierto en mi pecho

una hendedura

llena de afoní­a.

 

Apago el teléfono

para no entorpecer

la labor del hado

 

para no confundir

a los aduladores

con la suerte.

 

De la calle sube

el vocerí­o de los turistas

trepa a mi ventana

por las telarañas

de mi soliloquio.

 

En un texto sagrado leo

que un ángel

custodia este sopor

vestido de insomnio

 

hago a un lado la tristeza

que Sí­sifo me ha enseñado

ser eterna

hago a un lado los sueños

que la Vida me ha enseñado

ser bombas

que revientan en su ápice

 

no me queda más

que el tacto de lo certero

el sofá   tres almohadas

mientras el alma

como el humo de un puro

asciende lenta.

 

 

 

 

Ejemplo

 

Un joven se sienta

en la banca de madera

apoya su mirada

en la piedra vibrante

del silencio

 

no canta el canto

ritual

no levanta la cabeza

hacia la cruz

 

escruta en la desnudez

de las baldosas

la sombra agitada

de un niño

 

del niño que hubiera podido ser.

 

Captura en la lente

de sus entrañas

el hondo deseo de amar

 

y saca del bolsillo

un billete mayor

que su ultimo ayuno

 

lo deja caer en la bolsa

sin el estrépito de la limosna.

 

 

 

 

Raí­ces

 

Nunca sentí­ la exigencia

de escarbar mis raí­ces

                                        semilla

en la tierra/mundo

que originó mi sangre.

 

¿Qué importa si no fue Adán

si sólo soy

célula de una célula del mar?

 

¿Qué importa si en otra vida

fuimos hermanos o amantes

desconocidos

gente nacida del mismo

latir del tiempo?

 

El barro húmedo

es señal de pertenencia

el aire

           el silencio

parpadeante  inagotable

que se renueva y es respiro

del alma.

 

Me preguntan quién soy.

Me encojo de hombros.

 

La tradición es un marco

sobre una mesa de noche

jaula que encierra

el futuro

nombre que define

el lí­mite

 

se agota

como hoja seca

o sigue su curso

desde el cauce del rí­o.

 

¿Qué busca tanto atrapar

el hombre? El grano de arena

recibe indefenso

la ira del mar

su caricia

su lunático ir y venir

sin fronteras.

 

 

 

 

Apocalypse now

 

Se acerca la Navidad.

 

A pesar de la lluvia verde

que se empoza

entre los adoquines romanos

 

de las madres que matan

a sus hijos

para poder sobrevivir

 

de los fuegos de artificio en Mumbai

 

y de que nadie quiere ya

comprar castañas.

 

A pesar del gran bolsillo vací­o.

 

Un Santa Claus en la plaza Navona

rifa bombones y reparte piedras

“es una broma”

los niños rí­en.

 

Manolo pide unas monedas

o Antonio o Giovanni.

En la lata hay cuita de pichón.

 

La lista es larga y los gobiernos

estiran la cobija

queriendo cubrir los pies.

 

El í­ndice de los estornudos aumenta.

Las vacunas son estériles

y no alcanzan para todos.

 

El párroco combate la miseria

exhibiendo una estatua de la Virgen,

regalando ropa regalada.

 

Sí­, Obama ganó las elecciones.

 

Los chinos venden juguetes

tóxicos pero accesibles.

 

Este año también habrá una Navidad.

Hace calor y truena.

 

¿Colocaste el Arca en el pesebre?

 

 

 

 

El huésped

 

En la soledad de la alcoba

se insinúa una imagen

ligera y alta se desplaza

por la pieza

 

las manos en los bolsillos.

 

Tiene la camisa blanca

y la sonrisa encendida

                     la frescura inquieta

de otra edad.

 

Se sienta  se levanta

busca

en los ojos huecos

del tiempo

un relámpago

donde apoyar su desvelo.

 

En la soledad de la tarde

regresa a hacer visita

este huésped

 

repetidas veces llega

rompe el cerrojo

            entra

y habla

 

el temblor  el mudo idioma

del deseo.

 

La luna se asoma

a la ventana

y quieta observa

los juegos del aire

una silueta en vilo

una mujer desarmada

 

los malabarismos de la soledad.

 

 

 

 

Concierto de la lejaní­a

 

Busco la melodí­a de tus ojos

en el aire frí­o de la mañana

 

y en cada hombre

que persigue mi mirada.

 

Me detengo frente a un rostro

que pide mi rostro

la sonrisa abierta al mundo

y un canto que nace

de las llagas de la muerte.

 

Penetro su pupila encendida

de deseos furtivos

                                desnudos

 

agazapados detrás

de unas lentes plomizas.

 

Su parpadeo acelerado

patalea en mi pecho

como una danza tribal.

