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W. H. Auden (Segunda entrega)



Otro páramo se complace en presentarles una muestra de los poemas más representativos de W. H. Auden. Esta es la segunda parte. Pueden consultar la primera parte aquí­.

 

W. H. Auden (21 de febrero de 1907, York, Inglaterra) es considerado por algunos como el mayor poeta inglés del siglo XX. Otros, como Joseph Brodsky (ganador del premio Nobel de literatura en 1987), lo consideran “la mente más grande del siglo XX”. Como testigo de dos guerras mundiales, revoluciones y otras catástrofes, la poesí­a de Auden está cargada de un profundo sentimiento polí­tico, ético, social y psicológico. Publicó su primer libro de poemas en 1930 con la ayuda de T. S. Eliot y ganó el premio Pulitzer en 1948 por The Age of Anxiety. Estilí­sticamente Auden es conocido por ser un poeta muy versátil: usa tanto versos cortos como versos largos; toma prestado el conocimiento cientí­fico; incorpora el habla popular a su escritura y recibe influencias del marxismo (en su etapa de juventud) y de la religión (en su etapa de madurez). Auden murió en Vienna en 1973.

 

*La traducción es de Juan Afanador y Santiago Ospina.

 

 

 

 

Septiembre 1, 1939

 

Me siento en una de las tabernas

de Fifty-second Street

inseguro y asustado

mientras expiran las astutas esperanzas

de una baja década deshonesta:

olas de furia y miedo

circulan sobre los brillantes

y oscurecidos suelos de la tierra

obsesionando nuestras vidas privadas;

el hedor innombrable de la muerte

ofende la noche de septiembre.

 

La aguda academia puede

desenterrar la ofensa entera

que desde Lutero hasta ahora

a la cultura ha hecho enloquecer,

encontrar lo que ocurrió en Linz,

qué imago* formó

a un dios psicópata:

yo y el público sabemos

lo que todos los niños de colegio aprenden,

aquellos a quienes el mal les hacen

hacen el mal de vuelta.

 

El exiliado Tucí­dides sabí­a

todo cuanto el habla puede decir

sobre la Democracia

y lo que hacen los dictadores,

la basura antigua que hablan

a una tumba apática;

lo analizó todo en su libro,

desterrada la ilustración,

el dolor creador de vicios,

la mala administración y la aflicción:

debemos sufrirlos todos de nuevo.

 

Hacia este aire neutral

donde ciegos rascacielos usan

su altura entera para proclamar

la fuerza del Hombre Colectivo,

cada lenguaje vierte su vana

excusa competitiva:

pero quién puede vivir por mucho

en un sueño eufórico;

fuera del espejo ellos miran

la cara del imperialismo

y el error internacional.

 

Las caras a lo largo del bar

se aferran a su dí­a promedio:

la luces nunca deben apagarse,

la música siempre debe sonar,

todas las convenciones conspiran

para hacer que este fuerte asuma

el mobiliario del hogar;

no sea veamos dónde estamos,

perdidos en un bosque embrujado,

niños con miedo de la noche

que nunca han sido felices o buenos.

 

Los militantes más verbosos atacan

el grito de las personas importantes

no es tan crudo como nuestro deseo:

lo que Nijinsky enfadado escribió

sobre Diaghilev**

es verdad para el corazón normal;

pues el error nacido en el hueso

de cada mujer y cada hombre

ansí­a lo que no puede tener,

no el amor universal

sino ser amado con exclusividad.

 

Desde la oscuridad conservadora

hasta la vida ética,

viene la densa masa de gente al trabajo

repitiendo su promesa matutina;

“Seré fiel a la esposa,

me concentraré más en el trabajo,”

e indefensos gobernantes despiertan

para seguir su juego forzoso:

¿quién puede liberarlos ahora,

quién puede llegar a los sordos,

quién puede hablar por los idiotas?

 

Todo lo que tengo es una voz

para deshacer la mentira doblada,

la mentira romántica en el cerebro

del sensual hombre de a pie

y la mentira de la Autoridad

cuyos edificios acarician el cielo:

no hay tal cosa como el Estado

y nadie existe en soledad;

el Hambre no deja alternativa

al ciudadano o al policí­a;

debemos amarnos unos a otros o morir.

