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Javier Foguet: 5 poemas



Montaña en el mar

 

Para siempre tendré

contigo este coloquio.

¿Qué tiempo me sustraje

al hambre de paisaje?

Ya me gusta el olor

de la hierba, el color

futuro de tu pelo.

He entendido que quiero

sólo la poesí­a

donde no sé llegar.

La montaña en el mar.

Adoro todaví­a

tu voz cuando comienza

la canción. De qué modo

en ella me abandono!

También cuando termina

me ha perdido su tono,

su trazo en la neblina.

(Ahora llueve en el cerro.

Puede haber azucenas,

no lo sé, yerbabuena,

berro junto al arroyo;

entrecierro los ojos

en el bosque de hierbas.

Siento tus pies abrirse

camino en el rocí­o:

la lluvia toca todo

lo que quiero tocar…).

Es que no hay nada más

lejano que tu música

o el olor de estas rústicas

ramas…Esa es la trama

de nuestra silenciosa

coversación. La cosa

perdida vuelta a hallar.

La montaña en el mar.

 

 

 

 

Estrofa

 

Mucho tiempo ha pasado que escribí­a

sobre los árboles, la compañí­a

frecuente de mi mente, la poesí­a

de su ser exterior, su lejaní­a:

una brisa menuda al mediodí­a

sobre las copas…fuego verde…ardí­a…

 

 

 

 

Cartolina

 

Reciba, madre mí­a, esta relación,

mi diseño del pico y el cráneo

de los pelí­canos

que comen de las olas

metálicas al sol, gruesas como caldo:

acéptela y no pregunte por mis uñas…

Dí­as enteros estuvo la tribu

flotando contra las rocas

a la espera de una agitación del mar…

Hasta que la vena llegó hoy:

hilera tras hilera de material

que va a detonar en una playa.

Las olas se espigaban

en dirección al sol,

aunque esto es cierto

toda vez que bajamos tarde

el camino de las hamacas.

(De mañana tienen la turbidez

-la niebla de un pez-

de la base del mar.)

Yo sin embargo, donde las olas concluyen

pienso dejarme

flotar, bajar en el puerto

a comprar frutas

o a esperar la tormenta

que unas brisas anunciaron:

las brisas sin sonido

son las olas sin sonido

de la atmósfera.

Mire desde aquí­ el mar,

tanto más lejano, inmóvil y pací­fico.

Como si nada estuviera escrito.

 

 

 

 

A un viejo poeta

 

Un cable tendido sobre el bosque

para conversar con tu poesí­a.

Ruido de fondo:

el dolor de garganta de bóreas.

 

Tus palabras son brillantes

como el viso feldespato

en un campo de hielo

y son la oscuridad de dios.

 

Te he visto acercar -te admiro-

una linterna

a las yemas de los dedos

para afinar, en ese resplandor,

el nervio de tus textos…

 

 

 

 

Poema

 

Viajo y me abandono

a la poesí­a. Como se dice

cuando todo va quedando atrás.

Amo el espacio

(la canción

que tarareo

y dejaré perderse)

y no hay argumentos

mí­sticos de inmovilidad

-de culpabilidad-

que sean más poderosos

que el extrañamiento con el paisaje.

(Yo tengo un tamaño,

el planeta tiene el suyo…)


Noticia Biográfica


Javier Foguet publicó La tumba de los viajes (Ediciones del Copista, Córdoba, 2006) y El humor de la luz (Huesos de jibia, Bs. As., 2009). Colabora en la revista Hablar de poesí­a.



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