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Augusto Rodrí­guez: poesí­a ecuatoriana



Sábanas

 

Después del amor sólo nos quedan

                    las lágrimas de D i o s

arrojadas a las manos

                                 como hojas en otoño.

 

Las sombras crecen y mueren como flores

o como náufragos ante la isla de sus ojos.

Las costillas del amor

son el árbol donde

                        se estremecen las serpientes.

 

Después del amor queda un cuerpo vací­o

y destruido envuelto en sábanas.

 

El delito fue consumado

no inventes otros miedos, ni otras angustias.

 

Es verdad que el amor reseca las manos

pero es el aire de los cuerpos.

 

 

 

 

La nieve

 

La nieve envuelve el cuerpo

      resignado de la derrota

y es el fulgor de la lluvia en los sedientos.

 

Tenemos ángeles dormidos en el cuerpo

             pero no lo sabemos.

 

Los ángeles:

pequeños fantasmas de nuestras vidas pasadas

 

Rompen la vigilia del sueño

y nos visitan para darnos pan y agua

pero nuestras pupilas no diferencian la niebla

              con el hueso.

 

Toca el sueño y verás a los ángeles

        reposar en tus sienes.

 

 

 

 

Luz intermedia

 

La luz es intermedia cuando cruzo

tus venas y aúllo

           en tus lunares

                                    de mi suerte.

 

Las cartas cambian de sitio y de manos

pero mis ojos van en tus ojos, en su revés

en su angustia.

                                Â¿Ves lo que yo veo?

 

Tantas vidas pasadas

        y los muertos que no se cansan

de respirar

          mi dióxido de carbono.

 

Mi paí­s está dividido.

Sus hombres

son las serpientes de las vocales.

 

 

 

 

Brújulas de luz

 

Las palabras

               se encierran como soles en las espaldas

de los hombres

una espada para cortar el hueso

un filo para la espuma.

 

Las palabras

           torbellino de imágenes que se vanaglorian

del cielo rojo de nuestra piel.

 

Las lenguas extranjeras son acordes

en la sed del hombre que es ventana

o muerte.

 

Las palabras

                  pequeñas brújulas de luz

en la caí­da de los desposeí­dos.

 

 

 

 

La intemperie del mundo

 

Las palabras

          movimientos desenfrenados

que cruzan

la intemperie del mundo

         y la poesí­a

rejuvenece hasta los árboles.

 

No es cosa de ofender al lenguaje

que tampoco perdona.

 

El crimen es el grito destemplado

               de las palabras.

 

La vocales yacen mudas en las amí­gdalas

       y en el cielo

de nuestras frustraciones.

 

 

 

 

Los féretros

 

Los féretros van por sendas y por calles

de dí­a y noche, mientras la nube oscurece la tierra.

 

Walt Whitman

 

Los féretros van por sendas y por calles

de dí­a y noche

mientras la nube oscurece la tierra

y la ciudad es una mancha humana

                                        en el corazón del puerto.

 

Los hombres vivos

cargan a sus hombres muertos.

Los hombres muertos

cargan a sus hombres vivos.

 

La sangre es un carnaval pasado

en las venas

                     de este puerto

    que se niega a morir,

a ser elegí­a, rama amarilla

fantasma esquivo.

 

Los féretros salen de sus velorios

y van sin descanso

al fin de la civilización:

 

Un rí­o de muertos esperan.

 

 

 

 

Los cuerpos no mueren

                                                            a Luis Armenta Malpica

 

Los cuerpos no mueren.

Solo su media parte serpiente.

 

                                             Luz que no es esfera ni paraí­so.

 

Los cuerpos son mitad bosque

y mitad agua que se esconden

                     en los pezones

blancos del dí­a.

 

Los párpados niegan

cuando un animal

sale

de su niebla azul.

 

Los cuerpos no mueren.

                                                      Solo su parte no oficial.

 

Su ojo,

su geometrí­a,

                               su pétalo de aire.

 

El miedo pasa de nervio

en nervio

y la garganta se alborota

           cuando llega la sangre y expulsa

su otra piel,

su ví­sceras dementes.

 

Los cuerpos no mueren.

                                                 Solo su media carne católica.

 

 

 

 

El escorpión

 

Es verdad

que la poesí­a habita en la llaga

y en el suicidio.

 

Los poetas salvaguardan su cáliz

pues conocen que las palabras blancas

son inofensivas en la sangre

pero siempre el poema

                                          es una piedra

que crece en el cerebro

        del escorpión.

 

Un pez

un rí­o

un ojo

           aletea

 

 

 

 

La oscuridad

                                                            En la soledad has escrito estas palabras

                                                            y estás ardiendo:

                                                            húndelas en la oscuridad

                                                            Francisco Brines

 

Húndelas en la oscuridad

para que no pueda leer

esas palabras

            al fondo del mar.

 

Húndelas en la oscuridad

que se vuelvan arena

y que no estorben

                el paso

del caminante.

 

Húndelas en la oscuridad

que es mucha la desilusión

                  y el color

es muy negro.

 

Húndelas en la oscuridad

que ya las palabras

              no me dejan respirar.

 

 

 

 

Dame frutas

 

La luz es música en la retina.

    En el oí­do. En la lengua.

 

El tiempo es devorado a dentelladas.

El oro no siempre es oro.

 

La luz es la fruta perfecta

que desayuno

                       en cada mañana.

 

Dios es un paradigma.

La luz es el Espí­ritu Santo.

Jesús la sí­laba.

                                                     Dame p a l a b r a s.


Noticia Biográfica


Augusto Rodrí­guez (Guayaquil, Ecuador, 1979). Periodista, editor y catedrático. Autor de 15 libros entre poesí­a, cuento, novela, entrevistas y ensayos en prestigiosas editoriales de Espaí±a, México, Cuba, Francia, Perú, Rumania y Ecuador. Colabora en publicaciones periódicas con artí­culos, reseí±as, entrevistas, comentarios literarios en el Ecuador y en el extranjero. Ha obtenido el Premio Nacional de Poesí­a David Ledesma Vázquez (2005), el Premio Nacional Universitario de Poesí­a Efraí­n Jara Idrovo (2005), Mención de Honor en el Concurso Nacional de Poesí­a César Dávila Andrade (2005), Premio Nacional de Cuento Joaquí­n Gallegos Lara (2011), Mención de Honor en el Premio Pichincha de Poesí­a (2012), Finalista del Premio Adonáis, Espaí±a (2013) y Finalista del Premio de Crónicas Nuevas Plumas, México (2014). Uno de los fundadores del grupo cultural Buseta de papel. Ha sido invitado a los más importantes encuentros literarios en: Madrid, Ciudad de México, Granada, La Habana, Santiago de Chile, Nueva York, Buenos Aires, Medellí­n, Parí­s, Caracas, Guadalajara, Berlí­n, Bogotá, Lima, Monterrey, etc. Parte de su obra poética está traducida a diez idiomas: inglés, árabe, portugués, catalán, rumano, italiano, alemán, turco, francés y medumba (Camerún). Editor de El Quirófano Ediciones. Director del Festival Internacional de Poesí­a de Guayaquil Ileana Espinel Cedeí±o.



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