 

Indefensos bajo la noche

nuestro mundo yace en estupor;

y aún, punteados en todo lugar,

irónicos puntos de luz

fulguran siempre que los Justos

intercambian sus mensajes:

puedo yo, hecho como ellos

de Eros y de polvo,

atormentado por la misma

desazón y desesperanza,

mostrar una llama afirmativa.

 

***

 

September 1, 1939

 

I sit in one of the dives

On Fifty-second Street

Uncertain and afraid

As the clever hopes expire

Of a low dishonest decade:

Waves of anger and fear

Circulate over the bright

And darkened lands of the earth,

Obsessing our private lives;

The unmentionable odour of death

Offends the September night.

 

Accurate scholarship can

Unearth the whole offence

From Luther until now

That has driven a culture mad,

Find what occurred at Linz,

What huge imago made

A psychopathic god:

I and the public know

What all schoolchildren learn,

Those to whom evil is done

Do evil in return.

 

Exiled Thucydides knew

All that a speech can say

About Democracy,

And what dictators do,

The elderly rubbish they talk

To an apathetic grave;

Analysed all in his book

The enlightenment driven away,

The habit-forming pain,

Mismanagement and grief:

We must suffer them all again.

 

Into this neutral air

Where blind skyscrapers use

Their full height to proclaim

The strength of Collective Man,

Each language pours its vain

Competitive excuse:

But who can live for long

In an euphoric dream;

Out of the mirror they stare,

Imperialism’s face

And the international wrong.

 

Faces along the bar

Cling to their average day:

The lights must never go out,

The music must always play,

All the conventions conspire

To make this fort assume

The furniture of home;

Lest we should see where we are,

Lost in a haunted wood,

Children afraid of the night

Who have never been happy or good.

 

The windiest militant trash

Important Persons shout

Is not so crude as our wish:

What mad Nijinsky wrote

About Diaghilev

Is true of the normal heart;

For the error bred in the bone

Of each woman and each man

Craves what it cannot have,

Not universal love

But to be loved alone.

 

From the conservative dark

Into the ethical life

The dense commuters come,

Repeating their morning vow;

“I will be true to the wife,

I’ll concentrate more on my work,”

And helpless governors wake

To resume their compulsory game:

Who can release them now,

Who can reach the deaf,

Who can speak for the dumb?

 

All I have is a voice

To undo the folded lie,

The romantic lie in the brain

Of the sensual man-in-the-street

And the lie of Authority

Whose buildings grope the sky:

There is no such thing as the State

And no one exists alone;

Hunger allows no choice

To the citizen or the police;

We must love one another or die.

 

Defenceless under the night

Our world in stupor lies;

Yet, dotted everywhere,

Ironic points of light

Flash out wherever the Just

Exchange their messages:

May I, composed like them

Of Eros and of dust,

Beleaguered by the same

Negation and despair,

Show an affirming flame.

 

 

 

 

Epitafio sobre un tirano

 

La perfección, de cierto tipo, era lo que buscaba

y la poesí­a que inventó era fácil de entender;

conocí­a la locura humana como la palma de su mano

y estaba muy interesado en flotas y ejércitos;

cuando reí­a, senadores respetables estallaban de risa

y cuando lloraba los niños pequeños morí­an en el pavimento.

 

***

 

Epytaph on a Tyrant

 

Perfection, of a kind, was what he was after,

And the poetry he invented was easy to understand;

He knew human folly like the back of his hand,

And was greatly interested in armies and fleets;

When he laughed, respectable senators burst with laughter,

And when he cried the little children died in the streets.

 

 

 

 

La caí­da de Roma

                                                            (para Cyril Connolly)

 

Los puertos son golpeados por las olas;

la lluvia, en un campo aislado,

azota un tren abandonado;

los bandidos las cuevas en las montañas colman.

 

Crecen irreales las togas de la tarde;

los agentes del fisco buscan

evasores de impuestos en fuga

por las cañerí­as de pueblos provinciales.

 

Privados rituales de magia

mandan a las prostitutas del templo a dormir;

todos los literati guardan para sí­

una amistad imaginaria.

 

El cerebrotónico*** Catón podrí­a

alabar las antiguas disciplinas,

pero los musculosos cuerpos de Marina

se amotinan por la paga y la comida.

 

La cama doble del César está tibia

mientras que un nimio empleado

escribe NO ME GUSTA MI TRABAJO

sobre un formulario oficial rosado.

