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El humo asciende de la tierra: poemas de Ingeborg Bachmann



Otro páramo se complace en compartirles esta selección de la célebre poeta austríaca Ingeborg Bachmann (1926-1973) en una traducción del poeta mexicano Ademar Ramírez.

 

*Adelmar Ramírez estudió una doble licenciatura en Psicología y Escritura Creativa en la Universidad de Texas en El Paso, además de una Maestría en Escritura. Ha publicado en Río Grande Review, Revista de Literatura Mexicana Contemporánea (colaborando con el congreso de igual nombre), la revista Opción del D.F., Revista Albedrío y en Círculo de Poesía. En 2014 apareció en la antología de poesía joven mexicana “Poetas parricidas: generación entre siglos”. Fue finalista del Premio Fundación Loewe (España) en 2013.

 

 

Viaje

 

El humo asciende de la tierra.

Recuerda los pequeños cobertizos para la pesca,

porque el sol se hundirá

antes de que hayas dejado diez millas tras de ti.

 

El agua oscura, de mil ojos,

abre sus pestañas de espuma blanca,

estudiándote, profunda y largamente,

durante treinta días.

 

Aun cuando el barco cabecea

y da cada paso incierto,

continúa calmado sobre la cubierta.

 

A la mesa ellos comen

el pescado asado;

luego los hombres se hincarán

y zurcirán sus redes,

aunque cada uno dormirá en la noche

una hora o dos,

y sus manos se suavizarán,

libres de sal y aceite,

suaves como el pan de los sueños

que ellos rompen.

 

La primera ola de la noche golpea contra la costa,

la segunda ya te alcanza.

Pero si miras detenidamente,

aún puedes ver el árbol

que levanta desafiante un brazo

–el viento ya le ha tumbado uno

–y tú piensas: ¿Cuánto más?

¿Cuánto más

soportará la madera el clima?

 

De la tierra no hay rastro alguno.

Con tu mano debiste haber escarbado en el banco de arena

o atado a ti mismo al acantilado con una hebra capilar.

 

Soplando conchas, los monstruos marinos flotan

sobre el penacho de las olas, las montan y parten

el día en pedazos con sables brillantes; un rastro rojo

queda en el agua, donde el sueño se apodera de ti

por el resto de tus horas,

tus sentidos se tambalean.

 

Pero luego algo pasa con las sogas,

te llaman y estás feliz

de que te necesiten. Lo mejor de todo

es el trabajo en los barcos

que zarpan muy lejos,

el anudar sogas, vaciar el agua,

calafetear las fugas, la vigilia del cargamento.

Es mejor estar cansado y colapsar

por la tarde. Es mejor despertar claro en la mañana

a la primera luz, levantarse bajo el cielo inamovible,

ignorar el agua infranqueable

y  alzar la nave sobre las olas

hacia la siempre recurrente costa del sol.

 

***

 

Ausfahrt

 

Vom Lande steigt Rauch auf.

Die kleine Fischerhütte behalt im Aug,

den die Sonne wind sinken,

ehe du zehn Meilen zurückgelegt hast.

 

Das dunkle Wsser, tausendäugig

schlägt die Wimper von weißer Gischt auf,

um dich anzusehen, groß und lang,

dreißig Tage lang.

 

Auch wenn das Schiff hard stampft

und einen unsichreren Schritt tut,

steh ruhig auf Deck.

 

An den Tischen essen sie jetzt

den geräucherten Fisch;

dann warden die Männer hinknien

und die Netze flicken,

aber nachts wind geschlafen,

eine Stunde oder zwei Stunden,

und ihre Hände warden weich sein,

frei von Salz und öl,

weich wie das Brot des Traumes,

von dem sie brechen.

 

Die erste Welle der Nacht schlägt and Ufer,

die zweite erreicht schon dich.

Aber wenn du scharf hinüberschaust,

kannst du den Baum noch sehen,

der trotzig dem Arm hebt

–einen hat ihm der Wind schon abgeschlagen

–und du denkst: wie lange noch

wie lange noch

wird das krumme Holz den Wettern standhalten?

Vom Land ist nichts mehr zu sehen.

Du hättest dich mit einer Hand in die Sandbank krallen

oder mit einer Locke and die Klippen heften sollen.

 

In die Muscheln blasend, geliten die Ungeheuer der Meers

auf die Rücken der Wellen, die reiten und schlagen

mit blanken Säbeln die Tage in Stücke, eine rote Spur

bleibt im Wasser, dort legt dich der Schlaf hin,

auf den Rest deiner Stunden,

und dir schwinden die Sinne.