 

Descubro allí­ tus ojos

                                      resignados

naufragando en otro mar

 

el verde de la esperanza

en el petróleo vivo

de la incertidumbre.

 

Levántate en vuelo

                                  gaviota

mis ojos apretados

entre el pico de tu destino

devuélvelos al amor

no dejes

que la espera contamine

el aire fresco

la madrugada

la melodí­a de tus ojos.

 

 

 

 

Un domingo más

 

Atrapar el verso para que diga

Amor te busco

hoy tampoco estás aquí­

 

pero él se fuga

en la fuga del dí­a

hacia el vino

el pescado al horno

hacia el olvido.

 

Estoy cansada de perseguir

el pájaro del tiempo

el aleteo repetido

un puro que se hace

ceniza

para nunca más nacer.

 

Hoy también me acerqué

a la Eucaristí­a

para atrapar el Verbo

que ilumina esta soledad.

 

No creo

que en el jardí­n vecino

las flores emanen

un perfume más intenso

que los pájaros dejen de migrar.

 

El cenicero y su cristal

tienen la misma forma

a la luz del Verbo

y en la oscuridad

de otro horno

de otra copa y su orfandad.

 

En casa

todo marcha bien.

 

En la vasija

está la fruta de siempre

los bananos sonrí­en

bajo los rizos de uvas rubias

las peras las manzanas

alguna con su habitante.

 

El gusano escoge donde

alojarse donde

esconder sus penas.

 

¿Será por necesidad

o realmente habrá

una pulpa incomparable?

 

Atrapar el verso para que diga

la Verdad.

 

 

 

 

No me importa lo que digan

                                                            los perversos son los puritanos

                                                            amor

                                                            los que no entienden

                                                            los designios del cielo

                                                            y se amarran el corazón

                                                            con el lazo de todos los prejuicios

 

                                                            Osvaldo Sauma

 

ímame, te digo ámame

en el nocturno abrazo del silencio,

 

ámame

y calla como hace el amor,

 

tú que eres eso,

aun cuando callas.

 

Rózame, te digo rózame

 

que dulce murmullo eres

en el abrir de pétalos y no

 

rózame de alas,

de miel rózame;

 

el palmo rózame,

 

nacer como la semilla

que rozando posas.

 

Mí­rame, te digo mí­rame

 

espantado mí­rame

 

que suave,

desnuda

descubro

 

hasta el alma.

 

Cúbreme, te digo cúbreme

lentamente cúbreme

 

y súdame,

de sal y vientre súdame

de fiebre y paz súdame

de torso, bronce, penumbra

súdame

 

cúbreme, extiéndete

cúbreme.

 

Piénsame, te digo piénsame

en la claridad piénsame

 

lí­nea que huye y no,

que ayer aún,

 

piénsame, mañana piénsame.

 

 

 

 

Estrategias no planificadas

 

Entrar en la vida de un hombre

que está triste

y tiene a otras mujeres

 

entrar sin que se dé cuenta

como un sueño

una promesa

o la muerte.

 

Mirarlo esconder los ojos

cerrar la voz,

 

soltar un grito del tintero

acuclillado sobre su cama;

 

mirarlo desde la memoria

ausente de mi fantasí­a.

 

Forzar la mano

dulcemente

 

forzar un puesto

entre las fotos que encienden

las paredes de su soledad.

 

Descubrir que ya estaba escrita

mi presencia,

 

que los otros cuerpos

sobran,

 

que sólo quedará el eco mudo

de párvulos implorares

 

y que aquellas noches se harán átomo del recuerdo;

 

descubrir de pronto que

soy pila bautismal

luz al fondo del camino

una apnea y el más hondo respiro;

 

descubrir que él sigue triste,

porque está feliz.


Noticia Biográfica


Zingonia Zingone (1971). Poeta, narradora y traductora italiana; escribe en espaí±ol. Licenciada en Economí­a, vive entre San José y Roma. Cuenta con cuatro poemarios editados. Los naufragios del desierto (Vaso Roto Ediciones, 2013) y Equilibrista del olvido (Editorial Germinal, 2012) han sido traducidos en Italia y en la India (inglés, kannada y marathi). Ha traducido y curado la edición de varios compendios: Voci de Claribel Alegrí­a (Samuele Editore, 2015), Utopia del Solitario de Osvaldo Sauma (Rayuela Edizioni, 2014), La Cruz es un camino de Daniele Mencarelli (Edizioni della Meridiana, 2013), Alarma de Virus de Hemant Divate (Ediciones Espiral, 2012), entre otros. Es fundadora de la columna de poesí­a internacional “Il grido e il sussurro” para la revista digital italiana MINERVA.



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