 

Desprovistas de riqueza o de piedad,

pequeñas aves con patas escarlata,

sentadas sobre sus huevos con manchas,

ojean cada ciudad de gripa infectada.

 

Todas juntas, en otro sitio,

vastas manadas de renos se mueven a través

de millas y millas de musgo dorado,

muy apresuradas y en sigilo.

 

***

 

The Fall of Rome

                                                            (for Cyril Connolly)

 

The piers are pummelled by the waves;

In a lonely field the rain

Lashes an abandoned train;

Outlaws fill the mountain caves.

 

Fantastic grow the evening gowns;

Agents of the Fisc pursue

Absconding tax-defaulters through

The sewers of provincial towns.

 

Private rites of magic send

The temple prostitutes to sleep;

All the literati keep

An imaginary friend.

 

Cerebrotonic Cato may

Extol the Ancient Disciplines,

But the muscle-bound Marines

Mutiny for food and pay.

 

Caesar’s double-bed is warm

As an unimportant clerk

Writes I DO NOT LIKE MY WORK

On a pink official form.

 

Unendowed with wealth or pity,

Little birds with scarlet legs,

Sitting on their speckled eggs,

Eye each flu-infected city.

 

Altogether elsewhere, vast

Herds of reindeer move across

Miles and miles of golden moss,

Silently and very fast.

 

 

 

 

En memoria de W. B. Yeats

 

I

 

Desapareció en la muerte del invierno:

los arroyos estaban congelados, los aeropuertos casi despiertos,

y la nieve desfiguraba las estatuas públicas;

el mercurio se hundí­a en la boca del dí­a moribundo.

Los instrumentos que tenemos coinciden

en que el dí­a de su muerte era un frí­o dí­a oscuro.

 

Lejos de su enfermedad

los lobos atravesaron los bosques perennes,

el rí­o campestre no fue tentado por los muelles a la moda;

las lenguas matutinas

le ocultaron a los poemas del poeta su muerte.

 

Pero para él fue su última tarde como sí­ mismo,

una tarde de enfermeras y rumores;

las provincias de su cuerpo se sublevaron,

los cuadrados de su mente estaban vací­os,

el silencio invadió los alrededores,

la corriente de su sentir falló; se volvió sus admiradores.

 

Ahora está desperdigado en cien ciudades

y entregado totalmente a afectos desconocidos,

para encontrar su felicidad en otro tipo de madera

y ser castigado bajo un código extranjero de consciencia.

Las palabras de un muerto

se truecan en las entrañas de los vivos.

 

Pero en la importancia y ruido del mañana,

cuando los corredores rujan como bestias en el suelo de la Bolsa

y los pobres tengan los sufrimientos a los que están bastante acostumbrados

y cada quien en la celda de sí­ mismo esté casi convencido de su libertad,

unos pocos miles pensarán en este dí­a

como cuando uno piensa en un dí­a en que hizo algo ligeramente inusual.

 

Los instrumentos que tenemos coinciden

en que el dí­a de su muerte era un frí­o dí­a oscuro.

 

***

 

I

 

He disappeared in the dead of winter:

The brooks were frozen, the airports almost deserted,

And snow disfigured the public statues;

The mercury sank in the mouth of the dying day.

What instruments we have agree

The day of his death was a dark cold day.

 

Far from his illness

The wolves ran on through the evergreen forests,

The peasant river was untempted by the fashionable quays;

By mourning tongues

The death of the poet was kept from his poems.

 

But for him it was his last afternoon as himself,

An afternoon of nurses and rumours;

The provinces of his body revolted,

The squares of his mind were empty,

Silence invaded the suburbs,

The current of his feeling failed; he became his admirers.

 

Now he is scattered among a hundred cities

And wholly given over to unfamiliar affections,

To find his happiness in another kind of wood

And be punished under a foreign code of conscience.

The words of a dead man

Are modified in the guts of the living.

 

But in the importance and noise of to-morrow

When the brokers are roaring like beasts on the floor of the Bourse,

And the poor have the sufferings to which they are fairly accustomed,

And each in the cell of himself is almost convinced of his freedom,

A few thousand will think of this day

As one thinks of a day when one did something slightly unusual.

 

What instruments we have agree

The day of his death was a dark cold day.