 

Da ist etwas mit den Tauen geschehen,

man ruft dich, und bist froh,

daß man dich braucht. Das Beste

ist die Arbeit auf den Schiffen,

die within fahren,

das Tauknüpfen, das Wasserschöpfen,

das Wändedichten und das Hüten der Fracht.

Das Best ist, müde zu sein und am Abend

hinzufallen. Das Beste ist, am Morgen,

mit dem ersten Licht, hell zu warden,

gegen den unverrückbrarren Himmel zu stehen,

der ungangbaren Wasser nicht zu achten

und das Schiff über die Wellen zu heben,

auf das immerwiederkehrende Sonnernufer zu.

 

 

 

 

Oscuridad hablada

 

Como Orfeo toco

la canción de la muerte sobre las cuerdas de la vida,

y para la belleza de la Tierra,

y para tus ojos, administradores del paraíso,

solo puedo hablar de oscuridad.

 

No olvides que tú también, de pronto,

aquella mañana cuando tu campo

estaba aún empapado de rocío, y un clavel

dormía en tu corazón,

viste la corriente oscura

pasándote por enfrente.

 

La cuerda del silencio

tensada sobre el pulso de la sangre,

me así a los latidos de tu corazón.

Tus rizos se transformaron

en el cabello sombrío de la noche,

oscuros copos

se enterraron en tu cara.

 

Y no te pertenezco.

Ambos sollozamos ahora.

 

Pero como Orfeo conozco

la vida en el lado de la muerte,

y el penetrante azul

de tu ojo por siempre lacrado.

 

***

 

Dunkles zu sagen

 

Wie Orpheus spiel ich

auf den Saiten des Lebens den Tod

und in die Schönheit der Erde

und deiner Augen, die den Himmel verwalten,

weiß ich nur Dunkles zu sagen.

 

Vergiß nicht, daß auch du, plötzlich,

an jenem Morgen, als dein Lager

noch naß war von Tau und die Nelke

an deinem Herzen schlief,

den dunklen Fluß sahst,

der an dir vorbeizog.

 

Die Saite des Schweigens

gespannt auf die Welle von Blut,

Verwandelt ward deine Locke

ins Schattenhaar der Nacht,

der Finsternis schwarze Flocken

beschneiten dein Antlitz.

 

Und ich gehör dir nicht zu.

Beide klagen wir nun.

 

Aber wie Orpheus weiß ich

auf der Seite des Todes das Leben,

und mir blaut

dein für immer geschlossness Aug.

 

 

 

 

En la tormenta de rosas

 

A donde sea que volteamos en la tormenta de rosas,

la noche arde con espinas, y el relámpago

de pétalos, alguna vez callado entre los arbustos,

retumba en nuestros talones.

 

***

 

Im Gewitter der Rosen

 

Wohin wir uns wenden im Gewitter der Rosen,

ist die Nacht von Dornen erhellt, und der Donner

des Laubs, das so leise war in den Büschen,

folgt uns jetzt auf dem Fuß.

 

 

 

 

Dialectos

 

Uno puede reconocerlos por sus dialectos,

el batidor y el abatido,

el perseguidor y el perseguido,

los ingenuos y los sabios,

dialectos que no renuncian a su acento nativo.

 

***

 

Dialects

 

An ihrer Mundart wird man sie erkennen,

die Schläger un die Geschlagenen,

die Verfolger un die Verfolgten,

ausch die Törichten un die Weisen,

Mundart, die nicht den heimatlichen Klang ablegt.

 

 

 

 

Mi amor después de muchos años

 

Un largo, largo amor

ha comprobado en sus alas la pesadumbre

y no volará hacia otro.

La vieja mendiga debe vagar,

cada día la puerta azotándose frente a ella,

todos estos años, todos, todos estos días

dirigiéndose a casa hacia el norte.

El viento del sur la alienta, el viento del norte la atormenta.

 

***

 

Meine Lieve seit so langer Zeit

 

Der langen, langen Liebe

sind die Flügel schwer geworden

zu keinem andren fortfliegen wird sie,

fortgehn muss die alte Bettlerin,

jeden Tag fiel die Tür vor ihr zu,

all die Jahre, alle, alle Tage

geht jetzt heim nach Norden.

Südwind trägt sie, Nordwind schlägt sie.


Noticia Biográfica


Ingeborg Bachmann (1926-1973) nació en Austria. Su primera colección de poemas, Die gestundete Zeit (1953) obtuvo el premio de literatura de Gruppe 47, una asociación de escritores de posguerra entre cuyos miembros se encontraban Paul Celan, Heinrich Böll y Günter Grass. Además de poeta, escribió libretos para óperas y libros de cuentos. Fue profesora de varias universidades y falleció en Roma a causa de un incendio en su apartamento.



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