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Diez poemas de Javier Bozalongo



Huracán

 

¿Cuál es la gota exacta

que colma el vaso,

la palabra que agota la paciencia?

 

Puedes decir que sí­ durante años

negándote a ti mismo

y al final decir no,

afirmativamente.

 

Vendrá el dolor entonces,

pues nada hiere tanto como la soledad

ni hay huracán tan fiero

como el que nace de los monosí­labos.

 

                                                            (Inédito)

 

 

 

 

Alrededores del estadio

 

Justo un minuto antes de sonar las sirenas

todos los caminantes entraron dando voces

al único refugio al aire libre

en el que aún podí­an sentirse protegidos.

 

Lo habí­an repetido en las noticias,

megáfonos violentos lo anunciaban

mientras todos corrí­an con su entrada en la mano

como si se tratara de un salvoconducto.

 

Los miedosos, los frágiles, los desfavorecidos

se quedaron en casa frente al televisor

viendo cómo aquel hombre, un hombre solo

recorrí­a Madrid envuelto en sombras,

 

ciego ante las señales, inmune a los semáforos

y al grito repentino que confundió a los pájaros,

pronunciado a la vez por miles de gargantas

casi unánimes: ¡Goooool!. Y todo fue silencio.

 

                                                            (Inédito)

 

 

 

 

Paso de cebra

 

Si te cruzas conmigo por la calle

y me ves como ausente,

regálame un abrazo.

 

Haz que los camareros se sorprendan

de tu efusividad,

que se paren los taxis

con los semáforos en verde,

que salgan a la puerta de las tiendas

los comerciantes

y confundan su rumbo

los motoristas,

que los carteros pierdan

sus direcciones

y la ciudad entera

celebre nuestro encuentro.

 

Porque al salir de casa

no pude imaginarme

que en mitad de la sombra

se abrirí­a la vida

como se abre una zanja

en las obras que no terminan nunca.

 

Si te cruzas conmigo

déjame que disfrute del hechizo

que durante un segundo

nos convirtió en noticia.

 

                                                            (Inédito)

 

 

 

 

Normalistas

                                                            A mis hermanos mexicanos

 

En todos los relojes resuenan una a una

cuarenta y tres campanas que hacen de la jornada

un desfile de interminables horas.

 

Ya nadie reza en las iglesias.

 

Hoy los crucificados

ocultan con las manos su mirada

en un gesto de rabia y de vergí¼enza.

 

Los creyentes no les ofrecen velas

a los que fueron santos predilectos

y las llamas se elevan en mitad de la noche

buscando iluminar una certeza,

tratando de agrietar

un silencio más cómplice

que la peor mentira.

 

Quien carece de sueños se queda sin futuro.

 

Quien niega a sus maestros un pedazo de tiza

niega a sus propios hijos

la posibilidad de una pizarra

donde escribir “mañana”.

 

                                                            (de Has vuelto a ver luciérnagas. Antologí­a. Cí­rculo de poesí­a, 2015)

 

 

 

 

íngel de otoño

                                                            Para íngel González

 

El otoño en los parques de Granada

y muchos de sus bares

son lugares propicios

para seguir leyéndote.

 

Un whisky compartido con amigos

deja en la boca un sabor menos áspero

que el aliento de los que siempre creen

estar en posesión de la verdad.

 

Vuelves de madrugada, con el convencimiento

de que aún es posible

explicarles a ciertas cucarachas

que este paí­s cambió a pesar de todo.

 

En la república soñada

has vuelto a pasear con Federico

a los pies de La Alhambra,

mientras Falla entonaba las canciones

de un paí­s de palabras.

 

                                                            (De La casa a oscuras, Visor, 2009)

 

 

 

 

Calendario

 

Fumo antes de comer

lo que ayer me duraba todo el dí­a,

fumando por la tarde

el humo anticipado de mañana.

 

Espero tu llamada anunciando visita,

busco en la biblioteca los libros que te gustan,

hago acopio de fruta y chocolate,

te veo siempre un poco más delgado,

subo el volumen del televisor,

no demuestro que sé que no me escuchas…

 

Hace ya más de un año.

Este es el calendario de tu ausencia,

la memoria de un fumador herido.

 

Mientras cuento los dí­as,

miento al decir que el llanto es producto del humo.

 

                                                            (De La casa a oscuras, Visor, 2009)

 

 

 

 

Autorretrato

 

Los hay que viven sin contar los dí­as

y se les vuelve el tiempo

felicidad sin prisa.