 

 

 

 

II

 

Fuiste gracioso como nosotros; tu regalo sobrevivió a todo:

la parroquia de mujeres ricas, el decaimiento fí­sico,

Tú mismo. La loca Irlanda te hirió hasta la poesí­a.

Ahora Irlanda tiene su locura y su clima inmóviles,

pues la poesí­a hace nada suceda: sobrevive

en el valle de su creación donde los ejecutivos

nunca querrí­an entrometerse, fluye al sur

desde ranchos de aislamiento y las penas ocupadas,

pueblos puros en los que creemos y morimos; sobrevive,

una forma de suceder, una boca.

 

***

 

II

 

You were silly like us; your gift survived it all:

The parish of rich women, physical decay,

Yourself. Mad Ireland hurt you into poetry.

Now Ireland has her madness and her weather still,

For poetry makes nothing happen: it survives

In the valley of its making where executives

Would never want to tamper, flows on south

From ranches of isolation and the busy griefs,

Raw towns that we believe and die in; it survives,

A way of happening, a mouth.

 

 

 

 

III

 

Tierra, recibe a un honorable invitado:

William Yeats a descansar se ha acostado.

Deja que descanse el recipiente irlandés

vaciado de su poesí­a.

 

En la pesadilla de la oscuridad

todos los perros comienzan a ladrar,

y las naciones que viven aguardan

cada una aislada en su rabia;

 

La desgracia intelectual

desde cada rostro humano logra observar,

y descansan los mares de piedad

congelados y encerrados en el mirar.

 

Sigue, poeta, sigue así­

hasta el fondo de la noche,

con tu ilimitada voz

aún persuádenos de regocijarnos

 

Con la cosecha de un verso

has un viñedo a partir de la maldición,

canta sobre el fracaso humano

en un éxtasis de aflicción;

 

en los desiertos del corazón

deja que brote el manantial reanimador,

en la prisión de sus dí­as

enseña al hombre libre a alabar.

 

***

 

III

 

Earth, receive an honoured guest:

William Yeats is laid to rest.

Let the Irish vessel lie

Emptied of its poetry.

 

In the nightmare of the dark

All the dogs of Europe bark,

And the living nations wait,

Each sequestered in its hate;

 

Intellectual disgrace

Stares from every human face,

And the seas of pity lie

Locked and frozen in each eye.

 

Follow, poet, follow right

To the bottom of the night,

With your unconstraining voice

Still persuade us to rejoice;

 

With the farming of a verse

Make a vineyard of the curse,

Sing of human unsuccess

In a rapture of distress;

 

In the deserts of the heart

Let the healing fountain start,

In the prison of his days

Teach the free man how to praise.

 

 

* Este término del psicoanálisis refiere a un concepto idealizado de un ser querido que se forma en la infancia y se mantiene en la adultez o una imagen que emerge del consciente jungiano colectivo a la cual una persona se aferra cuando forma su personalidad.

 

** Ambos fueron dos bailarines de ballet importantes durante su época. Eran amantes y su relación decayó cuando Nijinsky escribió cosas odiosas sobre Diaghilev en su diario.

 

*** Cerebrotónico es un término acuñado por el psicólogo William Herbert Sheldon (parte de su teorí­a de los tres tipos temperamentales) y que hace referencia a un carácter introvertido, privado e intelectual que prefiere expresar sus emociones artí­sticamente y no mediante la acción directa (diccionario médico de la Universidad de Navarra).


Noticia Biográfica


W. H. Auden (21 de febrero de 1907, York, Inglaterra) es considerado por algunos como el mayor poeta inglés del siglo XX. Otros, como Joseph Brodsky (ganador del premio Nobel de literatura en 1987), lo consideran “la mente más grande del siglo XX”. Como testigo de dos guerras mundiales, revoluciones y otras catástrofes, la poesí­a de Auden está cargada de un profundo sentimiento polí­tico, ético, social y psicológico. Publicó su primer libro de poemas en 1930 con la ayuda de T. S. Eliot y ganó el premio Pulitzer en 1948 por The Age of Anxiety. Estilí­sticamente Auden es conocido por ser un poeta muy versátil: usa tanto versos cortos como versos largos; toma prestado el conocimiento cientí­fico; incorpora el habla popular a su escritura y recibe influencias del marxismo (en su etapa de juventud) y de la religión (en su etapa de madurez). Auden murió en Vienna en 1973.



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