 

Los hay también pendientes del reloj

y se vuelven del tiempo

feroces enemigos.

 

Los conozco gratuitos, pusilánimes

que simplemente están.

Ni son. Ni lo parecen.

 

                                                            (De La casa a oscuras, Visor, 2009)

 

 

 

 

Luz, contraluz

 

El que apaga la luz

no siempre busca el sueño.

 

A veces, en lo oscuro,

sus ojos se acostumbran a mirar

lo que no ven de dí­a:

viene un niño corriendo

detrás de una pelota siempre esquiva,

hay un adolescente con un libro en las manos.

 

Detrás de los cristales de sus gafas,

amor que no encuentra reflejo.

 

A todos los protege la sombra de un poeta:

Alberti, Juan Ramón, Machado, Federico;

después íngel González, Vallejo, Jaime Gil…

todos le dicen cómo,

descubren el por qué

mientras alguien pregunta

cómo sabremos cuándo.

 

El joven, sorbo a sorbo,

bebe el café del tiempo y se hace hombre,

definitivamente padre,

dubitativo faro

a merced, como siempre, de las horas:

las menos, de descanso,

las demás persiguiendo

lo mismo que aquel niño

que no supo jugar a la pelota.

 

El que enciende la luz ya no es el mismo.

 

                                                            (De La casa a oscuras, Visor, 2009)

 

 

 

 

Un hombre nuevo

 

Olvida lo que sabes.

Vací­a tu memoria.

Deja la mente en blanco.

 

Sólo así­ podrás ser un hombre nuevo.

 

No sabiendo mentir

sentirás en tu nuca

el aliento de la perplejidad,

la palidez de aquellos

a quienes su contrario desconcierta,

y verás en sus ojos

reflejado el temor, como una llama

que despacio alimenta

la hoguera que provoca.

 

Incluso junto al mar arden recuerdos.

El agua siempre encuentra el camino de vuelta,

las señales efí­meras de una vida anterior.

 

No cargues con maletas

que no son equipaje sino lastre.

 

                                                            (De Viaje improbable, Renacimiento, 2008)

 

 

 

 

Tarragona (2014)

 

Las ciudades con mar]

se mueven por la lí­nea de horizonte

que va trazando el agua con la costa

mientras dibuja un mapa de recuerdos

que acabarán por devorarte:

ola tras ola perderás tu infancia.

 

La espuma de la edad adolescente

-todo fuerza, valor y rebeldí­a-

al tocar la orilla se desvanece

mezclándose con el futuro.

 

No eres el hijo pródigo, no vienes a quedarte

aunque tu corazón envejecido

descubra en cada viaje

la mitad que ha perdido

enterrada en la playa,

bajo el foso de un castillo de arena

que hoy no eres capaz de levantar.

 

Siempre hay alguien que viene a recordarte

-con su lengua afilada de reptil-

que no pasan en balde los años por tu cuerpo.

 

Pero aún así­ lo intentas:

tratas de adelgazar para que la serpiente

se envenene a sí­ misma a la primera vuelta,

y te dejas lucir en las cafeterí­as

como recién pescado del mar de otro verano.

 

Eres tú quien regresa,

quien decidió marcharse sin culpa ni dolor.

 

¿Y aún debes demostrar, cual Galileo

resucitado cada mes de julio

que la tierra se mueve, que el mundo no se hizo

para aquellos a quienes caminar

no los aleja nunca del punto de partida?

 

                                                            (De Hasta llegar aquí­, Cuadernos del vigí­a, Granada, 2005)


Noticia Biográfica


Javier Bozalongo (Tarragona, 1961). Ha publicado los poemarios Lí­quida nostalgia (2001), Hasta llegar aquí­ (2005), Viaje improbable (Renacimiento, 2008, XI Premio Surcos de Poesí­a) y La casa a oscuras (Visor, 2009, Accésit del Premio Jaime Gil de Biedma). En 2012, el Festival de poesí­a de Costa Rica publicó la antologí­a Nunca el silencio; y en 2015 se ha publicado en México la antologí­a Has vuelto a ver luciérnagas. Poemas suyos han sido traducidos al inglés, árabe, rumano, macedonio, portugués, italiano, chino y griego. Dirige la colección de poesí­a de Valparaí­so Ediciones (www.valparaisoediciones.es). Su página web es www.javierbozalongo.com.



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